lunes, abril 24, 2006

Tacos y Mariachi

La cita era a las nueve de la noche. El lugar donde tendría lugar la batalla era “Tacos Don’Algón”. Los combatientes: El asombroso y experto diente de Don Javier, contra un vasto repertorio de guisados y cortes que aquel establecimiento había añadido a su menú después de 20 años en el negocio. El viejo carro de don Pancho, alias “Don’Algón”, aún se encontraba afuera del recinto, en símbolo de que aquel negocio, al contrario que la mayoría de los que hay en la actualidad en este país, seguía siéndole fiel al viejo arte de la “Taquería”. Lo hacían por la comida, no por el dinero. Algo de lo que se enorgullecía el viejo don Pancho, era que él aún cortaba el pastor directamente del trompo, y no lo bajaba a la plancha. Mucho sabor se perdía en el proceso, además de que es una tradición, una ciencia y todo un espectáculo servir tacos al pastor como el Santísimo lo manda, y no como los taqueros “puñales” lo hacen hoy en día.
Don Jaime, quién para abrir el apetito pidió dos de bistec y uno al pastor (con cebolla y cilantro como debe ser, pues en una taquería que se respete como tal, no se da la opción de “con o sin”), iba bien vestido, con el bigote recortado y listo para darlo todo en la fiesta a la que asistirían él y sus 12 compañeros, pues don Jaime, era el “tololoche” en lo que podría llamarse, el mejor Mariachi de la ciudad. Desde “Atotonilco” hasta “el Huapango” de Moncayo, pasando por “La boda de Luis Alonso” de Jerónimo Jiménez y “Granada” de Agustín Lara. Se las sabían, de todas, todas.
Como empuñando el arco del violín, don Javier se empacaba a ritmo constante y con jubiloso ánimo, tacos de lengua, buche, oreja y seso, mientras ordenaba una quesadilla de costilla y un volcán de maciza. No se dejaron esperar los dos de “machitos” y el obligado “round” con los de ojo, ¿y cómo no? Los de chorizo, trompa y ubre. De “aditivos”, dos “Mirindas” y una “Coca”. Un flan y un Alka-Seltzer para coronar... Y Don Javier venció una vez más a sus gastronómicos enemigos... Pero fue sin embargo don Pancho quien en realidad ganó, pues después de tanta tragadera, al experimentado músico le salió en un ojo de la cara pagar la cena... pero no importaba... pues esa noche tocarían, y con la panza y los ánimos llenos, los tacos se pagarían prácticamente solos.

lunes, abril 17, 2006

Vie

Nació y creció, después envejeció y murió.

viernes, abril 07, 2006

De noche

Un silencio espectral envolvía la habitación. La temerosa muchachita de apenas unos 11 años de edad, temblaba de pavor bajo sus cobijas y apretaba sus párpados mientras decía, por enésima vez, una oración (para invocar a su angelito de la guarda, probablemente) que de tanto repetir había perdido el sentido que tuvo las primeras dos o tres veces. Era una noche silenciosa. Afuera no soplaba viento alguno y los grillos por algún motivo habían decidido no chirriar. Calma absoluta... fantasmagórica. A la niña se le dificultaba respirar, pues se esforzaba enormemente por no hacer ruido en cada jadeo que su acelerado ritmo cardiaco le obligaba a dar. Había momentos en los que sentía que se desmayaba. Tomando lentamente una linterna ubicada bajo su rechoncha almohada de plumas, la jovencita abrió un viejo cuaderno que decía “Jenny” en la portada. Buscó una página en blanco, y usando el bolígrafo que se encontraba en la espiral de la libreta, comenzó a escribir. Las letras le fluían esa noche. Después de unos minutos de estar volcando sus sentimientos en el papel, satisfecha suspiró calladamente. Guardó su cuaderno de nuevo y ahora sintiéndose más segura, se aventuró a salir de su escondite.

Primero salieron sus castaños cabellos seguidos de sus brillantes y expectantes ojos, abiertos a su máximo para percibir hasta el más mínimo movimiento. Hacía frío. Después de asegurarse que no había ningún peligro, asomó el resto de su cabeza. Miró con cuidado desde las mesitas que se encontraban junto a la cabecera hasta aquella sombra con forma de silla que se encontraba en la esquina más lejana. No parpadeaba. Por la enorme ventana paralela a su cama entraba una pálida luz de luna que aterrizaba sobre la ropa sucia de Jenny, la cual seguía en el suelo pues no la había recogido antes de irse a dormir. El resto eran siluetas oscuras, figuras en tinieblas. Su respiración estuvo calma durante unos momentos pero se comenzó a acelerar de nuevo. Estiró su brazo sigilosamente y sin perder de vista el resto de la habitación. Tomó su vaso y se lo acercó a los labios. Lo detuvo algunos minutos ahí. Temía ladearlo un poco pues bloquearía su vigilante mirada. Reuniendo todo su valor, lo inclinó rápidamente y descubrió que estaba casi vacío. No tenía mucha sed, pero al saber que no había agua, esta se incrementó violentamente. Ahora se ahogaba pues su garganta raspaba por falta de humedad. Tenía que salir a rellenar su vaso.

