Arteria.
Era a las 6 en punto. A esa hora todos ya estábamos dentro de nuestro recinto asignado, mirando a través de la amplia ventana única. Debíamos esperar quietos la inspección. Podíamos sentarnos, podíamos permanecer parados. Lo que no podíamos era darles la espalada. Como regla, todos teníamos que estar a una distancia razonable de las personas con las que habitábamos, para así facilitar el conteo. Los muebles estaban prohibidos. Las cortinas también. Nadie podía ir al baño durante la inspección. Una ventana nunca era sondeada 2 veces en una noche de revisión. Si tu recinto ya había sido examinado, no podías salir hasta que la inspección terminara. Si alguien rompía las reglas, sufriría las consecuencias. Y ya que nadie quería sufrir las consecuencias, nadie sabía cuáles eran éstas.
Yo tenía los ojos bien abiertos, con el compás a medias y recargado en la pared. Sudando en frío y con el corazón como bólido. Quería ver si Acústica se había puesto en posición pero me daba terror quitarle la mirada de encima al vigilante. "Por favor que se haya puesto en posición. Por favor".
Me ponían nervioso las inspecciones.
Parecían hombres. Hombres enormes, dentro de una angulosa armadura metálica; bastante ceñida pero con unas hombreras colosales. Una capucha verde cubría sus cabezas y en su rostro siempre había una petrificante máscara blanca. En ella había una ranura por la cual brillaba lo que parecía ser un enorme y acechante ojo. Los vigilantes se trasladaban flotando por el aire, brincando y girando de ventana en ventana. A veces de cabeza, a veces de pie, frenando en seco, examinándonos y cambiando al siguiente recinto.
Nadie sabe cuántos vigilantes hay en total.
Después del minuto más largo del día, el vigilante, aparentemente ya satisfecho, giró velozmente hacia arriba para inspeccionar el siguiente recinto. Yo me quedé recargado en la pared, inmóvil.
-Siempre haces lo mismo-. Acústica se acercó a donde estaba yo. Ella era mi compañera de recinto.
-Ya se fue miedoso; ya puedes respirar de nuevo- Hacía 6 años se nos había asignado vivir en el mismo recinto. Mi hermano Hielo, de 16, aún vivirá un año más con mis padres.
Ella quedó huérfana a los 12 y se le asignó un recinto temporal hasta los 17. Fue entonces cuando la conocí -No entiendo por qué tienes tanto miedo, nunca hacen nada; sólo nos miran y ya…- dijo enfadada.
Desde el primer momento en que la vi, me había parecido muy hermosa; de cabello rojo y rizado, con centellantes y profundos ojos color ámbar acentuados por un par de largas y curvadas cejas. Su sonrisa completaba el hechizante conjunto; amplia y rebelde, brillaba por si desinhibición y su blancura. Su mirada parecía volverse aún más penetrante cuando sonreía.
-Lo siento- dije apenado como todas las noches. Ella suspiró.
-Lo sé, lo sé… es sólo tu forma de ser- Me dio una amistosa palmadita en el hombro. Me sonrió -Oye, voy con Hypno, regreso en la noche. ¿Tú vas a salir a algún lado?- Hypno era el novio de Acústica.
-Sí, también tenía pensado salir- contesté.
No sabía qué era lo que veía en ese patán.
-¿Irás a ver a Data?- Me preguntó.
-No… Data y yo rompimos hace dos semanas- respondí.
-No lo sabía… los siento tanto Tríler- dijo con mirada tierna, intentando consolarme.
-Nah, está bien, no te preocupes-.
-Okey… Vuelvo como a las 2 ¿Está bien?- confirmó.
-Dejaré la ventana abierta- le dije finalmente.
Ella tomó su esfera y saltó hacia uno de los cables. Giró sobre él unos segundos y cambió súbitamente de cuerda. Lo fue haciendo hasta que la perdí de vista.
Tomé mi esfera y salí también.
Todos en Disco vivimos en recintos. Estos nos son asignados a los 17 y no son intercambiables. El recinto es una habitación vacía en la cual dormimos. Nos está prohibido decorarla o amueblarla. Entre los edificios de recintos hay espacios sin fondo. Para conectar un edificio con otro, hay cables. Los cables son cuerdas de metal que conectan los recintos, generalmente localizados a 100 metros de distancia en línea recta. Estos cables continúan hasta la profundidad oscura, (la zona bajo los recintos) y hasta la altura última, (o la parte más alta de los recintos, desde donde se pueden ver los tejados y las altas murallas). Hay cables para ir a cualquier lugar en la ciudad de Disco. Para moverte en un cable, necesitas esferas. Las esferas se nos dan al nacer, y son instrumentos magnéticos que permiten adherirse al cable y moverse a voluntad a través de ellos. Sin esferas, no podríamos salir del recinto hacia la calle.
