Anochecía. El cielo se cambiaba de ámbar a purpúreo. Los faroles de la ciudad ya dejaban ver su romántico resplandor amarillo. La brisa soplaba refrescante entre tu cabello y ropa mientras avanzabas por el rústico empedrado, contrarrestando el caluroso ambiente que se sentía hacía algunas horas. Las joviales risas y murmullos de la gente te hacía disfrutar la caminata aún más. Todos los establecimientos (o casi todos), como era costumbre en el verano, tenían sillas y mesas en el exterior para que las parejas disfrutaran del suspiro del anochecer, para que pudiesen contemplar las estrellas. Era un lugar absolutamente precioso.
Conforme avanzabas, más olvidabas las palabras de Boltarión. ¿Cómo se llamaba el lugar aquel?. Un viejo anciano se te acercó a pedirte limosna, pero lo ignoraste, con tu hombro le empujaste y seguiste caminando. La Flama Victoriosa no habría ignorado el suplicio de esa ánima desafortunada. La Flama Victoriosa habría dado suficiente al pordiosero para que comiese bien esa noche (¡mínimo!). ¿Por qué ya no Seramís? ¿Acaso la Flama y tú no eran la misma persona? Tú, cuando te ordenaste, prometiste siempre cuidar del necesitado y vivir bajo los principios de honor y justicia inquebrantable que tu maestro Eorimante te inculcó desde pequeño. Quizá no lo ayudaste porque no tienes dinero. Eso es cierto, desde que dejaste la caballería, apenas tienes para comer. Quizá sea eso. Pero no lo creo, ¿tú qué opinas?. Así es. Estás amargado. No con Cirabriela. No porque el amor de tu vida resultó ser una ilusión. No porque el discípulo que criaste como tu propio hijo y en quien depositaste todo tu cariño, tiempo y toda tu fe había sido muerto por tu propia espada. No era eso. No porque Boltarión te convenció para que tomaras la última de las misiones. No. Estás amargado con el mundo. Aquel mundo por el cual luchaste tan fieramente. Aquel mundo que amaste con lo más profundo de tu ser, tanto así que estuviste a punto de perder la vida en un incontable número de ocasiones sólo por salvar al más insignificante e ingrato de sus habitantes. Eso es. Ingratos. Estás amargado porque son ingratos. Porque todos festejaban tus hazañas cuando victorioso, pero nadie recuerda tu nombre cuando perdedor. Estás amargado porque nadie te extendió la mano cuando eras tú el que se encontraba en necesidad y ellos eran quienes tenían la espada triunfante que podía acabar con tu sufrimiento. Estás amargado porque dejaron que la Flama Victoriosa se apagara. Estúpidos. Tú fuiste capaz de compartir el llanto con más de una moza, de servir de apoyo a más de un hombre, de ser escudo de más de un noble y de iluminar el camino de más de un pueblo. Hoy en día son contados con una mano los que recuerdan al gran Seramís de Zórvila. Los cuentos del Seramís son contados por grandes y chicos ignorando que el héroe de leyendas sigue con vida. Eras una llama inextinguible y esos ingratos te convirtieron en sombra imperceptible. No se merecen tu espada. No merecen que levantes el puño por ellos... Es por eso que no lo haces por los ingratos. Ni por Boltarión, o por Leonidio... no por la falsa Aurisiana que aún flagela tu corazón después de tanto tiempo. Lo haces por Seramís. Lo haces por la épica figura que alguna vez fuiste. En honor a la Flama Victoriosa, va este último trabajo.
Terminaste de recorrer la zona donde se encontraban las fondas y las tabernas y llegaste a la parte oscura de la ciudad: La zona de los prostíbulos. En los portales pululaban tanto borrachos desfallecidos como una que otra ramera en plena seducción. Toda la calle apestaba, los faroles estaban a media luz y hombres gritaban para convencerte de que dentro de su establecimiento, se encontraba la mejor gonorrea de todo el pueblo. Te asqueaste. “!LA LUZ CELESTE TIENE LAS MEJORES CHICAS DEL PUEBLO!”. ¿Luz Celeste? ¿Era ese el nombre que dijo Boltarión?. “¿BUSCAS DIVERSIÓN? SÓLO LA LUZ CELESTE TIENE CHICAS DE ALTA CALIDAD, SÓLO EN LA LUZ CELESTE PODRÁS VERDADERAMENTE SACIAR TU LIBIDO”. ¿Era ese? Era algo “Celeste”... ¿Recuerdas?.
Entraste en la Luz Celeste. El olor a sexo y tabaco inundaba todo el establecimiento. Delante, una pianola tocaba desafinada una molesta melodía, al ritmo de la cual las chicas en el escenario se desnudaban. En la barra llena de sucios criminales y mal vivientes, se encontraba el resto de las chicas que con sucias palabras intentaban ganarse ese maravedí extra. No te hacía ninguna gracia el lugar. Te sentaste en la barra. El cantinero te preguntó si querías beber algo pero tú no respondiste. Estabas concentrado. “¿A qué hora se presenta Zuama? Preguntaste- Debe ser la siguiente buen hombre, contestó el tabernero, ¿Vino a ver el espectáculo de Zuama la Persa, no? Casi todos aquí viene por ese motivo- Sólo he oído rumores, dijiste al cantinero, pero muero por averiguar si son ciertos.- Ten por seguro que lo son, contestó”.
La pianola se calló. Tú dirigiste tu atención hacia el escenario. Una mujer morisca se encontraba parada con ambos brazos detrás de la cintura. Esperabas el momento. Una música arabesca comenzó a escucharse. La mujer movía hipnóticamente la cabeza de un lado al otro. Sus caderas comenzaron a moverse delicadamente de arriba hacia abajo, intercalando lados... bamboleándose de atrás hacia delante. Pasando un pie al frente, comenzó a mover el vientre como serpiente, asegurándose que sus caderas se notasen. Sus manos lentamente comenzaron a recorrer cara parte de su bronceada piel, teniendo especial cuidado de seguir meneando la cadera en aquel lascivo ritmo. Sus hombros hacían juego ahora con sus caderas. Tú seguías esperando. La danza se volvía cada vez más sugerente. Haciendo a sus manos atravesar delicadamente su vientre, llegó a su abultado pecho y lo dejó al descubierto. Te levantaste. Pocos supieron qué pasó a continuación. De unas cuantas zancadas atravesaste el lugar hasta llegar a la pianola y con un fugaz movimiento, decapitaste al hombre que la tocaba. Giraste con el impulso para enfrentar al alarmado público. Los pocos que no huyeron en pánico intentaron aniquilarte. Pero fallaron. Después de que mataras al último de tus agresores te dirigiste por tu objetivo. La mujer se encontraba en una esquina temblando, intentando cubrir su desnudez. ¿Qué decía?. No le entendiste ¿Cierto?. ¿Qué le dijiste tú?. La tomaste de la muñeca y la sacaste. El cantinero que se encontraba agazapado detrás del mostrador asomó la cabeza. Lo mataste mientras salías. Al salir te quitaste la pañoleta que cubría la mitad de tu rostro. No es como si hubiese sido necesario traerla... Bien sabías que nadie te recordaba. ¿Habrá sido tu ego el que insistió en cubrir tu rostro?.
Ambos tú y la muchacha desaparecieron en la oscuridad de la noche.
martes, septiembre 05, 2006
domingo, agosto 13, 2006
Flama Victoriosa - III - Aurisiana
Estoy muy enojada. Hoy ordenan caballero a mi querido Boltarión, y por culpa de esta enfermedad no voy a poder ir. Odio las ceremonias, pero es un momento importante para mi hermanito... estoy tan orgullosa de él. Yo sé que no somos de misma madre, pero lo quiero como si fuésemos hermanos en su totalidad. Lo conocí cuando apenas tenía un año de edad, yo soy 3 años más grande, pero desde entonces lo he visto convertirse en todo un hombre de justicia. Cuando pequeños siempre solíamos jugar a ese juego... en ese en el que yo era la princesa y él el caballero que me rescataba... ¡cómo nos divertíamos!. Lo quiero tanto, no quiero perderme este evento tan importante para él. No, no lo haré. No puedo, iré aunque esté enferma... tengo que ir. Moza, por favor avisa a mi padre que voy a acudir a la ceremonia. No, no me importa estar enferma, tú ve y dile eso. Listo, ahora, ¿qué me voy a poner?, ¿dónde iba a ser la ceremonia? No, creo que no me dijeron. Ojalá sea donde mis padres se casaron... los Jardines de Larián, se llamaba, me parece. ¡Era precioso! Recuerdo que los caminos eran de mármol de Sarián, el ambiente estaba lleno del aroma de las cientos de miles de flores... Había una jardinera preciosa... ¿qué flores eran esas? No me acuerdo, ¿eran tulipanes?... no, esos no sobreviven en este clima... ¿qué sería?... ¡Ah! Y la terraza era preciosa también... tenía como un techo... pero no me acuerdo... ¿Era blanco?. ¡No! Dígale a mi padre que pienso ir... ¡Sí! No me importa la enfermedad... No, no puede prohibírmelo. Sí, me estoy tomando mi medicina... No, la de Cirabriela de Toletán... sí. Demonios, dígale que venga... Carajo, mi padre suele ser tan necio, siempre es lo mismo. ¿En qué le incomoda que yo vaya?, el doctor dijo que estoy fuera de peligro. Digo, me duele un poco el pecho, pero ya no es tan insoportable como antes... sólo quiero ir a la ceremonia, no a la fiesta... No me voy a arriesgar tampoco. Aunque dicen que el apuesto caballero de la Flama Victoriosa estará en la ceremonia y en la fiesta. Jamás lo he visto, pero me dijo Cirabriela, que es su madrastra, que es muy bien parecido. Jamás se fijaría en mi, siendo yo tan enfermiza y débil... pero no deja de ser una maravillosa oportunidad de ver al legendario caballero... ¡Ah! Y quizá mi hermano me lo pueda presentar... ¡Imagínate si pudiera yo hablar con él! Ay no, qué pena... yo en tan mal estado... pero ¿te imaginas? ¿Que hable con el gran Seramís? ¿Y qué tal que se enamore de mi? ¡No! No podría... ¿Pero y si sí? Y nos enamoramos... y luego nos casamos... Aurisiana y Seramís... suena bonito. Y así... y así... ¡Ahhh! ¡Y así quizá podría serle de más ayuda a Boltarión! Pues Seramís y Boltaríon serían familia... y entonces... Ah... ¡Quiero ir a la ceremonia!. Padre, ahora sí... no, no me he tomado la medicina del doctor del Este, Cirabriela dijo que era un hechicero malvado... Sí, claro que confío en ella, es familiar de Seramís de Zórvila a fin de cuentas, ¿Tú no confías en ella?. No papá... no... Sí, estoy segura de que quiero ir... Nada más a la ceremonia. Porque es un momento muy importante para mi hermano. Te prometo que regreso después de la ceremonia. Sí. Gracias papá. ¡Perfecto! ¡Qué alegría! Voy a poder ir a ver a mi hermanito en el momento más importante de su vida... y quizá conozca al Seramís de Zórvila. Bien, ¿Qué me pongo?. ¡Mozas! Me voy a vestir, ayúdenme por favor... Cierto, mi medicina. Cirabriela es una mujer tan buena, ¡y muy talentosa! Su medicina me ha quitado los malestares de manera increíble... ¡Mozas! ¿Dónde están?. ¡Ah! Señora Cirabriela de Toletán... ¿Qué hace usted aquí?. Pero la medicina que tengo funciona, ¿para qué necesito esa?. ¿Cómo se enteró de que iba a salir?... Ah... ¡Ah! De acuerdo, ya entendí, entonces... ¿Esa nueva medicina es de prevención por si quiero salir? Para que la gente no se contagie, ¿no?. Ah, perfecto, también eso. Sí, no quiero empeorar. ¿Ya se va?. ¿Usted también va a la ceremonia de mi hermano?. Qué bueno. Dicen que irá su hijo, Seramís. Sí, me había dicho que era muy apuesto. ¿De verdad? ¿Haría eso por mi? ¡Gracias!. No, no creo que se enamore de mi... Jé, gracias, pero no soy tan bonita... soy débil y enfermiza. ¿Usted cree?. Pues sí... sí me gustaría. ¿De verdad?. Muchísimas gracias. Nos vemos en unas horas. No es posible que sea cierto. Pero ¿sí será posible?, ¡Ay! ¡Necesito a esas mozas! Voy a lucir espectacular aunque enferma. Es muy buena Cirabriela por traerme esta nueva medicina. Voy a tomármela de una buena vez. ¡Caray! Olvidé preguntar si con este nuevo medicamento iba a poder ir a la fiesta... Sabe horrible... Ay... me siento mal, tengo nauseas, necesito ir al baño. No veo... muchas lágrimas en los ojos, necesito limpiarme. ¡Ouch! ¿Qué hacía esa cosa ahí?. ¿¿Alguien me escucha??. Necesito ayuda, no me puedo levantar... ¡No me puedo mover!... no... mi cabeza... se adormece. Tengo miedo, ¿Me voy a morir? No me quiero morir. No me quiero morir. No me quiero morir. Boltarión, no puedo hacerle esto a Boltarión. No me quiero morir. Necesito ayuda. Boltarión... discúlpame. ¿Por qué ahorita?... Cirabriela... ¡Esa bruja!... ¿Será?... Pero.... no creo, ¿o sí?. ¿La medicina de Cirabriela? ¿Me mató su medicina?... no... no puedo morir. Debo abrir los ojos... No puedo morir hoy. ¿Por qué?.