Jenny odiaba la nueva ciudad y sobre todo, su nueva casa. Grande y vieja, todo el tiempo con ese extraño aroma a madera. Polvorosa. Cortinas viejas y feas cubrían las enormes ventanas, convirtiendo la blanca luz del sol en un horroroso resplandor azulado. El jardín estaba seco completamente, donde alguna vez hubo árboles ahora sólo había ramas muertas y telarañas. En el terregoso suelo crecían algunas hierbas rastreras que le daban un aspecto aún más desagradable a aquella estéril superficie llena de madrigueras de topo y de serpiente. La casa era espantosa durante el día. Y sobre todo. Tenebrosa durante las noches. Los largos pasillos que conectaban una habitación con la otra tenían suelo de madera, la cual rechinaba estruendosamente con cada paso dado sobre ella. Durante el día era muy molesto, al anochecer era sumamente macabro. Hacía una semana que se habían mudado, así que la decoración era algo escasa y aún había muchas cajas por desempacar. Jenny se impacientaba día con día. Faltaban dos semanas para el inicio de clases. Dos largas semanas. Ella deseaba irse a dormir y que cuando despertara, las vacaciones hubiesen terminado. Deseaba hacer amigos, deseaba dejar de tener que rogarle a su hermana de 16 que jugara con ella. Hacía algunos años por motivos ignotos para la jovencita, su hermana le había dejado de hacer caso. Y lo que es más, parecía odiarle. Y este hecho entristecía mucho a Jenny. La entristecía y la aburría. Aún faltaban 2 largas semanas. Los niños de su nueva colonia aún estaban de vacaciones, así que prácticamente, Jenny estaba sola. Por eso deseaba dormir, para despertar dos semanas en el futuro, cuando por fin podría poner fin a su monótona y nostálgica soledad. Sólo quería dormir... El único problema para su plan era... que el miedo no la dejaba hacerlo.

Sus ojos se habían acostumbrado más o menos a la oscuridad. Respiraba muy lenta y profundamente, para no ahogarse y a su vez, para no hacer ruido alguno. Fue lentamente saliendo de entre sus cobijas hasta dejar al descubierto la mitad de su bonito camisón amarillo. Con mucho cuidado se movió hacia la orilla. Apoyó cautelosamente las manos, y sin dejar de mirar a su alrededor, se empujó fuera de la enorme cama. Se quedó inmóvil por algunos minutos. Se aseguró que no hubiera nada fuera de lo común... y se agachó rápidamente por una chancla. La tomó con ambas manos y la puso cerca de ella. Esa sería su arma durante la travesía. Dio los primeros cautelosos pasos, pero recordó que había olvidado el vaso. Así que sin dar la vuelta para no perderse de nada, caminó en reversa hasta llegar a él. Una vez en sus manos, comenzó a caminar de nuevo hasta llegar a la puerta, tras la cual se detuvo unos instantes. Esperó a que las mariposas de su estomago cesaran de bailar, y tomó la perilla. Temblorosa, la giró y entreabrió la puerta. Por la ranura intentó divisar alguna silueta sospechosa, pero el pasillo estaba cubierto por una cortina de oscuridad imperturbable la cual impedía que Jenny fuese capaz de distinguir objeto alguno. Rindiéndose después de algunos minutos ante la negrura de la noche, abrió lentamente y por completo la puerta y se dispuso a salir. La primer pisada fuera de su habitación produjo un escalofriante rechinar, el cual pateó a Jenny directamente en el estómago. Su corazón comenzó a latir como bólido. A un paso de la hiperventilación, la niña dio el segundo paso. El rechinar fue parecido, pero no la tomó por sorpresa. Con los brazos muy cerca de su cuerpo y apretando fuertemente la chancla, se aventuró a través del pasillo. Sus plegarias para invocar a aquel divino espíritu protector comenzaron de nuevo. ¿Habría de verdad alguien escuchando sus suplicas?. No podía decirlo con certeza, pero le daba una seguridad impresionante. Quizá alguien de verdad la protegía. O quizá sencillamente se olvidaba de aquello que la aterraba y se concentraba solamente en rogar por protección celestial. Fuese cual fuese el motivo, funcionó, pues salió del pasillo a salvo.