Odiaba salir. Pero odiaba el recinto. Sólo quería estar con Acústica.
Comencé a ascender, saltando de cable en cable. La gente pululaba en las calles como gusanos en carne podrida. Gusanos muy ruidosos. Por allá, el grito histérico de una madre al ver que su hijo perdía el control de su esfera y caía en las fauces de la profundidad oscura para no ser visto nunca más. La noche siempre estaba llena de sollozos. En las mañanas rara vez alguien caía. Un poco más arriba, los bohemios. Pacíficos, poéticos. Siempre con un verso en los labios, hablando en metáfora, abusando el hipérbaton. Mirada plástica, sonrisa falsa, palabras vacías. Por otro lado, a unos metros de profundidad oscura, habitaba la pandilla oposición, delincuentes que se dedican a crear caos, justificándose con palabras lindas como rebelión y libertad. Palabras que en realidad nadie puede definir.
Ambos grupos me enervaban. Sin embargo, muy lejos de oposición y una vez superados los bohemios… estaba altura última, el fin de los cables y mi lugar favorito desde siempre.
-¡Hermano!- gritó Hielo, mientras interrumpía mi acenso -Hermano, ¿A dónde vas? Ya es hora de comer-.
-¿Qué haces aquí Hielo? No puedes cruzar la zona de los bohemios hasta los 17…-.
-Lo sé, lo sé, tú no digas nada a nadie y no habrá problema; además, en un año más tendré 17, no sé cuál es el apuro- contestó Hielo con enfado.
-Es peligroso niño, debes regresar ahora- dije con voz firme.
-Tú también Tríler, es hora de comer-.
-No tengo hambre- contesté.
-¿Te sientes mal por lo de Data?-.
Hice silencio y le miré enfadado. -No, eso fue hace semanas… no es tu asunto de todos modos, déjame estar solo un rato-.
-De acuerdo, de acuerdo… ¿Pero prometes que no dirás nada a Mamá y a Papá?-.
-¿Sobre qué?- Le pregunté fingiendo.
-Sobre mi… en la zona bohemia…-.
-Lo sé Hielo- contesté inmediatamente decepcionado- era sarcasmo para demostrarte que ya lo olvidé…-.
-El sarcasmo nunca fue un don tuyo- dijo riendo entre dientes.
-Lárgte-.
Hielo se dejó caer en picada. Unos metros antes de llegar al nivel de mi recinto, se aferró a un cable con su esfera y entró por una ventana. Yo prefería mirar el cielo. Cielo negro, con un místico resplandor blanco en el centro, como el destello de un espejo en la oscuridad. Cegador. Sensual. Misterioso. Los tejados triangulares al horizonte sobresalían de la penumbra del interrumpido horizonte como delgadas líneas plateadas. Debajo de mi, el dorado resplandor de los candelabros horizontales. Al final del frío paisaje, las murallas que nos enclaustraban se entretejían con el cielo, dando la impresión de encerrarnos en una burbuja cósmica.
Pensaba sobre lo que podía haber más allá. El mundo de los vigilantes. Lo que hay detrás de la máscara. Qué razón habría para tenernos encerrados. La filosofía de mis noches consistía siempre de tales razones.
Después de unas horas de melancólica reflexión, decidí bajar con la esperanza de que Acústica estuviese ya en el recinto. No fue así. Suspiré. Con la ventana abierta como prometí, me desnudé, coloqué mi ropa en el incinerador y me fui a dormir a mi esquina habitual. Era aún temprano.
Todos los recintos tienen tres puertas internas, una de estas puerta conecta al un pasillo garganta, en cuyo final se encuentra la espina: una escalera en espiral al centro del edificio. Esta escalera lleva al piso equis. Había un piso equis en cada edificio. En el piso equis no hay pasillo garganta. En su lugar hay 3 puertas. Tras esas puertas hay 3 cafeterías. Todos los días en la mañana se nos asigna una cafetería con un mensaje bajo la puerta de nuestro recinto. Durante la noche, antes del amanecer, tenemos que quitarnos la ropa y llevarla al incinerador, localizado en la segunda puerta del recinto. Al día siguiente, más ropa aparece junto a esta. Siempre los mismos modelos. Distintos en cada recinto. La tercera puerta es un baño que consiste de una regadera y un tubo metálico que dispensa jabón.
Abrí los ojos la mañana siguiente. Estaba recostado en una esquina en posición fetal, mirando hacia la puerta que conecta el recinto con el pasillo garganta. Me levanté con pereza y me tallé el rostro. Miré alrededor. La ventana seguía abierta y sólo estaba mi ropa junto al incinerador. Acústica no se veía por ningún lado. "¡Hypno!" fue lo primero que me vino a la mente.