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Flama Victoriosa
sábado, julio 29, 2006
Flama Victoriosa - II - Leonidio
Otra aventura había sido completada satisfactoriamente. Leonidio y Seramís esperaban sentados en el suelo el llamado al abordaje de la Galera Real. Boltarión y Amargel, mientras tanto, se encontraban a la orilla del Puerto, fumando, charlando y disfrutando del ambarino atardecer. No había mucho movimiento ese día. El empedrado estaba casi vacío, sólo había unos cuantos cargadores, transportando mercancía de un navío al otro. Seramís estaba realmente feliz de haber completado la misión sin que surgiese ningún problema. Giró un poco la cabeza y miró a Leonidio que estaba casi dormido. Era increíble que aquel muchacho que desde pequeño le había sido encomendado, hubiese resultado tan gallardo y valiente caballero. En la época en la que la leyenda de Seramís apenas comenzaba, un niño de poco más de 5 años le había sido entregado por su agonizante madre, con la humilde petición de que lo formase caballero andante, que se le instruyeran valores de moral y justicia universal, y que le fuese otorgado el poder de una espada que protege desinteresadamente al necesitado. Fue duro al principio, sin embargo, había resultado todo un éxito. Leonidio era como su hijo, y para este, Seramís era como su padre.
“En seguida vuelvo” Dijo Amargel a Boltarión mientras se dirigía hacia Seramís.
“¿Listo para volver, Flama Victoriosa?” Preguntó Amargel a Seramís.
“Más que nunca” respondió satisfecho, “Qué me dices tú?”. “No del todo, Seramís, aún tengo algunas cosas que hacer” dijo Amargel sosteniendo en su mano una carta. Seramís la vió con desinterés. “¿Qué es eso?” dijo mientras la tomaba para echar un vistazo más de cerca. Era una carta de Aurisiana, la prometida de Seramís, media hermana de Boltarión. “¡¿Qué demonios es esto?!” Gritó Seramís al leerla. Pero apenas levantó la mirada, Amargel arremetió con un poderoso golpe de su espada. Seramís rodó a un lado, pateando al adormecido Leonidio fuera del peligro. Leonidio despertó confundido. Seramís se puso de pie e hizo frente a Amargel. Pero no hubo terminado de desenvainar su espada cuando una lluvia de flechas incendiarias atravesó el cuerpo Amargel. Boltarión guardó su arco. Creyeron que habían derrotado a Amargel, pero este se levantó inmediatamente después de tocar el suelo. Mirando con furia a su agresor, arremetió contra él. Boltarión dio un paso atrás y tomó el primero de sus 3 floretes. Amargel tomo con ambas manos su espada. Boltarión se quedó quieto. Ambos precipitaron sus espadas. Boltarión en un parpadeo desenvainó. Ambos metales chocaron, pero la velocidad superior de Boltarión provocó tal rebote al sable de Amargel que le hizo retroceder varios pasos y perder el equilibrio. Mientras tanto, Leonidio, sospechando que magia mantenía con vida a Amargel, había ya descifrado el nombre del maligno hechizo. Era el hechizo de rencor "Aniquila". No iba a morir hasta haber puesto fin a la vida de su víctima. Seramís atacó con una serie de sablazos que ágilmente fueron evadidos por su antes compañero de batallas, que aprovechaba el desequilibrio que los ataques causaron a Seramís, para hacer una profunda herida en su pierna derecha. Seramís gritó de dolor. De su herida brotaron chispas que después se transformaron en una flama que inmediatamente cerró la lesión. Seramís, ahora sandado, se abalanzó ferozmente sobre Amargel y le embistió, dando con él en el suelo. Amargel intentó levantarse, pero Seramís le empaló en con su espada. Leonidio rápidamente colocó la punta de su espada en la cabeza de Amargel y profirió un contra-conjuro. Al fin, sangre comenzó a salir por todas las heridas de Amargel y lentamente murió.
Boltaríon y Seramís se quedaron perplejos mirando el cadáver de su compañero. “¿Qué fue lo que pasó?, preguntó Boltarión. Iba Seramís a responderle cuando Leonidio notó la carta que Amargel había entregado a Seramís, y que ahora era llevada por el aire. Le atrapó. Pero de la firma de Aurisiana salieron arañas que pronto invadieron el brazo de Leonidio. En pánico comenzó a agitar el brazo. Boltarión y Seramís se alertaron y corrieron en su ayuda. Pero ahora, donde estaba la carta, se encontraba Aurisiana. Seramís se detuvo. “¿¿Qué demonios sucede aquí??” gritó Boltarión, “Aurisiana, ¿Qué significa todo esto?”. Leonidio se había ya deshecho de los bichos y estaba en el suelo, cerca de la orilla del muelle. Aurisiana levantó la mirada y se dirigió con una dulce voz a Seramís, “Amor mío... ¿Qué sucede? ¿No estás feliz de verme?”. Seramís estaba demasiado confundido para contestarle. “Acabaron ya con el Dragón de Peña Negra... no me son de más utilidad” Dijo Aurisiana al ver que su amado no le contestaba. Tras esto, su rostro comenzó a deformarse lenta y sutilmente creando la imagen de una nueva persona. “Cirabriela...” Dijo Seramís, casi susurrando. “La boda se cancela, amor mío” dijo Cirabriela con una pícara sonrisa en el rostro. “¿La conoces, Seramís?” Preguntó Boltarión. “Sí” Respondió después de unos instantes, “... Es mi madrastra”. “¿Tu madrastra?...” Preguntó confundido Boltarión. “Ella es... ¡Cirabriela de Toletán!” dijo finalmente Leonidio, “¿¿Qué le has hecho a Aurisiana??”, gritó el joven caballero. Cirabriela le miró con desprecio. “Está muerta desde hace años”, dijo finalmente. Seramís sintió un enorme dolor en el pecho. “¿Duele, gran caballero de la Flama Victoriosa?”, dijo riendo la mujer. A Seramís le faltaba el aire... su cabeza daba vueltas. Tras unos segundos, perdió el equilibrio y se arrodilló. “¡Mientes!” Gritó Boltarión, “¡Mi media hermana está viva, la vimos antes de comenzar esta empresa, esto es sólo uno de tus hechizos!”. Cirabriela soltó una enorme carcajada, “Tu hermana murió enferma el mismo día que te ordenaste caballero” dijo, “Desde entonces he sido yo quien tomó su lugar”. “Mentira...” susurró Boltarión. Seramís ya había pasado de la perplejidad a la furia. Leonidio tomó su espada y comenzó a acercarse lentamente a la engañosa mujer. No comprendía muy bien qué sucedía... pero estaba seguro que debía ser eliminada. Tomando una de sus hombreras la lanzó cuidadosamente a un costado de Cirabriela con el propósito de distraerle. Esta volteó inmediatamente por el ruido de la pieza de metal y Leonidio aprovechó para atacar. Seramís hizo lo mismo, sin embargo en el momento en el que este último llegó a su objetivo, Cirabriela había mágicamente cambiado lugares con Leonidio. Ensangrentado, el cuerpo del muchacho se desplomó en el empedrado del muelle.
Seramís lloró.
Cirabriela escapó esa vez, moriría a manos de Seramís años más tarde, antes de que este abandonara la caballería.
“En seguida vuelvo” Dijo Amargel a Boltarión mientras se dirigía hacia Seramís.
“¿Listo para volver, Flama Victoriosa?” Preguntó Amargel a Seramís.