El barandal de las escaleras daba al amplio vestíbulo. Jenny se hincó y pegada a la pared comenzó el descenso. Intentaba no pensar en nada extraño, pero una vez abajo, todo el espacio abierto junto a la escalera silenciosamente retumbó dentro de su cabeza. El pánico le ganó y sinitendo un chorro de adrenalina ser inyectado directamente en su corazón, corrió despavorida hasta la puerta de la cocina. Con lágrimas en los ojos abrió desesperadamente la puerta y entró. Sin pensarlo dos veces, encendió la luz. Sus ojos se cerraron de inmediato y se tapó el rostro con ambas manos... se agachó y se quedó ahí algunos minutos. Dolía. Cuando por fin se destapó la cara, con el ceño fruncido y los ojos casi cerrados, caminó hasta el refrigerador. Sacó el agua, se sirvió y bebió. Antes de servirse de nuevo, miró por algunos momentos su vaso. Pensamientos diversos le invadieron en ese momento. Suspiró varias veces durante su larga reflexión, y cuando al fin hubo terminado de meditar, se sirvió de nuevo y emprendió la travesía de vuelta.

Al llegar a su cama, Jenny se quedó dormida casi al instante, sólo para despertar al siguiente día. Y por más lamentable que fuese este hecho, ya no le volvió a importar.

jueves, abril 06, 2006

“¡Ejecución!”

El chirriar de los grillos y un lejano ulular de un solitario búho era todo lo que se escuchaba aquella noche de otoño. Veloz como lobo, el joven Kanon se deslizaba entre las sombras hasta llegar a la ventana trasera de la casa del Alcalde... Lentamente abrió la ventana y entró con sigilo. De su bota, sacó una delgada daga y cruzo la sala de estar hacia el lujoso vestíbulo, donde se encontraban las escaleras que lo dirigirían a su objetivo. Llegó al segundo piso, cuidadosamente abrió una de las puertas y lo encontró, el alcalde, acostado en su cama, profundamente dormido y emitiendo un sonido que bien podía ser el chillar de un gato enfermo... Hábilmente con una mano le tapó la boca, y con la otra asestó una puñalada mortal en la garganta de su victima, sin dejar escapar más que unas pocas gotas de sangre, todo sucedió en unos pocos segundos... Kanon torció la daga, para asegurarse que su victima estaba muerta y salió de la habitación, sin embargo no había llegado a las escaleras, cuando una de las criadas lo golpeó en la cabeza con un sartén.