Me vestí apresurado y salté con mi esfera por la ventana. Las mañanas no eran muy concurridas en Disco generalmente. Ese día no era la excepción.
No tenemos que trabajar. No tenemos nada que hacer más que seguir las reglas.
-¡Tríler! ¿Cómo estás?- gritó Hypno al verme.
-¿Dónde está Acústica?- dije sin saludar.
-¿Qué?- se sorprendió -¿Y yo cómo voy a saberlo?- preguntó indignado.
-Ayer en la noche vino a verte y no volvió al recinto-.
-Eso es mentira… además ¿A ti qué? ¿Ahora eres su guardián o algo así? ¿No será que te gusta?- dijo burlándose.
-Hypno, ¿Dónde está acústica?- le repetí ignorando sus comentarios.
-Ya te lo dije, ¿Y yo cómo voy a saberlo?-.
-¡Ella ayer vino a verte!- le dije perdiendo la paciencia.
-Cuida tu tono- dijo serio -Hace más de dos semanas que no veo a Acústica-.
-No mientas, ella te viene a ver todos los días y se queda hasta tarde contigo…-.
-¿De qué hablas? ¿Por qué haría eso?-.
-¡¿Yo qué sé?!-. Me desesperé.
-¡Tríler, no estoy mintiendo! Desde que corté con Acústica hace 2 semanas, no la he visto-.
-¡Dime dón…!- Me petrifiqué- … ¿Qué?-.
-¿Qué?-.
Ambos estábamos confundidos.
-¿Rompiste con Acústica?-.
-¿No sabias? ¿Viven juntos y no sabías?-.
-¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?...- era un momento realmente vergonzoso- No, espera. ¿No sabes dónde podría estar?-.
-Acústica es una mujer adulta, sabe cuidarse sola… ¿O es acaso que tú y Acu…-.
-¡No seas estúpido!- Interrumpí desesperado.
La verdad es que extrañaba el rostro de Acústica. Extrañaba su voz y sus rojos cabellos. Su peculiar y cálido aroma. Su risa violenta y su delicada figura.
Pero no era ese el motivo de mi frenética búsqueda. Algo más oscuro me obligaba a encontrarle.
-¡Si Acústica no regresa antes de las Seis, entonces…¡-.
-¡Ja ja ja! ¡Olvidaba tu temor a los vigilantes!-.
-… ¿Cómo sab… ? ¡Olvídalo!-. Mi cabeza daba vueltas. Me invadía el pánico… cada vez mi visión se hacía más opaca.
Salté de ahí y me alejé aprisa. Acústica probablemente le había contado sobre mi miedo. Con él sí habla. Ella rara vez charla conmigo… Pero no. No era momento de pensar en ello. Faltaban sólo 8 horas para revisión. 8 horas para encontrarla.
El tiempo perdió coherencia.
Hora tres.
Con apagada disposición continué mi búsqueda. Como si no fuese suficiente que el paradero de Acústica se nublase conforme los minutos escurrían, ahora Hielo tampoco aparecía. Mi motivación se empezó a difuminar con la cálida brisa de medio día. Mi voluntad siempre ha sido muy endeble.
Hora uno.
La primera persona a cuestionar en la pequeña lista que formuló mi mente en tan desesperados instantes, fue mi hermano Hielo.
Lo abordé con violenta ansiedad y de alguna forma balbucee mi angustia junto con otros disparates sin conexión alguna a la situación. Hielo, amablemente y viéndome en tal estado, decidió ayudarme a buscar a Acústica. Además, me confesó que la noche anterior en su trayecto de regreso al recinto, vio a Acústica discutiendo con dos extraños, algunos cables bajo el nivel de su recinto. No me pudo especificar, sin embargo, la apariencia de estos individuos.
Hora seis.
Cuando abrí los ojos no pude ver a Hielo. A decir verdad no pude ver nada. Estaba envuelto por una oscuridad tan espesa que dolía. Intenté hablar pero algo había en mi boca que no me permitía abrirla. Intenté moverme pero fallé también; algo me lo impedía. Quizá la oscuridad, quizá estaba atado. Mi cuerpo estaba entumecido. Sólo el dolor de la penumbra se podía sentir. No supe si estaba de pie, sentado o acostado. Era como si flotase en la negrura de la nada. Como la luna lo hace durante las noches sin darse cuenta de la belleza de su resplandor. Me pregunto si yo brillaba también sin darme cuenta. Seguro lo hacía pero no podía verlo porque mis ojos no estaban en realidad abiertos. Sólo creía que lo estaban. Y ese malestar que me estrujaba no era más que un cegador y casi divino brillo escapando de mi cuerpo y haciendo sonreír a alguien que como yo, disfrutaba al verle.
Hora cuatro.