“Más que nunca” respondió satisfecho, “Qué me dices tú?”. “No del todo, Seramís, aún tengo algunas cosas que hacer” dijo Amargel sosteniendo en su mano una carta. Seramís la vió con desinterés. “¿Qué es eso?” dijo mientras la tomaba para echar un vistazo más de cerca. Era una carta de Aurisiana, la prometida de Seramís, media hermana de Boltarión. “¡¿Qué demonios es esto?!” Gritó Seramís al leerla. Pero apenas levantó la mirada, Amargel arremetió con un poderoso golpe de su espada. Seramís rodó a un lado, pateando al adormecido Leonidio fuera del peligro. Leonidio despertó confundido. Seramís se puso de pie e hizo frente a Amargel. Pero no hubo terminado de desenvainar su espada cuando una lluvia de flechas incendiarias atravesó el cuerpo Amargel. Boltarión guardó su arco. Creyeron que habían derrotado a Amargel, pero este se levantó inmediatamente después de tocar el suelo. Mirando con furia a su agresor, arremetió contra él. Boltarión dio un paso atrás y tomó el primero de sus 3 floretes. Amargel tomo con ambas manos su espada. Boltarión se quedó quieto. Ambos precipitaron sus espadas. Boltarión en un parpadeo desenvainó. Ambos metales chocaron, pero la velocidad superior de Boltarión provocó tal rebote al sable de Amargel que le hizo retroceder varios pasos y perder el equilibrio. Mientras tanto, Leonidio, sospechando que magia mantenía con vida a Amargel, había ya descifrado el nombre del maligno hechizo. Era el hechizo de rencor "Aniquila". No iba a morir hasta haber puesto fin a la vida de su víctima. Seramís atacó con una serie de sablazos que ágilmente fueron evadidos por su antes compañero de batallas, que aprovechaba el desequilibrio que los ataques causaron a Seramís, para hacer una profunda herida en su pierna derecha. Seramís gritó de dolor. De su herida brotaron chispas que después se transformaron en una flama que inmediatamente cerró la lesión. Seramís, ahora sandado, se abalanzó ferozmente sobre Amargel y le embistió, dando con él en el suelo. Amargel intentó levantarse, pero Seramís le empaló en con su espada. Leonidio rápidamente colocó la punta de su espada en la cabeza de Amargel y profirió un contra-conjuro. Al fin, sangre comenzó a salir por todas las heridas de Amargel y lentamente murió.
Boltaríon y Seramís se quedaron perplejos mirando el cadáver de su compañero. “¿Qué fue lo que pasó?, preguntó Boltarión. Iba Seramís a responderle cuando Leonidio notó la carta que Amargel había entregado a Seramís, y que ahora era llevada por el aire. Le atrapó. Pero de la firma de Aurisiana salieron arañas que pronto invadieron el brazo de Leonidio. En pánico comenzó a agitar el brazo. Boltarión y Seramís se alertaron y corrieron en su ayuda. Pero ahora, donde estaba la carta, se encontraba Aurisiana. Seramís se detuvo. “¿¿Qué demonios sucede aquí??” gritó Boltarión, “Aurisiana, ¿Qué significa todo esto?”. Leonidio se había ya deshecho de los bichos y estaba en el suelo, cerca de la orilla del muelle. Aurisiana levantó la mirada y se dirigió con una dulce voz a Seramís, “Amor mío... ¿Qué sucede? ¿No estás feliz de verme?”. Seramís estaba demasiado confundido para contestarle. “Acabaron ya con el Dragón de Peña Negra... no me son de más utilidad” Dijo Aurisiana al ver que su amado no le contestaba. Tras esto, su rostro comenzó a deformarse lenta y sutilmente creando la imagen de una nueva persona. “Cirabriela...” Dijo Seramís, casi susurrando. “La boda se cancela, amor mío” dijo Cirabriela con una pícara sonrisa en el rostro. “¿La conoces, Seramís?” Preguntó Boltarión. “Sí” Respondió después de unos instantes, “... Es mi madrastra”. “¿Tu madrastra?...” Preguntó confundido Boltarión. “Ella es... ¡Cirabriela de Toletán!” dijo finalmente Leonidio, “¿¿Qué le has hecho a Aurisiana??”, gritó el joven caballero. Cirabriela le miró con desprecio. “Está muerta desde hace años”, dijo finalmente. Seramís sintió un enorme dolor en el pecho. “¿Duele, gran caballero de la Flama Victoriosa?”, dijo riendo la mujer. A Seramís le faltaba el aire... su cabeza daba vueltas. Tras unos segundos, perdió el equilibrio y se arrodilló. “¡Mientes!” Gritó Boltarión, “¡Mi media hermana está viva, la vimos antes de comenzar esta empresa, esto es sólo uno de tus hechizos!”. Cirabriela soltó una enorme carcajada, “Tu hermana murió enferma el mismo día que te ordenaste caballero” dijo, “Desde entonces he sido yo quien tomó su lugar”. “Mentira...” susurró Boltarión. Seramís ya había pasado de la perplejidad a la furia. Leonidio tomó su espada y comenzó a acercarse lentamente a la engañosa mujer. No comprendía muy bien qué sucedía... pero estaba seguro que debía ser eliminada. Tomando una de sus hombreras la lanzó cuidadosamente a un costado de Cirabriela con el propósito de distraerle. Esta volteó inmediatamente por el ruido de la pieza de metal y Leonidio aprovechó para atacar. Seramís hizo lo mismo, sin embargo en el momento en el que este último llegó a su objetivo, Cirabriela había mágicamente cambiado lugares con Leonidio. Ensangrentado, el cuerpo del muchacho se desplomó en el empedrado del muelle.
Seramís lloró.
Cirabriela escapó esa vez, moriría a manos de Seramís años más tarde, antes de que este abandonara la caballería.
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Flama Victoriosa - I - Legendario
El galante atuendo que Boltarión portaba dejó perplejos a todos en el recinto. Dio una orden con la mano y ambas sus escoltas se amartillaron en la puerta de madera. Comenzó a caminar cuidadosamente por el lugar, examinando uno a uno a los hombres que, extrañados y con aspecto tosco, no dejaban de inspeccionarle. No era una estancia muy grande, pero estaba llena de toda clase de criminales y zánganos sucios y malolientes y sin embargo, ocultando su desagrado, continuó su búsqueda. Al fin, le encontró dormitando y ebrio al fondo de la taberna, con un camisón manchado y su largo cabello desaliñado, unos pantalones en harapos y con un par de botas desgastadas. Era el mismísimo Seramís de Zórvila, el legendario “Caballero de la Flama Victoriosa”. Se encontraba mal sentado en un banquillo de madera, recargado en la grasienta pared, con la cabeza baja y la mano izquierda sosteniendo una botella. Levantó el rostro para darle un trago al casi vacío envase y fue cuando notó que Boltarión se le aproximaba. Con expresión de descontento, dejó la botella en la mesa y con tambaleante equilibrio se puso de pie, mientras Boltarión le observaba atento al irse acercando. Seramís pasó su mano izquierda al cinturón y tomó la empuñadura de su espada. Las personas a su alrededor, que no dejaban de verle, cuidadosamente se pusieron de pie y se comenzaron a alejar. Boltarión notó las intenciones del caballero y pasó mano al primero de los 3 floretes en su cinturón. Seramís desenvainó su tizona y la ondeó a una mano con torpeza. Boltarión siguió aproximándose. Seramís levantó la mirada. Boltarión se detuvo. Y ambos esperaron.
Seramís abrió los ojos. La luz le molestaba. Después de unos minutos, se talló el rostro y comenzó a inspeccionar el lugar. Estaba siendo transportado en un lujoso carruaje. Sus ropas ahora estaban limpias; y delante de él, mirándole atentamente, se encontraba Boltarión. Las preguntas comenzaron a surgir, y casi al mismo ritmo, las respuestas hicieron su aparición. Seramís no estaba contento. El paisaje que se podía contemplar al otro lado de las ventanas del carro consistía en un bosque rojo. Gigantescos árboles de tallo marrón claro estaban coronados por hojas rojas como la sangre. El bosque del Renacer.
“¿Y qué si me niego?” bufó Seramís con una mirada de odio hacia su captor. “Sabes que no puedo amenazarte con nada, Seramís de Zórvila...” Respondió Boltarión, “Sin embargo, al Caballero de La Flama Victoriosa del cual hablan las leyendas no hay por que amenazarle, el simple código de moral y rectitud que rige sus actos le obliga a emprender incluso las más inesperadas empresas en nombre de la justicia...”. “¿Caballería andante? Vamos, sabes que los caballeros andantes no existen, eso que dices son sólo cuentos de hadas” Dijo finalmente Seramís no muy convencido de su posición. Ambos se quedaron en silencio. “Sabes muy bien que estás obligado a ayudarme... la memoria de Leonidio te obliga” Dijo Boltarión después de un largo silencio, “Sabes perfectamente que no fuiste el único traicionado”. Seramís no contestó y desvió la mirada. “¿Qué me dices de Galadeco de Toletán?” Preguntó Seramís, “¿Por qué no él?”. Boltarión le miró furioso, “Sólo tú puedes hacerlo”, dijo. “Pues lo siento, viejo amigo” contestó inmediatamente Seramís, “Pero no seré yo esta vez".
Seramís abrió los ojos. La luz le molestaba. Después de unos minutos, se talló el rostro y comenzó a inspeccionar el lugar. Estaba siendo transportado en un lujoso carruaje. Sus ropas ahora estaban limpias; y delante de él, mirándole atentamente, se encontraba Boltarión. Las preguntas comenzaron a surgir, y casi al mismo ritmo, las respuestas hicieron su aparición. Seramís no estaba contento. El paisaje que se podía contemplar al otro lado de las ventanas del carro consistía en un bosque rojo. Gigantescos árboles de tallo marrón claro estaban coronados por hojas rojas como la sangre. El bosque del Renacer.
“¿Y qué si me niego?” bufó Seramís con una mirada de odio hacia su captor. “Sabes que no puedo amenazarte con nada, Seramís de Zórvila...” Respondió Boltarión, “Sin embargo, al Caballero de La Flama Victoriosa del cual hablan las leyendas no hay por que amenazarle, el simple código de moral y rectitud que rige sus actos le obliga a emprender incluso las más inesperadas empresas en nombre de la justicia...”. “¿Caballería andante? Vamos, sabes que los caballeros andantes no existen, eso que dices son sólo cuentos de hadas” Dijo finalmente Seramís no muy convencido de su posición. Ambos se quedaron en silencio. “Sabes muy bien que estás obligado a ayudarme... la memoria de Leonidio te obliga” Dijo Boltarión después de un largo silencio, “Sabes perfectamente que no fuiste el único traicionado”. Seramís no contestó y desvió la mirada. “¿Qué me dices de Galadeco de Toletán?” Preguntó Seramís, “¿Por qué no él?”. Boltarión le miró furioso, “Sólo tú puedes hacerlo”, dijo. “Pues lo siento, viejo amigo” contestó inmediatamente Seramís, “Pero no seré yo esta vez".
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sábado, junio 24, 2006
Con el mar
¿Qué fue ese ruido?
Se detuvo. Todas las noches hacía el mismo recorrido. Con el poco dinero que le había sobrado después de comprar la comida, se compraba la botella más barata de aguardiente que había en la vinatería del viejo McArthur. Solía caminar por todo el entablado, bebiendo. Ahogando penas de un pasado que casi ya no recordaba, para llegar completamente ebrio a su choza ubicada en una orilla del muelle. Llevaba haciendo esto durante 18 años, y era la primera vez que escuchaba sonidos más allá de los cotidianos a esas horas de la noche.
Podía ser que el alcohol estaba surtiendo efecto... pero aún era temprano y su borrachera muy raras veces venia acompañada de alucinaciones.
La noche estaba muy clara, la luna resplandecía en el estrellado cielo, reflejándose en el calmo piélago negro azuloso. El ambiente estaba inundado de humedad salada y el aroma de madera vieja. El faro que iluminaba la calle estaba fundido, pero no hacía ninguna falta. El sonido del oleaje, los grillos y el rechinar de la madera de los botes se mezclaban con el zumbante silencio, saturando los oídos con su música.
Ahí esta otra vez.
