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domingo, octubre 26, 2008

Non Sequitur - 1

Me sorprendió que me llamara. Ella. Me sorprendió que me llamara ella en especial. Quería verla, a la pecosa. Mi estómago se revolcó de alegría, como si aún tuviese 16. Yo creí que nadie iba a hacer caso de la invitación, mucho menos la pecosa; después de todo soy su profesor. De todos ellos. Ellos, tan metidos en sus ondas esas, tan “indies”, tan pretenciosos, tan faroles. Sin futuro. ¿Qué puedo hacer yo? Yo lo logré porque tuve suerte. Porque tuve suerte y porque sabía lo que buscaba. Y hoy tengo suerte también, porque voy a salir con la pecas. Tan linda ella.

Voy a salir con mi profesor. Es tan original y alternativo y elocuente y… sus clases son un gozo interminable ¡Sabe tantas cosas! Y cosas interesantes. Como él mismo. Es tan interesante y tan genial en lo que hace. Al principio tenía mis sospechas, al principio creí que era un maestro más. Pero no, él no. Él es diferente. Él tiene algo que decir, algo que enseñar. Como ser humano. ¡No sólo como maestro! Estoy segura. Él es una de esas personas. De esas que la fortuna te pone enfrente para llenar el vacío que sentías, para mostrarte que hay horizontes tras el horizonte. Qué bueno que le llamé.

La pecas huele tan bien que me cuesta concentrarme. Es increíble que sea capaz de conversar de esta manera con alguien de su edad. Desde el primer momento supe que ella era distinta. Que era especial. Es tan inteligente y mordaz y astuta y articulada que… Dios. Y además le encantan los perros y es tan dulce con ellos y tan buena. Ella y yo salimos a pasear a Keats y sus ojos no dejaron de brillar durante todo el camino. Keats es especial, es un perro muy grande y sin embargo, muy hermoso. Cuando salgo a pasearlo la gente se acerca a preguntarme por él, su raza y todo eso. Y luego quieren tocarlo como si fuese pieza en museo interactivo. Pero es un perro, no un juguete. Por eso siempre lo saco a pasear en la noche… muy noche. Para evitarme todas esas escenitas que ni Keats ni yo disfrutamos. Pero hoy estoy con la pecas, así que decidí sacar al perro temprano, para ver si la impresionaba. Y parece que lo hice. No perdí tiempo y se lo dije. Le dije que me interesaba algo más que una amistad con ella. Fui un impulsivo, lo sé. Me dejé llevar. Pero así somos los artistas: pasionales, emotivos, en el momento.Ella me dijo que tiene novio, pero estoy seguro que entre ella y yo hay electricidad. Hay... algo que no podrá negar, por más indispuesta que se muestre. Ella y yo tenemos que estar juntos.

El profesor tiene al perro más hermoso que he visto en mi vida (después de los míos, claro está). Salimos a pasearlo juntos, es un divino pastor belga. La gente nos detenía para preguntarnos su raza y si era perro de concurso y todas esas cosas. Se llama Keats, por John Keats, el poeta. La verdad me parece muy original, ponerle nombre de poeta a su perro, es de cierta forma muy romántico. Estuvimos platicando todo el tiempo, me contó de su vida en Argentina y en Bélgica y en China. ¡Sabe tantas cosas! Y su conversación es tan amena. Hacía mucho que no sentía una conexión así con alguien. Ya no platico así ni con el Cochi y eso que somos novios. Por eso cuando me dijo que quería que yo me enamorara de él, sentí que el estómago se me encogía. Le dije que andaba con el Cochi y él no lo tomó a mal. Dijo que estaba bien ser sólo amigos. Pero yo no estoy tan segura. No sé si sólo quiero ser su amiga. Luego del perro fuimos al museo, a la exposición que me prometió. El muy lindo pagó el boleto él. Entonces me llamó el Cochi. Le dije que estaba con el profesor y no pareció hacerle gracia. Me dijo que tuviese cuidado con él, que sólo quería aprovecharse de mi. No voy a mentir, eso me hizo enojar. Ana me llamó también y dijo exactamente lo mismo.

Después del museo regresamos a mi departamento. El museo estuvo… entretenido. La verdad esperaba más. La pecas pareció divertirse, sin embargo. Supongo que no pudo evitarlo, es muy joven para conocer la diferencia entre lo bueno y malo. Yo voy a enseñarle. Me confesó que sus amigos le llamaron y cuando dijo que estaba conmigo ellos dijeron que yo quería aprovecharme de ella. Lo dijo riéndose, como esperando a que yo me riera con ella. La verdad, no le encuentro la gracia por ningún lado. Me siento furioso. Furioso porque ahora ella duda de mi, lo sé. Me puse a pintar un poco mientras ella exploraba mi estudio (que está en la parte de arriba de mi casa). Luego me pidió el teléfono. Llamó a alguien, quizá a su novio. Le pedí que no volviera a decir que estaba conmigo para que no me difamaran más. Llamó para ver si esa persona asistiría al bar al que invité a mis estudiantes ayer. Cuando colgó, me miró y dijo que nadie iba a ir. Luego se levantó en dirección al baño y yo me interpuse.