El bullicio de la gente era ensordecedor, la plaza central estaba repleta de hombres que habían faltado a sus trabajos y escandalizadas mujeres con sus hijos. En el centro en un gran podio de madera, estaba Kanon amarrado y en una silla, con una expresión de calma, a su lado se encontraban 2 guardias, los cuales mantenían la hoja de sus lanzas cerca del joven criminal. Ya que el Alcalde estaba muerto, se había mandado traer un juez de la capital, para que decretara la sentencia del muchacho. Después de unos minutos, un silencio tétrico envolvió el área mientras la gente le abría el paso a un elegante caballo blanco y su jinete, el cual llevaba un sable en su cinturón y un finísimo traje de militar blanco con azul. Al llegar al podio, el hombre se bajó de su caballo, se acercó a Kanon y lo observó un poco mientras en su rostro aparecía una sonrisa. Kanon sonrió también y el hombre se dió la vuelta. “¡Ciudadanos! Soy el capitán Roh, he sido enviado desde la capital para asistir este juicio, sin embargo...” dijo Roh haciendo una ligera pausa “No seré yo quien juzgue al este muchacho, serán ustedes, yo sólo dictare la sentencia oficial. Por favor elijan a 16 representantes que tomarán la decisión final”. “¿Qué?” “¿De qué habla?” “¿Nosotros?” “¿Está Usted loco?” se alcanzó a escuchar de entre la bulla ocasionada por la confusión que causó tan extraña orden. “Pero es obvio que es culpable” dijo la criada que se encontraba en primera fila “Yo lo vi cuando salía del cuarto del Señor, justo después de haberlo matado”. “Oh, ¿Es eso cierto?” dijo Roh con tono sarcástico, “Si señor, yo fui quien detuvo al ese malhechor” Respondió la mujer seriamente y algo enfadada. Roh sacó su sable y apuntó al rostro de la criada con violencia, “Entonces, está usted bajo arresto” “Pero ¿Por qué?” dijo asustada la mujer, “Pues porque usted no es policía, y sólo los policías tienen el poder de arrestar y golpear si es necesario a un criminal” Dijo satisfecho Roh, “¡Pe...! ¡Pero si había matado al Señor! ¿Esperaba que me quedara viendo como se salía con la suya?” Dijo la criada gritando desesperadamente. “Tiene razón, la perdono” Dijo Roh guardando su sable “Pero ya que escuché sus motivos, y estos la salvaron de su condena... ¿No sería justo que escuchásemos los motivos de este joven también?”. La gente comenzó a discutir nuevamente. El capitán tenia razón. Poco después, 16 personas, incluyendo a la criada, subieron al podio.
Roh se acercó a Kanon, esperó que la multitud guardara silencio, y preguntó “Dime hijo, ¿Por qué mataste al Alcalde de esta ciudad? ¿Tenías algún motivo?”. Kanon lo vio fijamente y luego sonrió “Lo hice porque era mi trabajo” Dijo finalmente el joven. “¡Es culpable!” gritó la mitad de los representantes, “Es un asesino a sueldo, y merece la muerte”. Roh los miró con desinterés “No he dicho que pueden dictar sentencia aún, esperen un poco y reflexionen la información”. Roh miró a Kanon de nuevo, “¿Entonces admites el haberlo matado?” “Absolutamente” respondió Kanon casi de inmediato. “Sabes que arruinaste la convivencia y seguridad de este pueblo con tus acciones, ¿No es verdad?” Preguntó Roh, “Sinceramente no me importa señor, no pertenezco a este pueblo, no siento lazos de solidaridad ni fraternidad con su gente, y estoy seguro que ellos tampoco los sienten” Respondió Kanon con tono acusador. “¿Por qué lo dices?” dijo intrigado Roh. “La verdad señor, es que yo llevo unas pocas semanas aquí, pero a nadie parece interesarle el progreso de este pueblo como comunidad. El Alcalde, en lugar de reparar caminos, incrementar la seguridad o arreglar el muelle, rentaba este lugar como puerto para los Piratas, los cuales una vez a la semana robaban las casas, una que otra mujer de la aldea y zarpaban a alta mar, para volver a la semana siguiente. La gente una vez al día tira la basura por la ventana hacia la calle; hay días que el recogedor de basura no pasa, y hay tanta basura en la calle que ni los caballos pueden cruzar por ahí. Y por último los hermanos Hauss, desataron una pelea con la familia Kinn, y 2 veces al mes salen a las calles disparando sus pistolas y ondeando sus sables para marcar su territorio, hiriendo a gente inocente en el proceso...” Respondió Kanon seriamente “Si quieren culpara a alguien de la inseguridad y la mala convivencia del pueblo, que se culpe a sus habitantes, es su actitud, no la mía la que los arruina”.
Roh, volteó a ver a los representantes con intriga, pero estos estaban atónitos. Miró al pueblo, pero nadie se atrevía a pronunciar ni una palabra. Roh regresó con Kanon y continuó con el interrogatorio, “Y ¿Quién te ordenó matar al Alcalde, muchacho?” “Él mismo, señor, él me pagó para que lo matara” respondió tranquilamente. “¿Cómo te atreves?” gritó la criada junto con algunos otros representantes “¡Que te ejecuten por mentiroso! Es imposible que alguien pague por ser asesinado”. “Parecería imposible que en un pueblo como este, aún vivan tantos idiotas” respondió enojado Roh “Pero sucede”. “¿Señor?” dijo Kanon con cortesía, “Si se me permite, puedo probar que lo que digo no son mentiras” “Adelante” respondió Roh. “En mi bolsillo izquierdo, hay un papel, por favor sáquelo y léalo”. Roh lo sacó y le hecho un vistazo. “Hace unos 5 años, en Koshack, mi aldea natal, un hombre me contrató para que lo matara” comenzó a contar Kanon “Me dijo que su vida había dejado de serle útil a la demás gente, ya que se había encaminado hacia un mundo de excesos y corrupción, sin embargo, me pidió que fuera después de 5 años, ya que intentaría dejar todo en orden antes de su partida. Al parecer él no cumplió su palabra.”