Había a unos 10 o 15 metros de el, una figura mirando hacia el mar. La luz y el alcohol no le dejaban distinguir si era hombre o mujer. Se acercó lentamente, pero fingiendo indiferencia.
-Buenas Noches...-
La misteriosa figura no pareció escucharlo, pero a riesgo de hacer el ridículo diciéndolo de nuevo si es que el extraño lo escuchó la primera vez pero decidió ignorarle, siguió caminando.
“... Él entonces, la caja de tabaco enseñó,
Y gritó, y tomo a la entregada muchacha,
Si me amas tú.... como te amo yo,
No hay par tan feliz como nosotros dos.”
Una delicada y andrógina voz cantaba “el Amuleto”, un viejo cántico inglés.
Sintió como si le golpearan el pecho. Se detuvo de nuevo.
-Linda canción... me trae memorias, ¿Es usted de por aquí?-
Hubo un largo silencio.
-No, es la primera vez que vengo- Respondió el individuo.
Aun no podía afirmar si era hombre o mujer.
Una extraña tensión crecía lentamente entre ambos.
-¿Cuál es su nombre?- pregunto la figura.
-¿Cuál es el suyo?- Respondió
-Tengo muchos-
-Yo también-
-¡Casualidad!-
Silencio.
-Oiga... La canción que estaba cantando hace unos minutos, ¿la conoce?-
-Si... Es una canción que me hace recordar...-
-¿Viejos tiempos?-
-Mi esposa...-
-¿Y qué?-
-¿Perdón?-
-¿No quiere usted recordarla?-
Silencio.
-¿Qué hace aquí solo en el muelle?-
-Miro el mar... ¿Y usted?-
-Doy un paseo...-
-¿Qué es eso que está bebiendo?-
-No es nada...-
-¿Dónde esta su... Esposa? ¿Era esposa?-
-Si... ella murió hace casi 20 años, de neumonía...-
-¿Lo lamento?-
-¿Es eso una pregunta?-
-No lo sé, decídalo usted.-
-...-
-Nostalgia... ver el mar me hace sentir cierta nostalgia...-
-¿Cómo dice?-
-¿No lo siente? ¿No siente como el mar, con su triste mirada, nos invita a desahogar nuestras penas? El mar entiende que somos débiles. Comprende que nuestra tristeza es efímera. Y sabe muy bien que nuestra felicidad lo es aún más. Ya que el mar es sabio... Es probable que sea el único que sepa como dar consuelo a un alma en sufrimiento con su suave canto, delicioso aroma y cálido aliento.. Hay algo en su sencillez que... ¿Alguna vez se ha puesto a mirar el mar?-
-Hace mucho que no lo hago-
-¿Por qué?-
-No tengo tiempo-
-¿Es usted marinero?
-Lo fui hace mucho, hoy en día trabajo en una pescadería...-
-... Oh... ya veo...-
-¿Dónde trabaja usted?-
-En la fábrica que esta justo detrás de usted-
-... Ahí no hay nada, no veo ninguna fábrica-
-¿Ah no? Para mi es tan clara como la Luna-
-¿De que está usted hablando? ¡Ahí no hay ninguna fábrica!-
-Pero... Y si la hubiera... ¿Entonces me creería?-
-¡Pues claro!-
-¿Qué tal si le estuviese mintiendo?-
-¿Por qué lo haría? ¿Qué ganaría usted?-
-¿Qué gané con decirle que trabajaba en una fábrica inexistente?-
-Nada... Pero...-
-¿Por qué habría diferencia en el objetivo de mi mentira de existir tal lugar?-
-Pues...-
-Le mentí porque quise hacerlo-
Creyó dejar de ver a la figura por un segundo... pero después de parpadear varias veces para afinar su visión... descubrió que ahí seguía.
-Extraña a Susan ¿eh?-
Se le empalideció el rostro.
-¿Cómo sabe que su nombre era Susan?-
-Usted me lo dijo-
-No, no es cierto-
-Yo eso recuerdo...-
-¿Quién demonios eres?-
-...-
Una clara y serena mirada le petrificó.
-Tú... ¡Tú me arrebataste a Susan!...-
-Yo no le contagié de neumonía-
-Yo confiaba en ti...-
-Y yo en ti-
-¿Por qué no me dejaste regresar?-
-¿Yo?-
-No me dejaste estar con ella en su enfermedad... no pude estar con ella en su agonía...-
-¿De verdad?-
-¡Yo quería regresar!-
-Eso lo sé...-
-¡Yo quería estar con Susan!-
-¿La amabas?-
-Sabes que lo hacía... te lo dije muchas veces...-
-Ella te amaba mucho... me lo dijo-
-¿De verdad?-
-Sí...-
-¿Qué más te dijo?-
-Ella estaba feliz de que fueses marinero...-
-...-
-Y me pedía que te cuidara...-
-...-
-La noche en que partiste... me confesó sobre su enfermedad... me pidió que te mantuviese lejos mientras moría, pues no quería que la vieras sufrir... y me pidió que te dijera... que su vida comenzó cuando te conoció, y que no hubo día en el que no agradeciera al cielo que fueses parte de su vida... me pidió que te diera las gracias... –
Se mantuvo quieto en la misma posición, mirando al horizonte.
-Oye viejo amigo... te gustaría dar un paseo, como en los viejos tiempos- dijo él.
-Me encantaría- contestó la figura.
¿Qué fue ese ruido?
Se detuvo. Su bote le había pegado a algo. Pensó por un segundo que quizá era una piedra. Pero todas las mañanas hacía el mismo recorrido para salir del muelle lleno de pequeños botes pesqueros como el suyo y jamás había topado con ninguna piedra en 30 años. Se asomó para mirar qué era lo que había golpeado. El bote era pequeño, con una sola vela y una cabina para el piloto. Sólo cabían 3 personas como tripulación y ambos eran sus hijos, un par de bronceados y fuertes jóvenes.
Entre todos sacaron el cuerpo. Era el cadáver del marinero anciano y viudo del pueblo, ese que caminaba en las noches bebiendo y gritando por todo el entablado, aquel que vivía en esa vieja choza al final del muelle...
Se detuvo. Todas las noches hacía el mismo recorrido. Con el poco dinero que le había sobrado después de comprar la comida, se compraba la botella más barata de aguardiente que había en la vinatería del viejo McArthur. Solía caminar por todo el entablado, bebiendo. Ahogando penas de un pasado que casi ya no recordaba, para llegar completamente ebrio a su choza ubicada en una orilla del muelle. Llevaba haciendo esto durante 18 años, y era la primera vez que escuchaba sonidos más allá de los cotidianos a esas horas de la noche.
Podía ser que el alcohol estaba surtiendo efecto... pero aún era temprano y su borrachera muy raras veces venia acompañada de alucinaciones.
La noche estaba muy clara, la luna resplandecía en el estrellado cielo, reflejándose en el calmo piélago negro azuloso. El ambiente estaba inundado de humedad salada y el aroma de madera vieja. El faro que iluminaba la calle estaba fundido, pero no hacía ninguna falta. El sonido del oleaje, los grillos y el rechinar de la madera de los botes se mezclaban con el zumbante silencio, saturando los oídos con su música.
Ahí esta otra vez.
Había a unos 10 o 15 metros de el, una figura mirando hacia el mar. La luz y el alcohol no le dejaban distinguir si era hombre o mujer. Se acercó lentamente, pero fingiendo indiferencia.
-Buenas Noches...-
La misteriosa figura no pareció escucharlo, pero a riesgo de hacer el ridículo diciéndolo de nuevo si es que el extraño lo escuchó la primera vez pero decidió ignorarle, siguió caminando.
“... Él entonces, la caja de tabaco enseñó,
Y gritó, y tomo a la entregada muchacha,
Si me amas tú.... como te amo yo,
No hay par tan feliz como nosotros dos.”
Una delicada y andrógina voz cantaba “el Amuleto”, un viejo cántico inglés.
Sintió como si le golpearan el pecho. Se detuvo de nuevo.
-Linda canción... me trae memorias, ¿Es usted de por aquí?-
Hubo un largo silencio.
-No, es la primera vez que vengo- Respondió el individuo.
Aun no podía afirmar si era hombre o mujer.
Una extraña tensión crecía lentamente entre ambos.
-¿Cuál es su nombre?- pregunto la figura.
-¿Cuál es el suyo?- Respondió
-Tengo muchos-
-Yo también-
-¡Casualidad!-
Silencio.
-Oiga... La canción que estaba cantando hace unos minutos, ¿la conoce?-
-Si... Es una canción que me hace recordar...-
-¿Viejos tiempos?-
-Mi esposa...-
-¿Y qué?-
-¿Perdón?-
-¿No quiere usted recordarla?-
Silencio.
-¿Qué hace aquí solo en el muelle?-
-Miro el mar... ¿Y usted?-
-Doy un paseo...-
-¿Qué es eso que está bebiendo?-
-No es nada...-
-¿Dónde esta su... Esposa? ¿Era esposa?-
-Si... ella murió hace casi 20 años, de neumonía...-
-¿Lo lamento?-
-¿Es eso una pregunta?-
-No lo sé, decídalo usted.-
-...-
-Nostalgia... ver el mar me hace sentir cierta nostalgia...-
-¿Cómo dice?-
-¿No lo siente? ¿No siente como el mar, con su triste mirada, nos invita a desahogar nuestras penas? El mar entiende que somos débiles. Comprende que nuestra tristeza es efímera. Y sabe muy bien que nuestra felicidad lo es aún más. Ya que el mar es sabio... Es probable que sea el único que sepa como dar consuelo a un alma en sufrimiento con su suave canto, delicioso aroma y cálido aliento.. Hay algo en su sencillez que... ¿Alguna vez se ha puesto a mirar el mar?-
-Hace mucho que no lo hago-
-¿Por qué?-
-No tengo tiempo-
-¿Es usted marinero?
-Lo fui hace mucho, hoy en día trabajo en una pescadería...-
-... Oh... ya veo...-
-¿Dónde trabaja usted?-
-En la fábrica que esta justo detrás de usted-
-... Ahí no hay nada, no veo ninguna fábrica-
-¿Ah no? Para mi es tan clara como la Luna-
-¿De que está usted hablando? ¡Ahí no hay ninguna fábrica!-
-Pero... Y si la hubiera... ¿Entonces me creería?-
-¡Pues claro!-
-¿Qué tal si le estuviese mintiendo?-
-¿Por qué lo haría? ¿Qué ganaría usted?-
-¿Qué gané con decirle que trabajaba en una fábrica inexistente?-
-Nada... Pero...-
-¿Por qué habría diferencia en el objetivo de mi mentira de existir tal lugar?-
-Pues...-
-Le mentí porque quise hacerlo-
Creyó dejar de ver a la figura por un segundo... pero después de parpadear varias veces para afinar su visión... descubrió que ahí seguía.
-Extraña a Susan ¿eh?-
Se le empalideció el rostro.
-¿Cómo sabe que su nombre era Susan?-
-Usted me lo dijo-
-No, no es cierto-
-Yo eso recuerdo...-
-¿Quién demonios eres?-
-...-
Una clara y serena mirada le petrificó.