No me dejaba pasar, así que levanté la mirada y me los encontré. Me encontré a sus ojos retando a los míos. Nos miramos un segundo. Luego empezó a acercar su rostro lentamente hacia el mío y yo, por algún motivo, decidí no moverme. Cerró los ojos. Yo casi lo hice. Cuando sus labios apenas tocaban los míos lo empujé. “¡Hey!” le dije “Así no voy a salir contigo”.

“Pues entonces no me mires así” le contesté.

“¿Mirarte cómo? Así miro a todas las personas”

“Entonces no deben faltarte besos, pecas. Si miras a todos así” Le contesté. Ella rió sarcásticamente, me empujó y se metió al baño.

Me quedé un rato simplemente recargada contra la puerta, recuperando el aliento. Había lágrimas en mis ojos, pero no sé si eran de alegría o de tristeza. Mi corazón latía muy fuerte. Quiere que me enamore. Si lo hubiera dejado besarme, posiblemente ya lo habría hecho. No puedo dejar de darle vueltas en mi cabeza. ¿Qué puedo hacer? No puedo dejar de pensar en que quizá quería que me besara. ¿Vale la pena dejar ir a alguien así por el estúpido del Cochi que ni siquiera parece que me valora?

Se me fue ese beso. Pero me emocionó. Me emocionó mucho. La pecas me emociona y me alegra tanto haber vuelto sólo para conocer a alguien así. ¿Qué más da si es mi estudiante?

Fuimos después a una fiesta de algunos amigos del profesor, ya que ninguno de mis amigos pensaba salir conmigo. Era una fiesta como esas de las películas. Con gente rara y con cosas extrañas sucediendo en todos lados. La cerveza era gratis, pero el profesor no me dejó tomar. Él tampoco tomó. Sólo hablamos, durante horas y horas. Ni siquiera hubo esos silencios cortos que hay cuando cambiábamos de un tema al otro. Nos reímos tanto. Me presentó a muchas personas interesantes, puros genios de sus profesiones. Gente de currículos espectaculares y de apariencias extravagantes.

Platicamos hasta las 5 de la mañana. No quise que tomara para que no creyera que quiero aprovecharme de ella. Le dije de nuevo que me gustaba. Le dije que estaba interesado en algo más que amistad. Y ella me volvió a decir que no podía corresponderme.

Porque por más que me duela y por más estúpido y desconsiderado que sea, amo al Cochi, y no puedo hacerle esto. Pero no quiero dejar ir al profesor. Sólo he convivido con él unas horas pero siento que ya lo quiero... porque… porque me atrae tanto. Pero tanto. Jamás siento atracción por nadie, jamás siento estos deseos de estar al lado de alguien. Ni siquiera del Cochi. ¿Por qué quiero estar entonces al lado del profesor? ¿Por qué lo deseo entonces?

Yo sé que no puedo ser sólo yo. Yo sé que la pecas siente algo también. Esta conexión no sucede con todos. Ella y yo tenemos algo. La pecas y yo tenemos que estar juntos. Ella lo sabe. Y vamos a estarlo. Yo lo sé.

lunes, mayo 21, 2007

Odio (incompleto**)

ACTO ÚNICO


PERSONAJES:

LUDWIG
WOLFGANG



(En la escena se encuentran LUDWIG y WOLFGANG discutiendo, es un cuarto de estar común y corriente, puede ser adaptado a lo que se usa en su la época en la que se esté representando o bien puede ser ubicado en la Inglaterra Victoriana)