“A través de este papel hago saber que yo, el Alcalde Osar, de la aldea Atress, he contratado a Kanon Sif, para que me mate dentro de 5 años a partir de hoy, día 45 del año de la Serpiente”

“Si se me va a ejecutar, que sea por ser un hombre de mi palabra, y por ayudar a este pueblo con su decadencia aunque sea un poco” Dijo finalmente Kanon. Roh sonrió y miró al jurado “¿Y bien? ¿Cuál es la sentencia?” El jurado permaneció en silencio, Roh pasó el papel entre los representantes para que verificaran que era oficial. Roh los observó con impaciencia, y se volteó hacia el pueblo “Espero que esto sea una lección para todos. Esos 16 representantes, serán desde ahora los ‘Alcaldes’ en esta aldea. Una vez al mes vendré a ver su progreso. De seguir las cosas igual, el ejercito Imperial vendrá y quemara al aldea completa”. Roh miró a los representantes de nuevo y dijo impaciente “¿Ya tomaron su decisión?” Ellos miraron al capitán y luego a Kanon, “Desátenlo” finalmente ordenaron “Dejen libre al muchacho, hoy no habrá ejecución...”
(Escrito en el 2003 para una escuela con el objeto de promover valores cívicos)
(La ortografía y la redacción del texto original permanecen intactos)

domingo, marzo 26, 2006

Rock'n Roll de los Idiotas

Ahí estaba yo, dejando el alma en el papel, consciente de que era tarde y aún así, desafiando al tiempo.
Dibujaba tan rápido como mi mano y mi estética me lo permitían. Y aunque el estrés hacía a mis yemas sudar una sustancia que manchaba mi trabajo con singular destreza y alevosía, intentando no perder el control, yo me repetía a mi mismo una y otra vez que podía limpiar la infame suciedad una vez escaneado el dibujo.
Miraba con ansiedad el reloj, con la esperanza de terminar antes que dieran las 8:00...
Pero entonces fue cuando ocurrió. Aquellas sucias y grotescas criaturitas, esos engendros estúpidos y deformes llegaron a recogernos en una espeluznante muestra de buena educación, cultura, respeto y prudencia, portando ostentosamente una actitud que decía a los cuatro vientos "Llegamos a tiempo ¿y qué?"... Pero no habían llegado a tiempo... legaron 17 minutos antes de la hora indicada.
Sintiendo que mi páncreas iba a explotar y derramando ira por cada uno de los poros de mi cuerpo, hice furiosamente mi maleta (la cual no he revisado, estoy seguro que algo se me olvidó) y salí.
Entonces los vi, la familia de gnomos aldeanos con trisomía en el par de cromosomas número veintiuno. Sonreí para no tener que saludarlos, pues sabía que algún insulto con respecto a su progenitora sería capaz de escapárseme. Papá gnomo, como persona educada que es, no se bajó del carro ni siquiera para saludar y sólo daba instrucciones a través de su ventana a medio bajar. La útil y simpática de su esposa, en cambio, se mantenía ocupada siendo un estorbo total para el acomodo de nuestro equipaje ( el de mi hermana y el mío) y el de su afeminado gnomito remedo de hijo.
Me despedí de mi madre y me subí al vehículo, en el cual, todos mis sentidos fueron sometidos al más sublime de los deleites. Desde mi gusto hasta mi tacto. Toda forma de percepción que posee mi cuerpo fue alcanzada por la exquisita selección musical de la familia. Los más prodigiosos y talentosos interpretes de la escena musical enunciaban de manera idónea letras que ni el más astuto y ocurrente de los poetas sería capaz de escribir. Pinches aldeanos pendejos. No se si me molestó más eso o el hecho de que viajamos en carretera con las ventanas abiertas, escuchando directamente en los tímpanos el angelical vals que producen los escapes de las pipas y los trailers.
Justo en la entrada de la metrópoli a la que nos dirijamos, había una muchedumbre (de entre la cual llamó mi atención una mujercita bastante visible) rodeando un accidente. Mamá gnomo se asustó por la escena y mientras salíamos del peligro de la carretera y nos adentrábamos en los silenciosos y pacíficos suburbios de la ciudad, ella se puso el cinturón de seguridad, que había estado desabrochado todo el viaje. ¡Vaya! Más vale tarde que nunca.
Pero mi noche no habría sido nada si no hubiera tenido que escribir todo esto 2 veces, pues la computadora se apagó mientras lo redactaba la primera vez. Moraleja: La vida es una perra.
Dios... nada como una insultante, grosera y subjetiva narración para limpiar las penas del alma.

domingo, marzo 19, 2006

Perdóname, que no era mi intención enamorarme.

martes, marzo 14, 2006

Nombre

“¡Volved! Todavía se pueden ver las murallas de Sant Esteban, no os encontráis lejos”

“NO, no pienso volver”

“¿Pero que os he hecho yo? ¿Por qué la terquedad?”

“No voy a seguiros mucho tiempo, sólo hasta poder armarme caballero”

“¿No podéis ser más estúpido? La caballería no es un cuento de hadas”

“Lo sé, pero es mejor que ser panadero en un pueblo sin futuro... quiero aventuras, quiero conocer... quiero viajar... quiero irme”

“Curioso, pues yo sólo quiero regresar”

“¿No disfrutáis el ser caballero?”