-Tú... ¡Tú me arrebataste a Susan!...-
-Yo no le contagié de neumonía-
-Yo confiaba en ti...-
-Y yo en ti-
-¿Por qué no me dejaste regresar?-
-¿Yo?-
-No me dejaste estar con ella en su enfermedad... no pude estar con ella en su agonía...-
-¿De verdad?-
-¡Yo quería regresar!-
-Eso lo sé...-
-¡Yo quería estar con Susan!-
-¿La amabas?-
-Sabes que lo hacía... te lo dije muchas veces...-
-Ella te amaba mucho... me lo dijo-
-¿De verdad?-
-Sí...-
-¿Qué más te dijo?-
-Ella estaba feliz de que fueses marinero...-
-...-
-Y me pedía que te cuidara...-
-...-
-La noche en que partiste... me confesó sobre su enfermedad... me pidió que te mantuviese lejos mientras moría, pues no quería que la vieras sufrir... y me pidió que te dijera... que su vida comenzó cuando te conoció, y que no hubo día en el que no agradeciera al cielo que fueses parte de su vida... me pidió que te diera las gracias... –
Se mantuvo quieto en la misma posición, mirando al horizonte.
-Oye viejo amigo... te gustaría dar un paseo, como en los viejos tiempos- dijo él.
-Me encantaría- contestó la figura.
¿Qué fue ese ruido?
Se detuvo. Su bote le había pegado a algo. Pensó por un segundo que quizá era una piedra. Pero todas las mañanas hacía el mismo recorrido para salir del muelle lleno de pequeños botes pesqueros como el suyo y jamás había topado con ninguna piedra en 30 años. Se asomó para mirar qué era lo que había golpeado. El bote era pequeño, con una sola vela y una cabina para el piloto. Sólo cabían 3 personas como tripulación y ambos eran sus hijos, un par de bronceados y fuertes jóvenes.
Entre todos sacaron el cuerpo. Era el cadáver del marinero anciano y viudo del pueblo, ese que caminaba en las noches bebiendo y gritando por todo el entablado, aquel que vivía en esa vieja choza al final del muelle...
miércoles, junio 21, 2006
No más - 5
-¿Y la bruja?- Preguntó Ajedrez.
-La maté- Respondí.
-Soy joven, no pendejo-
-De donde vengo, es lo mismo-
-Me da lástima tu procedencia-
-Me daría lástima la tuya, pero no tienes- Dije burlándome.
-...-
-No sé qué le pasó a la pinche bruja... ¡Pero me vale!-
-¿Dundi’stán Raúl y Raúl?- Preguntó Tixfani.
-Ellos pues... están por nacer...-
-Eres la definición de “Estúpido”, ¿Te lo había dicho?- dijo el niño.
-Y tu chingas a tu madre... ¡Ah! Cierto... ¡no tienes!-
-Parecen divertirte ese tipo de bromas ¿eh?-
-No te haces una pinche idea-
-Y... ¿Dundi’stamos?-
-Sepa-
-Ay pendejo...-
-¿Y luego? ¿A dundi’vamus?-
-Sí... llevamos días caminando... ¿A dónde vamos?-
Hubo un largo silencio...
-Vamos a...- hice una pausa... – Vamos a buscarnos... otra caja de trailer-
-¿¿Qué??-
-Me oiste-
-¿¿Para qué coños queremos otra de esas mierdas??-
-Para vivir, pedazo de animal-
-No puedes estar hablando en serio...-
-Si no te parece la idea, lárgate-
-Oye'z, pos'tá güeno eso pero... ¿Di’ondi amos a sacar la madr'esa o qué?-
-Pues del mundo, obviamente-
Y sonreí.
-La maté- Respondí.
-Soy joven, no pendejo-
-De donde vengo, es lo mismo-
-Me da lástima tu procedencia-
-Me daría lástima la tuya, pero no tienes- Dije burlándome.
-...-
-No sé qué le pasó a la pinche bruja... ¡Pero me vale!-
-¿Dundi’stán Raúl y Raúl?- Preguntó Tixfani.
-Ellos pues... están por nacer...-
-Eres la definición de “Estúpido”, ¿Te lo había dicho?- dijo el niño.
-Y tu chingas a tu madre... ¡Ah! Cierto... ¡no tienes!-
-Parecen divertirte ese tipo de bromas ¿eh?-
-No te haces una pinche idea-
-Y... ¿Dundi’stamos?-
-Sepa-
-Ay pendejo...-
-¿Y luego? ¿A dundi’vamus?-
-Sí... llevamos días caminando... ¿A dónde vamos?-
Hubo un largo silencio...
-Vamos a...- hice una pausa... – Vamos a buscarnos... otra caja de trailer-
-¿¿Qué??-
-Me oiste-
-¿¿Para qué coños queremos otra de esas mierdas??-
-Para vivir, pedazo de animal-
-No puedes estar hablando en serio...-
-Si no te parece la idea, lárgate-
-Oye'z, pos'tá güeno eso pero... ¿Di’ondi amos a sacar la madr'esa o qué?-
-Pues del mundo, obviamente-
Y sonreí.
No más - 4
Me dolió cuando abrí los párpados... Estaba empapado en sudor y pegado a la caja de trailer como si me hubiesen soldado a ella. El calor era tan abrasador que no podía moverme ni un centímetro...
Sentía cómo el sudor que empapaba mi cuerpo burbujeaba por culpa del hirviente sofocación a la que éramos sometidos sin piedad. Por un momento llegué a temer que mi sangre fuese a evaporarse... en mi cerebro no cabía otro pensamiento más que el dolor.
Con mucha dificultad respiraba en pequeñas inhalaciones y ruidosos jadeos por exhalaciones. De no ser por la cobija sobre la cual dormía, mi piel habría sido tostada por la lámina de la caja.
-¿Qué te pasa?-
Una figura frente a mi me observaba. Yo no podía ver bien...
-Eh... Erh... Egh...-
No pude decir nada.
-No te puedes mover... ¿Verdad?- dijo la figura – es como el día en que llegué...
Ahí me di cuenta que era Ajedrez... ¿Por qué él sí podía moverse y hablar?
-Pensé lo que dijiste... y decidí que me tengo que ir de aquí-
“¿Qué?”
-¿Quieres venir conmigo?-
“¡¿A dónde?!”
-Eghh... – intenté hablar pero no pude hacerlo...
-La vida nos espera... podemos iniciar de cero-
“¡NO! Niño... espera...”
A su lado apareció otra figura... una muy ancha...
-Aún no lo entiendezzz... ¿¿verdaddd??- dijo la segunda silueta- Este niño es tu salvación... Es el Virgilio de tu Dante. Él puede sacarte del infierno-
-Así es- Dijo Ajedrez.- Sígueme, que tu pasado no importa ya, no se te juzgará más-
“¿Infierno?”
-Hoy mis plegaa~aarias al santísimo terminan, te toca decidir a ti, pues así lo manda Dios nuestro Señor...-
“¿Quién eres? ¿De qué chingados hablas?”
-¿Saa~aabez porqué no puedezzz moverte?-
“¿Alguien más está viendo esto?” miré con pesadez por el rabillo de mi ojo derecho buscando a Tixfani o a Raúl... o Raúl... pero no encontré a ninguno...
-Poooorque... ¡¡Te rendiste’zzz, ante Satanázzzz!!! ¡¡AHHHH!!!~ Ephpheta, quod est, Adaperire in odorem suavitatis!!... Tu autem effugare, diabole; appropinquabit enim judicium Dei!!-
“¡¡¡La pinche bruja!!! ¡Es la pinche bruja! Pero ¿Por qué se está moviendo? ¿Qué hace Ajedrez con ella? ”
- Abrenuntias satanae?-
“¿Qué carajos?”
-Erghh... ah... –
-Todo está en tu mente- dijo el niño- Vives atormentado por tu propio fantasma, el fantasma de tu yo ya muerto-
“¡Cállate pinche mocoso! ¿Estuviste hablando con la bruja? Te dije que no lo hicieras... ¡Está loca!”
-Déjalo descansar en paz...-
- Abrenuntias satanae?-
“Ahh... necesito... poder... despegarme...”
-Pues esa persona...-
- Abrenuntias satanae?-
“Necesito... poder...”
-Ya no eres tú...-
- Abrenuntias satanae?-
“Romperle... el hocico...”
-Eres otra persona...-
- Abrenuntias satanae?-
“¡AAAGHH! ¡DUELE¡”
-Completamente nueva...-
- Abrenuntias satanae?-
“Creo... que me... estoy...”
-Te mantienes en este purgatorio-
-Abrenuntias satanae?-
“Despegando... un poco... no... ¡Carajo!”
-Porque tienes miedo a intentar de nuevo...-
-Abrenuntias satanae?-
“Todo... es mi... culpa...”
-Pero... jamás se intenta “de nuevo”... –
-Abrenuntias satanae?-
“No debí... hablarte... así”
-Siempre se intenta por primera vez...-
- Abrenuntias satanae?-
“No... debiste... venir...”
-'Un hombre jamás se baña 2 veces en el mismo río'-
- Abrenuntias satanae?-
“Nunca...”
-Tu “yo” actual, es distinto...
- Abrenuntias satanae?-
“Perdóname... Ajedrez...”
-Al que escapó... -
- Abrenuntias satanae?-
“¡Ni... ni siquiera puedo llorar por ti!”
-Y aquel es otro mundo... -
- Abrenuntias satanae?-
“¡¡Debimos aniquilar a esa bruja cuando tuvimos la oportunidad!!”
-Distinto al que dejaste...-
- Abrenuntias satanae?-
“Raúl tenía razón...”
-¿Tu esposa?... ¿Tus hijas?...-
- Abrenuntias satanae?-
“Eras sólo una carga...”
-No más-
- Abrenuntias satanae?-
“Tú Ajedrez...”
-Hoy, te ofrezco la oportunidad... -
- Abrenuntias satanae?-
“¿Qué hacías en nuestro averno?”
-De nacer en ese nuevo mundo...-
- Abrenuntias satanae?-
“Ese día en el que llegaste... era como este...”
-Y salir del infierno...-
- Abrenuntias satanae?-
“Quizá... no eras un prisionero más...”
-De tu propio subconsciente...-
- Abrenuntias satanae?-
“Tu eres... la cordura que queda en mi...”
-¿Aceptas?-
- Abrenuntias satanae? (¿Renuncias a Satanás?)-
“Amén (Así sea).”
El dolor invadió entonces mis órganos internos... y retorciéndome dejé escapar un agónico alarido...
Sentía cómo el sudor que empapaba mi cuerpo burbujeaba por culpa del hirviente sofocación a la que éramos sometidos sin piedad. Por un momento llegué a temer que mi sangre fuese a evaporarse... en mi cerebro no cabía otro pensamiento más que el dolor.
Con mucha dificultad respiraba en pequeñas inhalaciones y ruidosos jadeos por exhalaciones. De no ser por la cobija sobre la cual dormía, mi piel habría sido tostada por la lámina de la caja.