LUDWIG (sentado): Es suficiente, no quiero escuchar más sandeces.
WOLFGANG (de pie): No digo sandeces, ¿cómo te atreves?
LUDWIG: Dime ¿Qué derecho tenías de hablar con mi hermana? ¿Eh?
WOLFGANG: ¿Qué? ¿Ahora no puedo ni siquiera hablar con tu hermana?
LUDWIG: ¡Já! No me digas, ¿Llegaste a creer que podías?
WOLFGANG: ¿Qué te pasa? ¿Cuál es tu problema?
LUDWIG (poniéndose de pie): Eres tú, imbécil, tú eres mi problema.
WOLFGANG: ¿Yo? ¿Qué te hice yo?
LUDWIG: Nada, ese es el problema. Nunca haces nada.
WOLFGANG: ¿No piensas decirme qué te pasa?
LUDWIG (pausa): Te odio, eso es lo que pasa.
WOLFGANG: Cielos...
LUDWIG: ¿No piensas preguntar por qué?
WOLFGANG: ¿Qué ganaría si lo hago?
LUDWIG: Un hombre te odia, ¿ No quieres saber por qué?
WOLFGANG: No.
LUDWIG: ¡¿Por qué?! No es un odio como mi odio a la cebolla, o los Lunes... Te odio con todo mi ser, daría lo que me queda de vida por que nunca hubieses nacido. Eres ofensivo como ente viviente. No soporto ni siquiera tu imagen frente a mi. El sólo escuchar tu voz hace que me enfurezca. Te maldigo cuando no estás. Tu nombre hace que se me revuelva el estómago... Te odio como sólo puede odiarse de ser vivo a ser vivo, te odio como sólo puede odiarse de por vida. Te odio desde lo más profundo de mi entender. Mi odio es infinito, mi odio es omnipresente. Te odio. ¿Y aún así no quieres saber por qué?
WOLFGANG: No... no quiero, la verdad tú no me desagradas... no entiendo por qué te caigo mal, pero no me gustaría saberlo, me pondría de mal humor, o triste incluso... De hecho preferiría cambiar de tema en este momento. Ya me quedó claro, me odias.
LUDWIG (Se lleva la mano a la frente): No, no te ha quedado claro.
WOLFGANG (Camina en círculos por la habitación): ¿Tantos deseos tienes de decirme por qué me odias? (Camina y le da la espalda a LUDWIG )¿Es tan importante que lo sepa? (Ligera pausa, regresa la mirada a LUDWIG) ¿Por qué tienes que cuestionar todo? ¿No sería mejor que lo dejásemos así? ¿Necesitamos lastimarnos aún más?.
LUDWIG: Sólo alimentas la hoguera de mi desprecio... Cuestiono todo porque quiero entender... ¿Dejarlo así? ¿Dejar sin resolver una disputa? ¿Qué clase de principios tienes?
WOLFGANG: ¿Qué? ¿Por qué? Sólo nos sentiríamos más mal de lo que nos sentimos ahora, discutir sólo trae tristeza. Lamento mucho que me odies, pero siendo que tu desprecio es tanto, preferiría no saber el motivo. Realmente creo que me entristecería aún más. ¿Prefieres imponer tu opinión sobre la de los demás a ser feliz? Yo prefiero ser un tonto feliz a un sabio angustiado.
LUDWIG (sorprendido): ¿Qu-Qué? ¿Quién te enseñó esta tontería? ¿Ofelia?
WOLFGANG: Oh… ¿Así que se trata de Ofelia?
LUDWIG: No, no se trata de Ofelia, se trata de ti.
WOLFGANG: ¿Crees que me interesa Ofelia? ¿Crees que la quiero alejar de ti?
LUDWIG (más alterado): ¡Cállate! Ofelia no podría importarme menos ¡Ofelia es el pasado! Esto es el presente. Mi presente es este odio por ti.
WOLFGANG: No me quiero llevar a Ofelia de tu lado, Ludwig… créeme. Sólo soy su amigo.
LUDWIG: ¿Me estás escuchando siquiera? ¡No me importa qué hagas con esa perra!
WOLFGANG: Hey, espera… no pienso permitirte que te expreses de esa manera de ella.
LUDWIG: Tengo derecho de expresarme de quien quiera, como quiera.
WOLFGANG: No frente a mi. Por favor… pensé que eran amigos. Pensé que éramos amigos.
LUDWIG: ¡Tú nunca has sido amigo de nadie! Ese es gran parte del problema.
WOLFGANG: ¿Nunca he sido amigo de nadie? ¿Por qué paso más tiempo con tus amigos que tú entonces?
LUDWIG: Cierra el hocico…
WOLFGANG (con un misterioso y súbito aire pedante): Es eso ¿eh?, (risa). Me estoy robando a tus amigos ¿Crees eso?. La verdad es que están hartos de ti. Hartos de tu pedantería y aires de superioridad. De tu incansable análisis crítico-empírico. De que no dejes pasar ningún detalle, de que todo sea como tú mandas. Soy más simpático y no puedes hacer nada al respecto. No me estoy robando nada, más bien te están abandonando y me culpas por ello. Abre los ojos Ludwig, eres insoportable.
LUDWIG (en shock fúrico): ¡¿P-Pero c-cómo te at-treves?!


**Como es obvio, la obra se encuentra incompleta, sin embargo, no pienso terminarla. Se puede decir que el trabajo está completo, quedándose incompleto.

jueves, diciembre 07, 2006

Romeo Romance

Las luces fosforescentes se filtraban entre el humo de cigarro y la sensual neblina nocturna.


-Momento... ¿Qué edad tienes?-

-14-

-Entonces quítate; ¡El que sigue!-

-¡No no! ¿Por qué?-

-¿Por qué crees? Sólo mayores de edad, ahora quítate-

-Pero... *tengo identificación falsa* ...-

-Ya lárgate, hubieras pensado en eso antes-


Fue empujada fuera de la línea.