“Mi espada anhela batallas, la caballería ha sido mi vida, mi motivo... miles de hombres han perdido la vida bajo el yugo de mi tizona, pero la arena del tiempo dicta sentencia y las batallas debo abandonar... Debo hacer justicia, y siendo lo justo, dar a cada quien lo que corresponde, mi corazón debe regresar al lugar que pertenece”

“¿Una mujer quizá?”

“Un recuerdo solamente, una imagen de mi pasado”

“¿Cómo os llamáis vuestra merced?"

“Pues:

Siendo que habéis preguntado, es mi nombre:
Aquel que las mozas lindas me quieran dar,
Aquel que me otorgue mi valor de hombre,
Mi espada, mi pecho, mi sangre...
¡Y mi bravura al batallar!

Soy la campana, que suena en el campanario,
Y es mi nombre, su angelical repicar,
Es mi nombre bendición y calvario,
Es melodía, poesía y llanto,
¡Es de gesta, un hermoso cantar!

Que sea mi nombre, el que tenga que ser
Mi cruz, la espada que he de portar,
Pues al pronunciarle veréis
Y apreciaréis su divinidad.
Si gustáis, Santiago me podéis llamar.”

lunes, marzo 06, 2006

Uno de atracción

El intercambio de miradas fue inevitable. Entró hacia unos segundos al vagón en el que llevabas ya varias estaciones y se sentó justo frente a ti. Pero desde que la viste sentiste una increíble presión en el pecho. ¿Sería atracción?. Respiraste profundamente y desviaste la mirada. Cuando por fin decidiste contemplarle de nuevo, lentamente e intentando ser discreto, descubriste que ambos sus ojos te esperaban ansiosos.
Parecía que ella examinaba los rincones mas oscuros de tu alma mientras el intercambio de miradas se prolongaba. Te costaba más y más respirar... Creíste que podías resistir más que ella... pero fuiste el primero en desviar la mirada. De reojo creíste ver una sonrisa en sus labios.
Pasaron algunos minutos. Luchaban violenta y salvajemente tu fuerza de voluntad y tu deseo. Su feminidad llamaba a tus ojos como lo hacen las sirenas a los marinos. Te pusiste tenso. Tu estomago comenzó a sentir tu estrés. ¿Te seguía mirando?. ¿Qué pasa si era así?. Tus manos... ¿En que posición estaban? ¿Se veía normal? ¿Se veía estúpido? Estaban sudando... Pero... ¿En que clase de estupideces te concentrabas?. ¿Aún te observaba?. Fingiste que te estirabas y aprovechaste para mirarla y salir de tu duda. Sus ojos se encontraron con los tuyos de nuevo y tu estomago se estremeció brutalmente. Ahora, en lugar de enfocar solamente tu vista en su mirada, prestaste mas atención en su rostro. Entre sus hermosas facciones de mujer, notaste una traviesa sonrisa. Ella se había dado cuenta que te ponía nervioso, y lo disfrutaba con pícara malicia. ¿Qué hacer en esa situación? Ella jugaba contigo. O al menos eso es lo que creías. Podías estar equivocado, y lo tenias bien presente. ¿Te equivocabas? Cruzaste tus brazos y la miraste fingiendo indeferencia. La sonrisa en su rostro creció y recargando sus codos en los muslos, colocó su rostro entre ambas sus manos mientras te miraba fijamente. Sonreíste de vuelta. Al hacerlo sentiste como la piel de la nuca se te erizaba. Por dentro estabas hecho un manojo de nervios. Algo había en ella, algo más que belleza. Era atracción animal. Su mirada despertaba en ti un deseo carnal que jamás habías sentido, incluso podías sentirlo recorrer la piel de tus brazos, y sentías su sensual respirar entre tu cabello. ¿Sería lujuria?. Deseabas hacer algo... pero tu cuerpo permanecía inmóvil. Sentiste que tu rostro perdía color, que se volvía pálido, pero no había forma de que verificaras esto. Ella mientras tanto parecía disfrutar de tu angustia. Sus ojos voraces indicaban que leía tus pensamientos. Ella suspiró satisfecha. Agua fría te recorrió la espalda. Sentiste aire en la entrepierna. Tragaste saliva. Sentías que sudabas, pero estabas perfectamente seco. Tus brazos estaban tensos, tus piernas también. Dolía.
El vagón ya estaba en ese momento vacío. No estabas seguro si tu estación ya había pasado, pero no podías moverte. Una pequeña risa salió de los labios de tu dominante. Algo te dijo, pero no prestaste atención. Su femenino tono de voz paralizó tu entender y te embelesó aun más. Ella lo sabía, sabía todo esto. Estaba conciente de su increíblemente irresistible y casi demoníaco atractivo animal. Eras victima del pánico. Eras como una presa indefensa ante un fiero depredador. Miraste sus brillantes y jugosos labios y sentiste un extraordinario deseo de probarlos. Se te hacia agua la boca. La piel de su cuello... ¿Sería tan suave como parecía? ¿Cómo seria al tacto?... ¿Y al gusto?. ¿Sería su cabello tan sedoso como parecía?. ¿A que olería?. ¿Era eso que olías su perfume?. Que delicia... ¿Cómo serían sus caricias? Suaves... Sensuales... Expertas... Ella sabía lo que te gusta... sabía donde tocar... sabía como tocar... sabía hacer lo que te gusta que te hagan. O al menos eso creías. La deseabas. Ella parecía saber todo esto. Inclino la cabeza un poco y te miro con melancolía. Mechones de cabello caían sobre su rostro. El resto reposaba impávido sobre sus hombros. Entre abrió los labios... Cerraste los ojos. Sentiste sus dedos pasar por tu cuello, sus labios recorrer tus orejas... Algo te susurraba... gemiste. Una sonrisa se dibujo en tu rostro. Abriste lentamente los ojos par esperando ver su sonrisa y respirar de su sensual aliento... pero descubriste que ella no se había movido de su lugar. Ahora te miraba extrañada. Fueron sólo fantasías. Pero... Algo se movía en tu entrepierna... ¿Sería? Si... tu sueño le había despertado... Ella parecía no haberse dado cuenta aún. Te reclinaste un poco hacía adelante para ocultar tu excitación, pero esto hizo mas obvio tu estado. Ella se sorprendió. Se oyó una risita.
El vagón se detuvo. Ella miró hacia fuera y sonrió. Se levantó, te sopló un beso y te guiño un ojo coquetamente sin dejar de sonreír. Con impotencia, viste como salía. Querías hacer algo, pero simplemente miraste. Nunca mas la volverías a ver. Te sentiste como un verdadero estúpido.