-¿Qué te pasa?-
Una figura frente a mi me observaba. Yo no podía ver bien...
-Eh... Erh... Egh...-
No pude decir nada.
-No te puedes mover... ¿Verdad?- dijo la figura – es como el día en que llegué...
Ahí me di cuenta que era Ajedrez... ¿Por qué él sí podía moverse y hablar?
-Pensé lo que dijiste... y decidí que me tengo que ir de aquí-
“¿Qué?”
-¿Quieres venir conmigo?-
“¡¿A dónde?!”
-Eghh... – intenté hablar pero no pude hacerlo...
-La vida nos espera... podemos iniciar de cero-
“¡NO! Niño... espera...”
A su lado apareció otra figura... una muy ancha...
-Aún no lo entiendezzz... ¿¿verdaddd??- dijo la segunda silueta- Este niño es tu salvación... Es el Virgilio de tu Dante. Él puede sacarte del infierno-
-Así es- Dijo Ajedrez.- Sígueme, que tu pasado no importa ya, no se te juzgará más-
“¿Infierno?”
-Hoy mis plegaa~aarias al santísimo terminan, te toca decidir a ti, pues así lo manda Dios nuestro Señor...-
“¿Quién eres? ¿De qué chingados hablas?”
-¿Saa~aabez porqué no puedezzz moverte?-
“¿Alguien más está viendo esto?” miré con pesadez por el rabillo de mi ojo derecho buscando a Tixfani o a Raúl... o Raúl... pero no encontré a ninguno...
-Poooorque... ¡¡Te rendiste’zzz, ante Satanázzzz!!! ¡¡AHHHH!!!~ Ephpheta, quod est, Adaperire in odorem suavitatis!!... Tu autem effugare, diabole; appropinquabit enim judicium Dei!!-
“¡¡¡La pinche bruja!!! ¡Es la pinche bruja! Pero ¿Por qué se está moviendo? ¿Qué hace Ajedrez con ella? ”
- Abrenuntias satanae?-
“¿Qué carajos?”
-Erghh... ah... –
-Todo está en tu mente- dijo el niño- Vives atormentado por tu propio fantasma, el fantasma de tu yo ya muerto-
“¡Cállate pinche mocoso! ¿Estuviste hablando con la bruja? Te dije que no lo hicieras... ¡Está loca!”
-Déjalo descansar en paz...-
- Abrenuntias satanae?-
“Ahh... necesito... poder... despegarme...”
-Pues esa persona...-
- Abrenuntias satanae?-
“Necesito... poder...”
-Ya no eres tú...-
- Abrenuntias satanae?-
“Romperle... el hocico...”
-Eres otra persona...-
- Abrenuntias satanae?-
“¡AAAGHH! ¡DUELE¡”
-Completamente nueva...-
- Abrenuntias satanae?-
“Creo... que me... estoy...”
-Te mantienes en este purgatorio-
-Abrenuntias satanae?-
“Despegando... un poco... no... ¡Carajo!”
-Porque tienes miedo a intentar de nuevo...-
-Abrenuntias satanae?-
“Todo... es mi... culpa...”
-Pero... jamás se intenta “de nuevo”... –
-Abrenuntias satanae?-
“No debí... hablarte... así”
-Siempre se intenta por primera vez...-
- Abrenuntias satanae?-
“No... debiste... venir...”
-'Un hombre jamás se baña 2 veces en el mismo río'-
- Abrenuntias satanae?-
“Nunca...”
-Tu “yo” actual, es distinto...
- Abrenuntias satanae?-
“Perdóname... Ajedrez...”
-Al que escapó... -
- Abrenuntias satanae?-
“¡Ni... ni siquiera puedo llorar por ti!”
-Y aquel es otro mundo... -
- Abrenuntias satanae?-
“¡¡Debimos aniquilar a esa bruja cuando tuvimos la oportunidad!!”
-Distinto al que dejaste...-
- Abrenuntias satanae?-
“Raúl tenía razón...”
-¿Tu esposa?... ¿Tus hijas?...-
- Abrenuntias satanae?-
“Eras sólo una carga...”
-No más-
- Abrenuntias satanae?-
“Tú Ajedrez...”
-Hoy, te ofrezco la oportunidad... -
- Abrenuntias satanae?-
“¿Qué hacías en nuestro averno?”
-De nacer en ese nuevo mundo...-
- Abrenuntias satanae?-
“Ese día en el que llegaste... era como este...”
-Y salir del infierno...-
- Abrenuntias satanae?-
“Quizá... no eras un prisionero más...”
-De tu propio subconsciente...-
- Abrenuntias satanae?-
“Tu eres... la cordura que queda en mi...”
-¿Aceptas?-
- Abrenuntias satanae? (¿Renuncias a Satanás?)-
“Amén (Así sea).”
El dolor invadió entonces mis órganos internos... y retorciéndome dejé escapar un agónico alarido...
martes, junio 20, 2006
No más - 3
Tuve un sueño horrible... era un sueño de mi pasado. Veía a mi esposa con otro hombre, riéndose de mi mientras hacían el amor, insultando mi virilidad entre lascivos jadeos y profundos gemidos... Veía a mi hija la mayor siendo tocada por su maestro de matemáticas... mientras el le susurraba suciedades al oído. La amenazaba que si decía algo la reprobaba y perdía la beca de excelencia. Lloraba todas las noches en su cuarto desconsolada. Incluso algunas noches se podía oír la regadera prendida. Era mi hija que se bañaba una y otra y otra vez, esperando así dejar de sentirse sucia. En mi trabajo mi compañera de oficina me acosaba. Fingía llamadas por teléfono y decía cosas sucias. Me mostraba su escote y pantaletas a propósito, fingía tropezarse para tocar mis partes y me hacía preguntas indecorosas de mi vida privada. Y por las noches, antes de regresar a mi casa, siempre le hacía una visita sexual a su departamento... Más por obligación que por placer... ella tenía un hijo mio... Un compañero de trabajo nos atrapó y me obligó a hacer transacciones ilegales con el dinero de la compañía para no delatarme. Hicimos una serie de inversiones que fracasaron una a una.
-Taba’sudandu... p’nsé qui t’ibas’ahogar- Dijo Tixfani. Eran aproximadamente las diez de la mañana.
-Era nomás una pesadilla- contesté
-Ah güeno...-
-Ah... tengo sed, voy a buscar algo de tomar... ¿Vienes?-
-No, mejor no-
-Bueno-
Salí y comencé a caminar. Estaba lloviendo un poco, no lo suficiente para tomar agua de lluvia. Saqué mi navaja y empecé a cortar y pelar tunas. Después de unas 3 o 4... emprendí el regreso.
-¿A dónde vas?- Dijo Ajedrez, que se encontraba sentado en una piedra.
-¿Tú qué haces aquí?- le contesté
-Yo pregunté primero-
-Voy de retro, vine por tunas-
-Oh... entonces te dejo continuar tu camino-
-Hazte pendejo... contesta, ¿qué haces aquí?-
-Me paseo-
-¿Estás escapando?-
-No soy su prisionero, la palabra “escapar” está mal empleada-
-No eres prisionero nuestro... pero sí de tu circunstancia-
-...-
-¿Ah verdad? Pendejo...-
-...-
-Contesta ¿Estás escapando?-
-No...-
-... ¿qué? Perdón, no te escuché...-
-¡Que no!-
-Te da miedo ¿verdad?-
-No sé que sea eso-
-Te da miedo que si lo logras, te decepciones ¿no es así?-
-No...-
Hubo un largo silencio.
-Me da miedo que si lo logro- Dijo el niño- No sea capaz de entender... o de asimilar ese mundo... y termine deseando volver al trailer...-
-¿Qué?... ¿por eso no escapas?-
-¿Mande?-
-Tarado... a tu edad no deberías pensar esas pendejadas, niño bruto, si quieres irte, vete, y olvídate de las consecuencias... Después habrá tiempo de pensar en ellas cuando lleguen... Este tipo de cosas se hacen y ya-
El niño comenzó a llorar... yo lo abracé.
Nunca supe por qué... pero definitivamente ese niño era fuera de lo ordinario... a veces, cuando lo pienso mucho, llego a creer que no era un ser humano...
Cuando el niño dejó de llorar, dejó de llover... y regresamos a la caja.
-Taba’sudandu... p’nsé qui t’ibas’ahogar- Dijo Tixfani. Eran aproximadamente las diez de la mañana.
-Era nomás una pesadilla- contesté
-Ah güeno...-
-Ah... tengo sed, voy a buscar algo de tomar... ¿Vienes?-
-No, mejor no-
-Bueno-
Salí y comencé a caminar. Estaba lloviendo un poco, no lo suficiente para tomar agua de lluvia. Saqué mi navaja y empecé a cortar y pelar tunas. Después de unas 3 o 4... emprendí el regreso.
-¿A dónde vas?- Dijo Ajedrez, que se encontraba sentado en una piedra.
-¿Tú qué haces aquí?- le contesté
-Yo pregunté primero-
-Voy de retro, vine por tunas-
-Oh... entonces te dejo continuar tu camino-
-Hazte pendejo... contesta, ¿qué haces aquí?-
-Me paseo-
-¿Estás escapando?-
-No soy su prisionero, la palabra “escapar” está mal empleada-
-No eres prisionero nuestro... pero sí de tu circunstancia-
-...-
-¿Ah verdad? Pendejo...-
-...-
-Contesta ¿Estás escapando?-
-No...-
-... ¿qué? Perdón, no te escuché...-
-¡Que no!-
-Te da miedo ¿verdad?-
-No sé que sea eso-
-Te da miedo que si lo logras, te decepciones ¿no es así?-
-No...-
Hubo un largo silencio.
-Me da miedo que si lo logro- Dijo el niño- No sea capaz de entender... o de asimilar ese mundo... y termine deseando volver al trailer...-
-¿Qué?... ¿por eso no escapas?-
-¿Mande?-
-Tarado... a tu edad no deberías pensar esas pendejadas, niño bruto, si quieres irte, vete, y olvídate de las consecuencias... Después habrá tiempo de pensar en ellas cuando lleguen... Este tipo de cosas se hacen y ya-
El niño comenzó a llorar... yo lo abracé.
Nunca supe por qué... pero definitivamente ese niño era fuera de lo ordinario... a veces, cuando lo pienso mucho, llego a creer que no era un ser humano...
Cuando el niño dejó de llorar, dejó de llover... y regresamos a la caja.
sábado, junio 03, 2006
No más - 2
-Ya me estaba aburriendo... qué bueno que despertaste- dijo Ajedrez que se encontraba recargado en una puerta mirando el violeta amanecer. Eran aproximadamente las 5 de la mañana.
-¿Dormiste bien mocoso?- le pregunté.
-Sí, dentro de lo que cabe... –
-Dios mío... ¿No puedes hablar como un niño de tu edad?-
-Jamás he tenido el placer de conocer alguno, ¿recuerdas?-
-Sí, pero ninguno de nosotros hablamos así... no me explico...-
-Supéralo-
-Ya cállate-
Nos quedamos en silencio algunos momentos. El niño no tenía la culpa de ser así. Se merecía algo mejor en verdad, pero estaba junto con el resto de nosotros condenado a cumplir sentencia en la caja trailer. ¿Cuál habrá sido su crimen?.