Orgullosa, le lanzó una mirada amenazante y siguió caminando. Tenían que dejarla entrar en algún lugar. Sexo, cuerpos, miradas, seducción. La emoción de un club nocturno. Tenían que dejarla entrar en algún lugar.


-Hey ¿Cuánto?-


Chaqueta de piel marrón, sin camisa debajo. Abdomen trabajado. Cabello largo. Anteojos. Bandana. Botas obreras. Pantalón entubado. Despedía un aroma bastante peculiar, una mezcla entre whiskey y crack.


-¿Qué?-

-Es broma. Te ves muy solita.-

-No es tu asunto.-

-¿Por qué tan ruda?, Hey ¿Qué tal si te hago compañía?-

-Ya déjame en paz.-


Molesta, apresuró el paso.


-¡Hey hey! ¿A dónde? ¿Me vas a ignorar así nada más?-

-¡Ya déjame!-

-¡Calmada! Eres muy bonita, yo sólo quiero conocerte.-

-No me importa, vete-


La toma de un brazo


-¡Suéltame! ¡Suéltame o grito!-

-Ya estás gritando, muñeca. Cálmate y déjame hablar-

-¡Auxilio!-

-¡Cht! Escúchame...-

-¡Auxilio!-

-Si me sigues...-

-¡Auxilio!-

-Puedo hacer que te dejen entrar a un club-

-...-

-Pero sólo si vienes conmigo-


Su aliento le molestaba. Pero iba a poder entrar. Difícil decisión.


-¿Qué dices muñeca?-


Caricias en el brazo. No era feo... pero sí desagradable. Y sin embargo podía ser su única oportunidad... ¿Todavía quería entrar?


-Ok... voy contigo-

-Eso es todo-


Música ensordecedora. Luces. Cuerpos. Contacto. Sudor. Alcohol y tabaco. La emoción comenzó a moverse en su pecho y estómago. Una sonrisa se le dibujó en el rostro. Miró a su acompañante. Él le guiñó un ojo y la tomó de la mano.


-Me dicen Rober, ¿cómo te llamas, muñeca?-

-Arely...-

-Precioso-


No prestaba atención, estaba muy ocupada mirando la pista y a la gente bailando.


-¿Bailamos?-


Dijo entusiasmada.


-Calma Arely, muñeca. Vamos a tomar algo antes para entrar en ambiente.-

-No, no, se van a dar cuenta... vamos a bailar mejor-

-Vienes conmigo... Tranquila. ¿Qué tomas? ¿Una cubita?-

-¿En serio? No, quiero tequila con Squirt-

-Ya estás primor.-


Los vasos se vaciaron. Los alientos se calentaron. La pista de baile se sacudió.


Las miradas abrazaban los cuerpos en movimiento. Las caricias. Los sintetizadores marcaban el latir de los corazones en éxtasis. Rostro con rostro. Vista al frente. Los labios se conocieron en un beso muy sutil. Jadeos de pasión.


-¿Qué edad tienes muñeca?-

-14-

-La edad perfecta-

-¿Y tú?...-

-Yo tengo 28... 14 años más que tú. Creo que es una señal-


La perversión.

Intercambiaron un apasionado beso. Mano en el seno. Los labios en el cuello.

Piel tersa. Mirada inocente. Labios tiernos. Gemidos delicados.

Ella lo besó de nuevo.

Se fueron a sentar. Ella no podía quitarle las manos de encima.


-Calmada muñeca, calmada-


Jadeos.


-Allá atrás está la zona VIP, acompáñame chiquita-


Entraron a un salón con aroma a marihuana y sexo.


-No tienes vergüenza Rober...-

-Cállate, jamás te he dicho nada sobre tu relación con tu hermana ¿o sí?-

-...-


Dentro del salón había cubículos de 6 por 6, cortinas azul aterciopelado, una cama y una pipa de agua.

La música era, aunque algo opaca, perfectamente audible.

Bailaron un poco y se calentaron los ánimos de nuevo.


-Eres preciosa muñeca-


La ropa cayó al suelo. Ambos cuerpos se conocieron. Sudor. Deseo.

Arely se empezó a poner nerviosa.


-Oye... espera...-

-¿Cuál es el problema muñeca? ¿no te gusto?-

-No es eso... es...-

-Tú tranquila, no va a pasar nada que no quieras-


La mentira.

Las manos se aventuraron. Sus lenguas juguetearon. Labios. Mejilla. Cuello. Senos. Vientre. Sexo. Gestos. Labios de nuevo. El roce de la piel. Ella se negó. Pero fue muy tarde.

Los gemidos de niña. Embestidas lujuriosas. Sus lenguas se trenzaron. El ritmo se aceleró. Saliva. Sangre. Sudor. Semen.


El mundo gira. Y gira. Y gira.


El sol. Las lágrimas. El dolor.

En un lote baldío, desnuda y pegajosa. Su ropa en una bolsa junto a ella. Con resaca. Sangre en su entrepierna.