martes, febrero 28, 2006

Terror de las sombras

Guantes blancos, listos. ¿El bombín?. Te arreglas las mangas del saco y enderezas el chaleco... ¡Casi! El cinturón... esta chueco... ¡Listo! ¿Perfume?... ¿El instrumento? ¿Lo revisaste de nuevo?... Zapatos... bastón... Mírate al espejo... ¡Qué bello eres! ¿Sospecharan? No. Eres un “dandy” como cualquier otro.
Se te hace tarde... y entre más tarde mejor. Sal de casa, anda, pues lo necesitas. No piensas en nada más. En nada. En nada. Babeas de sólo pensar en ello. Hace mucho que no... ¿Días?... no... horas... eres un adicto. Mañana en la mañana se oirán gritos de terror de nuevo, lagrimas si tienes suerte, todo es un espectáculo de deleite... ¿Cierto?... ¿Cierto?
La luna brilla. Caminas. Resuenan tus pasos segundos antes de ser dados... la excitación te recorre el cuerpo... mira... la niebla recorre el parque, la madrugada llegó. ¿Qué es eso? ¿Es ella? No. Es su sombra. Adelante... es tuya.
La mujer camina despreocupada... no sabe que está por... que... su vida arrebatarás. Te mentalizas. Caminas. Te aproximas. La sientes. Te oye. Paso. A paso. Te acercas. Más. Y más. Y más. Ya percibes el aroma de su perfume. ¿Percibe el tuyo? Tomas el cuchillo. De entre la niebla apareces como fantasma detrás de ella. La sangre comienza a brotar mientras hundes el cuchillo en su garganta. Tibia. En borbotones. Te mancha. Y lo gozas. Sientes el cuchillo tajando la piel. Éxtasis. El grito ahogado. Sus uñas en tu rostro. Te arañan. Y te gusta. Sus ojos se apagan. Intenta pelear. Pero no puede. Dos puñaladas mas en los hombros. Separas el cuchillo. El cuerpo cae. Duró apenas unos segundos, pero fueron horas de deleite para tu obseso razonar. ¿Hueles la sangre?
Goteas mientras caminas, pero las gotas de sangre que recorren tu piel y ropa son como sensuales caricias. Tu ansiedad fue curada una vez mas a costa de una vida inocente. Como pasa cada vez que cae la niebla. Terror de las sombras ¿Estas contento? Si, si lo estas. Y ¿Estarás ahí cierto? Cuando encuentren el cuerpo... quieres... no. Anhelas oír los gritos desesperados de aquellos que la amaban, aquellos que sufren en vida por su ausencia, porque se las arrebataste. Sufrimiento. Es el mundo tu macabro teatro privado. Es tu teatro del horror. Mañana alguien más. Mañana alguien más no tendrá tiempo ni de gritar. Esperando entre sombras, esperando abrirte tu camino a la libertad, escondida bajo la piel y sangre de tu victima.
Pero... Lloras frente al espejo... ¿Qué pasa?