-Oye...- dijo el niño- ¿y si nos vamos de aquí?-
-No tenemos a donde ir, por eso estamos aquí- le contesté...
-Pero... es que... esto no puede seguir así-
-¿Seguir cómo? No sufres, no trabajas, no tienes responsabilidades...-
-Nunca las he tenido...-
-¿Para qué quieres tenerlas?-
-Para vivir...-
-Estás vivo, déjate ya te estupideces-
-No, esto no es vivir, esto es sobrevivir... quiero una de esas vidas que todos ustedes cuentan, quiero experimentar algo más que 5 pseudo-individuos que huyen de una vida que no comprendo y jamás he experimentado... quiero conocer...-
-El mundo allá afuera no es lindo, por eso escapamos, ¿no habías pensado en eso?, La gente allá sufre, llora, se agobia, mata y es matada, maltrata y es maltratada... Aquí no, por eso estamos aquí, porque aquí somos felices-
-Pues si es así, quiero ser infeliz...-
Hubo silencio...
-Estas enfermo de algo muy feo niño...-
-Quiero irme de aquí...-
Tixfani despertó en ese momento, él estaba justo del otro lado de la caja, frente a mi.
-Buenzz días... – dijo con ese extraño acento que lo caracteriza.
-Hola carnal- contesté
-Buenos días – dijo el niño
-Y... ¿qui vamzz’acer el día di’oy o qué?-
-Lo mismo que todos los días, compadre-
-Pudrirse hasta morir- dijo el niño.
-¡Ciérralo mocoso!-
-Sss... eh.. ¿Qui’trai?-
-No sé, anda raro... ni lo peles-
-Güeno...-
-Pues ¿qué te parece si vamos a buscar algo de comer?
-Qué te parece si mejor te armas de valor, decides por fin enfrentar los fantasmas de tu pasado y nos vamos de este infierno en caja-
-A ti ni quién te hable, pinche mocoso amargado...-
-Ah chingá, ¿tons mi decías a mi?-
-Simón, vámonos Tixfani-
Salimos de ahí, el niño estaba muy molesto ese día en especial. Hacía ya algunas semanas que nos pedía que saliéramos del trailer, pero no podemos, no tenemos a donde ir. Y si ahí estábamos bien, nadie encontraba motivo para escapar. Regresamos con tunas y nopales, y Tixfani se las ingenió para atrapar 2 víboras de cascabel... sabían horrible pero era algo de proteína al menos...
-Qué onda, a desayunar- Les dije a Raúl y a Raúl.
-¿Cómo andamos carnal?- Me dijo Raúl mientras se rascaba la axila.
-Bien bien, ¿ustedes?-
-Mal- contestó Raúl que estaba justo detrás de Raúl, quitándose el pelo de la cara- Pinche Raúl se pedorreo cabronamente toda la noche.
-Ni modo güey, pedo con sueño no tiene dueño- contestó Raúl.
-Como tú no eres el que se los fuma, ¿verdad pendejo?-
-¿Ya terminaste’s? ¿Podemos comer?-
-Pedorro...-
-Chillón...-
-¡Raúl!- dijo el niño mientras se comía una tuna.
-¿Qué?- contestaron ambos.
-¿Verdad que sí?-
-¿Sí qué?- dijo Raúl
-Tú di que sí-
-Ay no mames- dijo Raúl
-Sí, no mames- contestó Raúl – Verdad que sí ¿qué?-
-El morro anda con que se quiere escapar de nuevo- dije yo
-Pos vete güey- dijoRaúl
-No seas estúpido, no puedo hacer eso solo, soy muy pequeño- dijo Ajedrez- Además si llego a la carretera, o mejor aún, a un pueblo, nadie me va a tomar en serio, de hecho, estaría expuesto a todo género de maniacos y violadores, no es por nada, pero soy un niño muy bonito- y sonrió.
-Ja ja ja ja ja ja, ¿qué le dieron al chamaco? ‘ora’sta carita se siente el pendejo- dijo Raúl.
-Ya cállate Ajedrez, al rato salgo contigo a cazar coyotes o algo...- dije.
-No hay coyotes aquí, imbécil ¿Cuántas veces te lo tengo que decir?- contestó Ajedrez.
-¿Quién chingados le enseñó al niño a insultar?- Pregunté indignado
-Tixfani- dijo Raúl.
-‘Ora yo... ¿fuiste’z tú pa’quí ti’aces? Tú te la pasas a dice y dice majaderillas-
-Ejem... “majaderías” Tixfani- dije yo.
-D’esas madres-
-Bueno, el punto es que nadie va a irse de aquí, ‘tamos bien, y es todo pinche chamaco...- le dije a Ajedrez.
-Hagan lo que quieran, montón de trogloditas antropoides...-
Todos hicimos una silenciosa pausa...
-No, ya mamó- dijo Raúl
-A ver, a ver– dije yo – sí, te oyes muy chido y todo pero dime, ¿Qué chingados significa antropoide y troglodita? Ni sabes mocoso pendejo, es nomás por hablar como mamón-
-Antropoide- dijo Ajedrez - es un adjetivo y es lo dicho de un animal, especialmente de un mono antropomorfo, esto es, que por sus caracteres morfológicos externos se asemeja al hombre. Troglodita en cambio es un adjetivo y/o sustantivo usado para referirse a una persona que habita en cavernas y/o con tendencias bárbaras y crueles.-
-Puta madre... - dijeron Raúl y Raúl al unísono.
Hubo un silencio.
-¿Qué chingada madre eres, cabrón?- dije desconcertado - ¿Traes contigo un pinche diccionario o qué?-
-¿Quién es el pendejo ahora?- dijo Ajedrez esbozando una petulante sonrisa.
Ese día no hizo mucho calor, de hecho amenazaba con llover. Y aunque todos esperábamos con ansias que así fuese, no pasó... yo le enseñe a Ajedrez a jugar fútbol con una biznaga que des-espinamos. Estaba bien dura, y hacía años que no me movía, entonces me cansé poco después de empezar. Tuxfani tuvo que hacerme relevo. Hasta eso es muy bueno jugando, sin tomar en cuenta sus problemas de equilibrio, claro está. Raúl y Raúl se la pasaron jugando “venciditas” y más tarde le enseñaron a Ajedrez a escupir gargajos y a “romper madres”. La bruja Sofía se la pasó como siempre, repitiendo una y otra vez conjuros en latín o en griego o algo así... Nadie nunca la pela, es lo que lo hace más escalofriante. En la noche nos quedamos a ver las estrellas un rato, pero como seguía nublado, no vimos mucho. Al menos las paredes y suelo de metal de la caja trailer se enfriaron un poco, haciendo que esa noche, dormir, fuese más cómodo...
-¿Dormiste bien mocoso?- le pregunté.
-Sí, dentro de lo que cabe... –
-Dios mío... ¿No puedes hablar como un niño de tu edad?-
-Jamás he tenido el placer de conocer alguno, ¿recuerdas?-
-Sí, pero ninguno de nosotros hablamos así... no me explico...-
-Supéralo-
-Ya cállate-
Nos quedamos en silencio algunos momentos. El niño no tenía la culpa de ser así. Se merecía algo mejor en verdad, pero estaba junto con el resto de nosotros condenado a cumplir sentencia en la caja trailer. ¿Cuál habrá sido su crimen?.
-Oye...- dijo el niño- ¿y si nos vamos de aquí?-
-No tenemos a donde ir, por eso estamos aquí- le contesté...
-Pero... es que... esto no puede seguir así-
-¿Seguir cómo? No sufres, no trabajas, no tienes responsabilidades...-
-Nunca las he tenido...-
-¿Para qué quieres tenerlas?-
-Para vivir...-
-Estás vivo, déjate ya te estupideces-
-No, esto no es vivir, esto es sobrevivir... quiero una de esas vidas que todos ustedes cuentan, quiero experimentar algo más que 5 pseudo-individuos que huyen de una vida que no comprendo y jamás he experimentado... quiero conocer...-
-El mundo allá afuera no es lindo, por eso escapamos, ¿no habías pensado en eso?, La gente allá sufre, llora, se agobia, mata y es matada, maltrata y es maltratada... Aquí no, por eso estamos aquí, porque aquí somos felices-
-Pues si es así, quiero ser infeliz...-
Hubo silencio...
-Estas enfermo de algo muy feo niño...-
-Quiero irme de aquí...-
Tixfani despertó en ese momento, él estaba justo del otro lado de la caja, frente a mi.
-Buenzz días... – dijo con ese extraño acento que lo caracteriza.
-Hola carnal- contesté
-Buenos días – dijo el niño
-Y... ¿qui vamzz’acer el día di’oy o qué?-
-Lo mismo que todos los días, compadre-
-Pudrirse hasta morir- dijo el niño.
-¡Ciérralo mocoso!-
-Sss... eh.. ¿Qui’trai?-
-No sé, anda raro... ni lo peles-
-Güeno...-
-Pues ¿qué te parece si vamos a buscar algo de comer?
-Qué te parece si mejor te armas de valor, decides por fin enfrentar los fantasmas de tu pasado y nos vamos de este infierno en caja-
-A ti ni quién te hable, pinche mocoso amargado...-
-Ah chingá, ¿tons mi decías a mi?-
-Simón, vámonos Tixfani-
Salimos de ahí, el niño estaba muy molesto ese día en especial. Hacía ya algunas semanas que nos pedía que saliéramos del trailer, pero no podemos, no tenemos a donde ir. Y si ahí estábamos bien, nadie encontraba motivo para escapar. Regresamos con tunas y nopales, y Tixfani se las ingenió para atrapar 2 víboras de cascabel... sabían horrible pero era algo de proteína al menos...
-Qué onda, a desayunar- Les dije a Raúl y a Raúl.
-¿Cómo andamos carnal?- Me dijo Raúl mientras se rascaba la axila.
-Bien bien, ¿ustedes?-
-Mal- contestó Raúl que estaba justo detrás de Raúl, quitándose el pelo de la cara- Pinche Raúl se pedorreo cabronamente toda la noche.
-Ni modo güey, pedo con sueño no tiene dueño- contestó Raúl.
-Como tú no eres el que se los fuma, ¿verdad pendejo?-
-¿Ya terminaste’s? ¿Podemos comer?-
-Pedorro...-
-Chillón...-
-¡Raúl!- dijo el niño mientras se comía una tuna.
-¿Qué?- contestaron ambos.
-¿Verdad que sí?-
-¿Sí qué?- dijo Raúl
-Tú di que sí-
-Ay no mames- dijo Raúl
-Sí, no mames- contestó Raúl – Verdad que sí ¿qué?-
-El morro anda con que se quiere escapar de nuevo- dije yo
-Pos vete güey- dijoRaúl
-No seas estúpido, no puedo hacer eso solo, soy muy pequeño- dijo Ajedrez- Además si llego a la carretera, o mejor aún, a un pueblo, nadie me va a tomar en serio, de hecho, estaría expuesto a todo género de maniacos y violadores, no es por nada, pero soy un niño muy bonito- y sonrió.