Sin saber qué pasó se cubrió el cuerpo y respiró profundo. No dejaba de llorar.

Se arrepintió. El eco la atormentaba.


“Muñeca” “Muñeca” “Muñeca”


Mamá la llamó a desayunar. Pero ella no la escuchó.

sábado, junio 24, 2006

Con el mar

¿Qué fue ese ruido?
Se detuvo. Todas las noches hacía el mismo recorrido. Con el poco dinero que le había sobrado después de comprar la comida, se compraba la botella más barata de aguardiente que había en la vinatería del viejo McArthur. Solía caminar por todo el entablado, bebiendo. Ahogando penas de un pasado que casi ya no recordaba, para llegar completamente ebrio a su choza ubicada en una orilla del muelle. Llevaba haciendo esto durante 18 años, y era la primera vez que escuchaba sonidos más allá de los cotidianos a esas horas de la noche.
Podía ser que el alcohol estaba surtiendo efecto... pero aún era temprano y su borrachera muy raras veces venia acompañada de alucinaciones.
La noche estaba muy clara, la luna resplandecía en el estrellado cielo, reflejándose en el calmo piélago negro azuloso. El ambiente estaba inundado de humedad salada y el aroma de madera vieja. El faro que iluminaba la calle estaba fundido, pero no hacía ninguna falta. El sonido del oleaje, los grillos y el rechinar de la madera de los botes se mezclaban con el zumbante silencio, saturando los oídos con su música.
Ahí esta otra vez.
Había a unos 10 o 15 metros de el, una figura mirando hacia el mar. La luz y el alcohol no le dejaban distinguir si era hombre o mujer. Se acercó lentamente, pero fingiendo indiferencia.
-Buenas Noches...-
La misteriosa figura no pareció escucharlo, pero a riesgo de hacer el ridículo diciéndolo de nuevo si es que el extraño lo escuchó la primera vez pero decidió ignorarle, siguió caminando.

“... Él entonces, la caja de tabaco enseñó,
Y gritó, y tomo a la entregada muchacha,
Si me amas tú.... como te amo yo,
No hay par tan feliz como nosotros dos.”

Una delicada y andrógina voz cantaba “el Amuleto”, un viejo cántico inglés.
Sintió como si le golpearan el pecho. Se detuvo de nuevo.

-Linda canción... me trae memorias, ¿Es usted de por aquí?-
Hubo un largo silencio.
-No, es la primera vez que vengo- Respondió el individuo.
Aun no podía afirmar si era hombre o mujer.
Una extraña tensión crecía lentamente entre ambos.
-¿Cuál es su nombre?- pregunto la figura.
-¿Cuál es el suyo?- Respondió
-Tengo muchos-
-Yo también-
-¡Casualidad!-
Silencio.
-Oiga... La canción que estaba cantando hace unos minutos, ¿la conoce?-
-Si... Es una canción que me hace recordar...-
-¿Viejos tiempos?-
-Mi esposa...-
-¿Y qué?-
-¿Perdón?-
-¿No quiere usted recordarla?-
Silencio.


-¿Qué hace aquí solo en el muelle?-
-Miro el mar... ¿Y usted?-
-Doy un paseo...-
-¿Qué es eso que está bebiendo?-
-No es nada...-
-¿Dónde esta su... Esposa? ¿Era esposa?-
-Si... ella murió hace casi 20 años, de neumonía...-
-¿Lo lamento?-
-¿Es eso una pregunta?-
-No lo sé, decídalo usted.-
-...-
-Nostalgia... ver el mar me hace sentir cierta nostalgia...-
-¿Cómo dice?-
-¿No lo siente? ¿No siente como el mar, con su triste mirada, nos invita a desahogar nuestras penas? El mar entiende que somos débiles. Comprende que nuestra tristeza es efímera. Y sabe muy bien que nuestra felicidad lo es aún más. Ya que el mar es sabio... Es probable que sea el único que sepa como dar consuelo a un alma en sufrimiento con su suave canto, delicioso aroma y cálido aliento.. Hay algo en su sencillez que... ¿Alguna vez se ha puesto a mirar el mar?-
-Hace mucho que no lo hago-
-¿Por qué?-
-No tengo tiempo-
-¿Es usted marinero?
-Lo fui hace mucho, hoy en día trabajo en una pescadería...-
-... Oh... ya veo...-
-¿Dónde trabaja usted?-
-En la fábrica que esta justo detrás de usted-
-... Ahí no hay nada, no veo ninguna fábrica-
-¿Ah no? Para mi es tan clara como la Luna-
-¿De que está usted hablando? ¡Ahí no hay ninguna fábrica!-
-Pero... Y si la hubiera... ¿Entonces me creería?-
-¡Pues claro!-
-¿Qué tal si le estuviese mintiendo?-
-¿Por qué lo haría? ¿Qué ganaría usted?-
-¿Qué gané con decirle que trabajaba en una fábrica inexistente?-
-Nada... Pero...-
-¿Por qué habría diferencia en el objetivo de mi mentira de existir tal lugar?-
-Pues...-
-Le mentí porque quise hacerlo-

Creyó dejar de ver a la figura por un segundo... pero después de parpadear varias veces para afinar su visión... descubrió que ahí seguía.