martes, febrero 21, 2006

La inmortalidad del Cangrejo

Había una vez, un cangrejo que caminaba por las extensas dunas de una playa hasta ahora jamás tocada por el ser humano. Una gaviota que volaba por el área, advirtió la presencia del crustáceo y bajo a su encuentro. Se paró frente a él con ojos voraces y le habló. El cangrejo, que poco entendía lo que la truculenta criatura le decía, se hartó rápidamente de esperar el fin del discurso e intentó ignorarle para seguir con su camino. Pero al intentar pasar de lado al avechucho, este le asestó con un fuerte picotazo en el centro de la dura concha que le protegía. Al sentir el impacto, el cangrejo retrocedió con gran velocidad y miró temeroso a su agresor, que seguía parloteando sin descanso. El discurso, largo, rebuscado e interminable, no parecía tener intención alguna. Simplemente frases incoherentes desfilaban una tras la anterior, golpeando al crustáceo, aturdiéndolo.
Sin poder pensar, el cangrejo intentó atrapar a la gaviota con una de sus filosas tenazas, pero la gaviota de un ligero aletazo, se alejo a una distancia segura de las agresiones de la victima de su cháchara, y continuo con su incomprensible plática. El aturdido animalejo, intentó otra vez y otra vez, fallando en cada uno de sus intentos. Y después de un rato de necedad por parte de la gaviota, la furia se poseyó del cangrejo. Intentó de nuevo pasarla por un lado, y como era de esperarse, el picotazo se dejo sentir. El cangrejo con rapidez, tomó al ave por un ala y la rompió al instante. Con mucha fuerza, derribó al ave, que en agónica desesperación continuaba, ahora gritando, el discurso que había empezado unos minutos antes. La segunda tenaza ahora tomo el pico y lo descuartizo, dejando salir la sangre a borbotones, exponiendo la fina y delgada lengua de la gaviota, que sangrando, se sacudía como intentando enunciar frases que ahora sonaban como gorgoteos. Tomando la segunda ala, el cangrejo, en su oleada de ira, no dudó ni un momento y la cortó, dejando ambas partes del miembro unidas por un fino cartílago. Pero la gaviota seguía balbuceando. Tomándola por el cuello con su brazo mas poderoso, abrió y cerro su tenaza con fuerza, destrozando músculos y vértebras, hasta que la mutilada cabeza por fin se desprendió. El cuerpo de la gaviota se sacudió en espasmos hasta que su agonía terminó.
El cangrejo continuó con su camino, pero después de algunos pasos, miró el cadáver que había dejado atrás y entendió. La gaviota en su sabia búsqueda de la verdad y saber a través del tiempo, se acerco al cangrejo para brindarle su amistad, ya que su interminable viaje le había llenado de soledad y tristeza. Este sufrir inmenso le obligó a acercarse al cangrejo,al cual le tenia un pavor increíble, en busca de amor, y que, si su aprendizaje no le engañaba, era inmortal y que por conclusión propia dedujo, era la más sabia criatura de la creación. Y para demostrar que no era un animal imbécil como lo es el hombre, la gaviota comenzó a recitar casi todas las verdades absolutas y las respuestas a toda duda existencial que pueda caber en el universo, las cuales le habían sido reveladas durante su travesía de conocimiento. Y sin embargo, sin tentarse su frío corazón, el cangrejo le había destazado con furia; y no porque el discurso del ave fuese una vil falacia, ya que el estúpido crustáceo no tenia ni idea de que hablaba el sabio animal, sino porque el mensaje era tan poderoso, que el subconsciente del cangrejo, temeroso de salir de su calmada ignorancia y de que el hambre por conocer despertase de su impávido sueño, en su confusión y locura le obligo a cometer el homicidio.
El crustáceo en este punto de su tosco razonar, se dio cuenta que caminaba en la dirección equivocada y, olvidándose por completo de lo que acababa de suceder, corrigió su rumbo. Siguió así, por el resto de su eterna vida, caminando sin saber a donde, ya que es cierto que los cangrejos son inmortales y sin embargo, muy estúpidos.