-Ja ja ja ja ja ja, ¿qué le dieron al chamaco? ‘ora’sta carita se siente el pendejo- dijo Raúl.
-Ya cállate Ajedrez, al rato salgo contigo a cazar coyotes o algo...- dije.
-No hay coyotes aquí, imbécil ¿Cuántas veces te lo tengo que decir?- contestó Ajedrez.
-¿Quién chingados le enseñó al niño a insultar?- Pregunté indignado
-Tixfani- dijo Raúl.
-‘Ora yo... ¿fuiste’z tú pa’quí ti’aces? Tú te la pasas a dice y dice majaderillas-
-Ejem... “majaderías” Tixfani- dije yo.
-D’esas madres-
-Bueno, el punto es que nadie va a irse de aquí, ‘tamos bien, y es todo pinche chamaco...- le dije a Ajedrez.
-Hagan lo que quieran, montón de trogloditas antropoides...-
Todos hicimos una silenciosa pausa...
-No, ya mamó- dijo Raúl
-A ver, a ver– dije yo – sí, te oyes muy chido y todo pero dime, ¿Qué chingados significa antropoide y troglodita? Ni sabes mocoso pendejo, es nomás por hablar como mamón-
-Antropoide- dijo Ajedrez - es un adjetivo y es lo dicho de un animal, especialmente de un mono antropomorfo, esto es, que por sus caracteres morfológicos externos se asemeja al hombre. Troglodita en cambio es un adjetivo y/o sustantivo usado para referirse a una persona que habita en cavernas y/o con tendencias bárbaras y crueles.-
-Puta madre... - dijeron Raúl y Raúl al unísono.
Hubo un silencio.
-¿Qué chingada madre eres, cabrón?- dije desconcertado - ¿Traes contigo un pinche diccionario o qué?-
-¿Quién es el pendejo ahora?- dijo Ajedrez esbozando una petulante sonrisa.
Ese día no hizo mucho calor, de hecho amenazaba con llover. Y aunque todos esperábamos con ansias que así fuese, no pasó... yo le enseñe a Ajedrez a jugar fútbol con una biznaga que des-espinamos. Estaba bien dura, y hacía años que no me movía, entonces me cansé poco después de empezar. Tuxfani tuvo que hacerme relevo. Hasta eso es muy bueno jugando, sin tomar en cuenta sus problemas de equilibrio, claro está. Raúl y Raúl se la pasaron jugando “venciditas” y más tarde le enseñaron a Ajedrez a escupir gargajos y a “romper madres”. La bruja Sofía se la pasó como siempre, repitiendo una y otra vez conjuros en latín o en griego o algo así... Nadie nunca la pela, es lo que lo hace más escalofriante. En la noche nos quedamos a ver las estrellas un rato, pero como seguía nublado, no vimos mucho. Al menos las paredes y suelo de metal de la caja trailer se enfriaron un poco, haciendo que esa noche, dormir, fuese más cómodo...
martes, mayo 30, 2006
No más - 1
Recuerdo que hacía un calor infernal dentro de la caja trailer en la que vivíamos. La camiseta llena de aceite de automóvil y manchas de sudor se me embarraba al cuerpo como si me untaran manteca... era asqueroso. Estúpido desierto...
Estábamos en medio de Sonora... (o Durango... no estoy seguro), a la mitad de la nada, todos dentro de una caja trailer golpeada... no sabemos como llegó ahí. Obviamente fue un accidente pues los golpes indicaban que chocaron con ella... pero no había carreteras en kilómetros. Un misterio en verdad.
Ahí dentro habitábamos 6 personas incluyéndome a mi. El más joven era Ajedrez, un mocoso insolente, de unos 6 años, con delirios de grandeza y del cual nadie sabe nada. Hacía un calor verdaderamente sofocante ese día de verano y cociéndonos en nuestra letárgica inmovilidad, vimos cómo el niño entró gateando a la caja. Habrá tenido un año cuando mucho en ese entonces. Sorprendentemente sabía hablar más o menos, y dijo que su nombre era Ajedrez pero como nos pesaba incluso parpadear, nadie dijo nada. Vive con nosotros desde entonces.
También con nosotros viven Raúl y Raúl, que según dicen, fueron los primeros en llegar al trailer, al menos de los normales, porque está también la bruja Sofía que se cree que vive aquí desde siempre, pero a ella nadie la cuenta. Raúl y Raúl son dos hombres de carácter muy duro, de pasado pendenciero y problemático. Ambos pertenecían a una banda de criminales motorizados llamados “La cruz de Judas”. Yo recuerdo de pequeño haber escuchado noticias de sus actos vandálicos y criminales, desde quemar coches hasta asesinar dueños de bares y restaurantes. Ambos son ex convictos. El primero, Raúl, es un hombre pelirrojo de piel dorada por el sol, una barba muy poblada, con bigotes como de morsa y de cabeza rapada... siempre usaba un paliacate azul en la cabeza. Lleva puesto un chaleco y unos pantalones de mezclilla, ambos casi en harapos. Sobre su pantalón sobresale su redondo estómago que dice orgulloso “soy el fruto de 30 años de beber cerveza”. Y su compañero, Raúl, es un hombre moreno de cabello largo y bigote tupido. Era un poco más robusto que Raúl, y llevaba una camisa de corte vaquero abierta por el calor. Unos pantalones de cuero y unas botas. ¡Ah! Sí, casi lo olvido... Raúl y Raúl eran amantes homosexuales. Creo que por eso huyeron de la banda. Eran hombres muy rudos, por eso me costaba en un principio creer que en realidad eran gay... hasta que un día me desperté en la noche y los vi... pues... siendo homosexuales... Además de eso, nunca nos han contado nada más de su vida. Quizá sea mejor así.
Otro de los habitantes del trailer era Tixfani, un hombre más o menos de mi edad, de baja estatura, moreno y de cabello tieso y lacio, y bigote aguamielero. Tixfani, según entiendo significa borracho en otomí, y no me sorprende que se llame así este buen hombre. Siempre parecía estar ebrio, creemos que enloqueció por el calor... pero no se puede asegurar nada. No sé que hace un otomí por acá por el norte, pero bueno, es lo de menos, además era muy buena persona, amable y alegre (se lo atribuyo al estado de embriaguez). Es con la persona que más hablaba.
La más misteriosa de todas las personas ahí dentro, es la bruja Sofía. Jamás dijo algo coherente. Al menos jamás le escuché hacerlo. Era una anciana de cabellos largos y plateados, se encontraba como aplastada en una oscura esquina del cajón, cubierta por muchas mantas. Ella siempre estaba a muy baja temperatura, por más calor que hiciese... sólo que olía como a humedad y por eso todos evitaban acercársele...
Por último, estoy yo. Un perdedor de 40 años, casado y con 2 hijas, con una maestría y un doctorado, además de un centenar de diplomados, abandonado en una caja de trailer con un montón de fenómenos, refugiándose e intentando olvidar cómo es que una vida aparentemente perfecta se desplomó obligándole a huir para siempre a un desierto para ver como le crece la panza día con día. Aún me pregunto por qué pasaba eso si casi no comíamos.
Estábamos en medio de Sonora... (o Durango... no estoy seguro), a la mitad de la nada, todos dentro de una caja trailer golpeada... no sabemos como llegó ahí. Obviamente fue un accidente pues los golpes indicaban que chocaron con ella... pero no había carreteras en kilómetros. Un misterio en verdad.
Ahí dentro habitábamos 6 personas incluyéndome a mi. El más joven era Ajedrez, un mocoso insolente, de unos 6 años, con delirios de grandeza y del cual nadie sabe nada. Hacía un calor verdaderamente sofocante ese día de verano y cociéndonos en nuestra letárgica inmovilidad, vimos cómo el niño entró gateando a la caja. Habrá tenido un año cuando mucho en ese entonces. Sorprendentemente sabía hablar más o menos, y dijo que su nombre era Ajedrez pero como nos pesaba incluso parpadear, nadie dijo nada. Vive con nosotros desde entonces.
También con nosotros viven Raúl y Raúl, que según dicen, fueron los primeros en llegar al trailer, al menos de los normales, porque está también la bruja Sofía que se cree que vive aquí desde siempre, pero a ella nadie la cuenta. Raúl y Raúl son dos hombres de carácter muy duro, de pasado pendenciero y problemático. Ambos pertenecían a una banda de criminales motorizados llamados “La cruz de Judas”. Yo recuerdo de pequeño haber escuchado noticias de sus actos vandálicos y criminales, desde quemar coches hasta asesinar dueños de bares y restaurantes. Ambos son ex convictos. El primero, Raúl, es un hombre pelirrojo de piel dorada por el sol, una barba muy poblada, con bigotes como de morsa y de cabeza rapada... siempre usaba un paliacate azul en la cabeza. Lleva puesto un chaleco y unos pantalones de mezclilla, ambos casi en harapos. Sobre su pantalón sobresale su redondo estómago que dice orgulloso “soy el fruto de 30 años de beber cerveza”. Y su compañero, Raúl, es un hombre moreno de cabello largo y bigote tupido. Era un poco más robusto que Raúl, y llevaba una camisa de corte vaquero abierta por el calor. Unos pantalones de cuero y unas botas. ¡Ah! Sí, casi lo olvido... Raúl y Raúl eran amantes homosexuales. Creo que por eso huyeron de la banda. Eran hombres muy rudos, por eso me costaba en un principio creer que en realidad eran gay... hasta que un día me desperté en la noche y los vi... pues... siendo homosexuales... Además de eso, nunca nos han contado nada más de su vida. Quizá sea mejor así.
Otro de los habitantes del trailer era Tixfani, un hombre más o menos de mi edad, de baja estatura, moreno y de cabello tieso y lacio, y bigote aguamielero. Tixfani, según entiendo significa borracho en otomí, y no me sorprende que se llame así este buen hombre. Siempre parecía estar ebrio, creemos que enloqueció por el calor... pero no se puede asegurar nada. No sé que hace un otomí por acá por el norte, pero bueno, es lo de menos, además era muy buena persona, amable y alegre (se lo atribuyo al estado de embriaguez). Es con la persona que más hablaba.
La más misteriosa de todas las personas ahí dentro, es la bruja Sofía. Jamás dijo algo coherente. Al menos jamás le escuché hacerlo. Era una anciana de cabellos largos y plateados, se encontraba como aplastada en una oscura esquina del cajón, cubierta por muchas mantas. Ella siempre estaba a muy baja temperatura, por más calor que hiciese... sólo que olía como a humedad y por eso todos evitaban acercársele...
Por último, estoy yo. Un perdedor de 40 años, casado y con 2 hijas, con una maestría y un doctorado, además de un centenar de diplomados, abandonado en una caja de trailer con un montón de fenómenos, refugiándose e intentando olvidar cómo es que una vida aparentemente perfecta se desplomó obligándole a huir para siempre a un desierto para ver como le crece la panza día con día. Aún me pregunto por qué pasaba eso si casi no comíamos.
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