-Extraña a Susan ¿eh?-

Se le empalideció el rostro.

-¿Cómo sabe que su nombre era Susan?-
-Usted me lo dijo-
-No, no es cierto-
-Yo eso recuerdo...-
-¿Quién demonios eres?-
-...-
Una clara y serena mirada le petrificó.

-Tú... ¡Tú me arrebataste a Susan!...-
-Yo no le contagié de neumonía-
-Yo confiaba en ti...-
-Y yo en ti-
-¿Por qué no me dejaste regresar?-
-¿Yo?-
-No me dejaste estar con ella en su enfermedad... no pude estar con ella en su agonía...-
-¿De verdad?-
-¡Yo quería regresar!-
-Eso lo sé...-
-¡Yo quería estar con Susan!-
-¿La amabas?-
-Sabes que lo hacía... te lo dije muchas veces...-
-Ella te amaba mucho... me lo dijo-
-¿De verdad?-
-Sí...-
-¿Qué más te dijo?-
-Ella estaba feliz de que fueses marinero...-
-...-
-Y me pedía que te cuidara...-
-...-
-La noche en que partiste... me confesó sobre su enfermedad... me pidió que te mantuviese lejos mientras moría, pues no quería que la vieras sufrir... y me pidió que te dijera... que su vida comenzó cuando te conoció, y que no hubo día en el que no agradeciera al cielo que fueses parte de su vida... me pidió que te diera las gracias... –

Se mantuvo quieto en la misma posición, mirando al horizonte.

-Oye viejo amigo... te gustaría dar un paseo, como en los viejos tiempos- dijo él.
-Me encantaría- contestó la figura.


¿Qué fue ese ruido?
Se detuvo. Su bote le había pegado a algo. Pensó por un segundo que quizá era una piedra. Pero todas las mañanas hacía el mismo recorrido para salir del muelle lleno de pequeños botes pesqueros como el suyo y jamás había topado con ninguna piedra en 30 años. Se asomó para mirar qué era lo que había golpeado. El bote era pequeño, con una sola vela y una cabina para el piloto. Sólo cabían 3 personas como tripulación y ambos eran sus hijos, un par de bronceados y fuertes jóvenes.
Entre todos sacaron el cuerpo. Era el cadáver del marinero anciano y viudo del pueblo, ese que caminaba en las noches bebiendo y gritando por todo el entablado, aquel que vivía en esa vieja choza al final del muelle...

jueves, abril 06, 2006

“¡Ejecución!”

El chirriar de los grillos y un lejano ulular de un solitario búho era todo lo que se escuchaba aquella noche de otoño. Veloz como lobo, el joven Kanon se deslizaba entre las sombras hasta llegar a la ventana trasera de la casa del Alcalde... Lentamente abrió la ventana y entró con sigilo. De su bota, sacó una delgada daga y cruzo la sala de estar hacia el lujoso vestíbulo, donde se encontraban las escaleras que lo dirigirían a su objetivo. Llegó al segundo piso, cuidadosamente abrió una de las puertas y lo encontró, el alcalde, acostado en su cama, profundamente dormido y emitiendo un sonido que bien podía ser el chillar de un gato enfermo... Hábilmente con una mano le tapó la boca, y con la otra asestó una puñalada mortal en la garganta de su victima, sin dejar escapar más que unas pocas gotas de sangre, todo sucedió en unos pocos segundos... Kanon torció la daga, para asegurarse que su victima estaba muerta y salió de la habitación, sin embargo no había llegado a las escaleras, cuando una de las criadas lo golpeó en la cabeza con un sartén.

El bullicio de la gente era ensordecedor, la plaza central estaba repleta de hombres que habían faltado a sus trabajos y escandalizadas mujeres con sus hijos. En el centro en un gran podio de madera, estaba Kanon amarrado y en una silla, con una expresión de calma, a su lado se encontraban 2 guardias, los cuales mantenían la hoja de sus lanzas cerca del joven criminal. Ya que el Alcalde estaba muerto, se había mandado traer un juez de la capital, para que decretara la sentencia del muchacho. Después de unos minutos, un silencio tétrico envolvió el área mientras la gente le abría el paso a un elegante caballo blanco y su jinete, el cual llevaba un sable en su cinturón y un finísimo traje de militar blanco con azul. Al llegar al podio, el hombre se bajó de su caballo, se acercó a Kanon y lo observó un poco mientras en su rostro aparecía una sonrisa. Kanon sonrió también y el hombre se dió la vuelta. “¡Ciudadanos! Soy el capitán Roh, he sido enviado desde la capital para asistir este juicio, sin embargo...” dijo Roh haciendo una ligera pausa “No seré yo quien juzgue al este muchacho, serán ustedes, yo sólo dictare la sentencia oficial. Por favor elijan a 16 representantes que tomarán la decisión final”. “¿Qué?” “¿De qué habla?” “¿Nosotros?” “¿Está Usted loco?” se alcanzó a escuchar de entre la bulla ocasionada por la confusión que causó tan extraña orden. “Pero es obvio que es culpable” dijo la criada que se encontraba en primera fila “Yo lo vi cuando salía del cuarto del Señor, justo después de haberlo matado”. “Oh, ¿Es eso cierto?” dijo Roh con tono sarcástico, “Si señor, yo fui quien detuvo al ese malhechor” Respondió la mujer seriamente y algo enfadada. Roh sacó su sable y apuntó al rostro de la criada con violencia, “Entonces, está usted bajo arresto” “Pero ¿Por qué?” dijo asustada la mujer, “Pues porque usted no es policía, y sólo los policías tienen el poder de arrestar y golpear si es necesario a un criminal” Dijo satisfecho Roh, “¡Pe...! ¡Pero si había matado al Señor! ¿Esperaba que me quedara viendo como se salía con la suya?” Dijo la criada gritando desesperadamente. “Tiene razón, la perdono” Dijo Roh guardando su sable “Pero ya que escuché sus motivos, y estos la salvaron de su condena... ¿No sería justo que escuchásemos los motivos de este joven también?”. La gente comenzó a discutir nuevamente. El capitán tenia razón. Poco después, 16 personas, incluyendo a la criada, subieron al podio.
Roh se acercó a Kanon, esperó que la multitud guardara silencio, y preguntó “Dime hijo, ¿Por qué mataste al Alcalde de esta ciudad? ¿Tenías algún motivo?”. Kanon lo vio fijamente y luego sonrió “Lo hice porque era mi trabajo” Dijo finalmente el joven. “¡Es culpable!” gritó la mitad de los representantes, “Es un asesino a sueldo, y merece la muerte”. Roh los miró con desinterés “No he dicho que pueden dictar sentencia aún, esperen un poco y reflexionen la información”. Roh miró a Kanon de nuevo, “¿Entonces admites el haberlo matado?” “Absolutamente” respondió Kanon casi de inmediato. “Sabes que arruinaste la convivencia y seguridad de este pueblo con tus acciones, ¿No es verdad?” Preguntó Roh, “Sinceramente no me importa señor, no pertenezco a este pueblo, no siento lazos de solidaridad ni fraternidad con su gente, y estoy seguro que ellos tampoco los sienten” Respondió Kanon con tono acusador. “¿Por qué lo dices?” dijo intrigado Roh. “La verdad señor, es que yo llevo unas pocas semanas aquí, pero a nadie parece interesarle el progreso de este pueblo como comunidad. El Alcalde, en lugar de reparar caminos, incrementar la seguridad o arreglar el muelle, rentaba este lugar como puerto para los Piratas, los cuales una vez a la semana robaban las casas, una que otra mujer de la aldea y zarpaban a alta mar, para volver a la semana siguiente. La gente una vez al día tira la basura por la ventana hacia la calle; hay días que el recogedor de basura no pasa, y hay tanta basura en la calle que ni los caballos pueden cruzar por ahí. Y por último los hermanos Hauss, desataron una pelea con la familia Kinn, y 2 veces al mes salen a las calles disparando sus pistolas y ondeando sus sables para marcar su territorio, hiriendo a gente inocente en el proceso...” Respondió Kanon seriamente “Si quieren culpara a alguien de la inseguridad y la mala convivencia del pueblo, que se culpe a sus habitantes, es su actitud, no la mía la que los arruina”.
Roh, volteó a ver a los representantes con intriga, pero estos estaban atónitos. Miró al pueblo, pero nadie se atrevía a pronunciar ni una palabra. Roh regresó con Kanon y continuó con el interrogatorio, “Y ¿Quién te ordenó matar al Alcalde, muchacho?” “Él mismo, señor, él me pagó para que lo matara” respondió tranquilamente. “¿Cómo te atreves?” gritó la criada junto con algunos otros representantes “¡Que te ejecuten por mentiroso! Es imposible que alguien pague por ser asesinado”. “Parecería imposible que en un pueblo como este, aún vivan tantos idiotas” respondió enojado Roh “Pero sucede”. “¿Señor?” dijo Kanon con cortesía, “Si se me permite, puedo probar que lo que digo no son mentiras” “Adelante” respondió Roh. “En mi bolsillo izquierdo, hay un papel, por favor sáquelo y léalo”. Roh lo sacó y le hecho un vistazo. “Hace unos 5 años, en Koshack, mi aldea natal, un hombre me contrató para que lo matara” comenzó a contar Kanon “Me dijo que su vida había dejado de serle útil a la demás gente, ya que se había encaminado hacia un mundo de excesos y corrupción, sin embargo, me pidió que fuera después de 5 años, ya que intentaría dejar todo en orden antes de su partida. Al parecer él no cumplió su palabra.”

“A través de este papel hago saber que yo, el Alcalde Osar, de la aldea Atress, he contratado a Kanon Sif, para que me mate dentro de 5 años a partir de hoy, día 45 del año de la Serpiente”

“Si se me va a ejecutar, que sea por ser un hombre de mi palabra, y por ayudar a este pueblo con su decadencia aunque sea un poco” Dijo finalmente Kanon. Roh sonrió y miró al jurado “¿Y bien? ¿Cuál es la sentencia?” El jurado permaneció en silencio, Roh pasó el papel entre los representantes para que verificaran que era oficial. Roh los observó con impaciencia, y se volteó hacia el pueblo “Espero que esto sea una lección para todos. Esos 16 representantes, serán desde ahora los ‘Alcaldes’ en esta aldea. Una vez al mes vendré a ver su progreso. De seguir las cosas igual, el ejercito Imperial vendrá y quemara al aldea completa”. Roh miró a los representantes de nuevo y dijo impaciente “¿Ya tomaron su decisión?” Ellos miraron al capitán y luego a Kanon, “Desátenlo” finalmente ordenaron “Dejen libre al muchacho, hoy no habrá ejecución...”
(Escrito en el 2003 para una escuela con el objeto de promover valores cívicos)
(La ortografía y la redacción del texto original permanecen intactos)

domingo, marzo 26, 2006

Rock'n Roll de los Idiotas

Ahí estaba yo, dejando el alma en el papel, consciente de que era tarde y aún así, desafiando al tiempo.
Dibujaba tan rápido como mi mano y mi estética me lo permitían. Y aunque el estrés hacía a mis yemas sudar una sustancia que manchaba mi trabajo con singular destreza y alevosía, intentando no perder el control, yo me repetía a mi mismo una y otra vez que podía limpiar la infame suciedad una vez escaneado el dibujo.
Miraba con ansiedad el reloj, con la esperanza de terminar antes que dieran las 8:00...
Pero entonces fue cuando ocurrió. Aquellas sucias y grotescas criaturitas, esos engendros estúpidos y deformes llegaron a recogernos en una espeluznante muestra de buena educación, cultura, respeto y prudencia, portando ostentosamente una actitud que decía a los cuatro vientos "Llegamos a tiempo ¿y qué?"... Pero no habían llegado a tiempo... legaron 17 minutos antes de la hora indicada.
Sintiendo que mi páncreas iba a explotar y derramando ira por cada uno de los poros de mi cuerpo, hice furiosamente mi maleta (la cual no he revisado, estoy seguro que algo se me olvidó) y salí.
Entonces los vi, la familia de gnomos aldeanos con trisomía en el par de cromosomas número veintiuno. Sonreí para no tener que saludarlos, pues sabía que algún insulto con respecto a su progenitora sería capaz de escapárseme. Papá gnomo, como persona educada que es, no se bajó del carro ni siquiera para saludar y sólo daba instrucciones a través de su ventana a medio bajar. La útil y simpática de su esposa, en cambio, se mantenía ocupada siendo un estorbo total para el acomodo de nuestro equipaje ( el de mi hermana y el mío) y el de su afeminado gnomito remedo de hijo.
Me despedí de mi madre y me subí al vehículo, en el cual, todos mis sentidos fueron sometidos al más sublime de los deleites. Desde mi gusto hasta mi tacto. Toda forma de percepción que posee mi cuerpo fue alcanzada por la exquisita selección musical de la familia. Los más prodigiosos y talentosos interpretes de la escena musical enunciaban de manera idónea letras que ni el más astuto y ocurrente de los poetas sería capaz de escribir. Pinches aldeanos pendejos. No se si me molestó más eso o el hecho de que viajamos en carretera con las ventanas abiertas, escuchando directamente en los tímpanos el angelical vals que producen los escapes de las pipas y los trailers.
Justo en la entrada de la metrópoli a la que nos dirijamos, había una muchedumbre (de entre la cual llamó mi atención una mujercita bastante visible) rodeando un accidente. Mamá gnomo se asustó por la escena y mientras salíamos del peligro de la carretera y nos adentrábamos en los silenciosos y pacíficos suburbios de la ciudad, ella se puso el cinturón de seguridad, que había estado desabrochado todo el viaje. ¡Vaya! Más vale tarde que nunca.
Pero mi noche no habría sido nada si no hubiera tenido que escribir todo esto 2 veces, pues la computadora se apagó mientras lo redactaba la primera vez. Moraleja: La vida es una perra.
Dios... nada como una insultante, grosera y subjetiva narración para limpiar las penas del alma.