Me quedé dormido de cabeza en un cable aproximadamente unos treinta minutos. Un bohemio me despertó angustiado. Me asusté y llegó a pasar por mi mente la idea de golpearlo; pero no lo hice. Esto resultó beneficioso para mi casi muerto propósito: el bohemio afirmó haber visto a Acústica en el lado este de Disco. Describió a sus acompañantes como dos jóvenes mal encarados y de vestimentas roídas y sucias. Ambos tenían el cabello color rojo y se mantenían en constante (Y casi paranoica) vigilancia de sus alrededores. Los únicos que conozco que encajan en tal descripción son los misteriosos oposición. ¿Qué hacía Acústica con esa gente?
Hora siete.
Inmenso dolor. Toda mi piel se estrujó contra mi ceño en un desesperado intento de bloquear la potente luz que me taladraba el rostro. Sentí desesperación e intenté usar los brazos… acción que sólo puso en evidencia que mis extremidades estaban sujetadas por un mecanismo que jamás había visto. Lágrimas comenzaron a fluir intentando sanar el dolor de mis ojos. Después de un largo momento de agonía, logré entre abrir los ojos. Frente a mi estaba una mujer que se parecía a Acústica. Estaba hablando con otras dos figuras. No podía escuchar nada. La figura de Acústica se acercó a mi y me dijo algo. Creo que fue algo consolador. Las otras 2 siluetas se aproximaron y la arrastraron. Ella gritó algo y desaparecieron tras el resplandor. Pasó un tiempo anónimo por delante y empecé a recuperar mis sentidos. Acústica seguía discutiendo pero sólo se distinguían murmullos. De pronto, algo se empezó a mover en la máquina.
Hora dos.
La búsqueda se mantenía sin novedad. Al igual que Hielo, otras dos personas dijeron haber visto a Acústica con extraños. Tampoco me pudieron describir a los acompañantes de Acústica. Ni siquiera concuerdan los sitios del avistamiento. Lo único que coincide es el número de desconocidos escoltando a la desconocida y que siempre se le veía en cables bajos. Tengo que buscar a mi hermano para ver si él descubrió algo.
Hora cinco.
Fui a comer pues llevaba casi 24 horas sin hacerlo. Me encontré a Hielo en el camino. Intentó excusar su ausencia con motivos vagos y la mayoría sin sentido, pero no me importaba en realidad, al fin tenía una pista de cierta forma concreta. Le conté lo que el bohemio me había dicho. Hielo tenía un amigo de la infancia que se había unido a oposición hacía algunos años, así que decidimos que él sería el siguiente encuestado. Ambos comimos tan rápido como nos fue posible y corrimos a los límites de profundidad oscura en búsqueda del susodicho, el cual pareció de cierto modo alegrarse al ver a mi hermano, y, después de algunos minutos de camaradería protocolar, Hielo fue al grano. Su amigo dijo que él rara vez salía del territorio de oposición, que sólo los líderes de la causa tenían ese privilegio. Hielo, sospechoso de su amigo, le acusó de ocultarnos información e insistió en que nos ayudase. Su amigo, a pesar de mostrar cierta tenacidad al mantenerse en silencio, cedió algunos minutos después.
No hubo dicho “Su amiga está en…” cuando de la oscuridad apareció una considerable cantidad de sus secuaces. Saltando del cable y desapareciendo en la oscuridad, el traidor revolucionario nos dejó a nuestra suerte. La situación se complicó.
Y dieron las inevitables 6. Hora de revisión.
Aturdido busqué con la mirada a Acústica por todo el recinto pero no le encontré. De alguna manera yo había vuelto pero ella no. Mi respiración se agitó y con nauseas comencé a temblar. Mis ojos se hincharon de lágrimas. Quería gritar pero el terror no permitía escapar sonido alguno. Afuera, a través de la enorme ventana única del recinto se veían los vigilantes brincar de un recinto al otro. Girando en el aire a gran velocidad. Examinando. "Quizá se les olvide revisarme" me decía con fe desquiciada y en desesperación. Cada vez que veía una de sus enormes armaduras pasar por mi ventana un sollozo escapaba de mi garganta.
El vigilante se detuvo en seco y de cabeza. El resplandor de su ojo único brillo amenazante a través de su máscara. Comenzó a escanear. Una vez terminada la revisión y con aparente satisfacción se dispuso a irse. Sentí un alivio infinito por un segundo, sin embargo, justo antes de moverse regresó la mirada a la habitación. Lentamente giró hasta ponerse de pie. Examinó de nuevo el recinto. Al no encontrar a mi compañera, entró silencioso por la ventana. Haciendo caso omiso de mi persona, flotó hasta el incinerador. La puerta se abrió sola y después de unos segundos se cerró. Se quedó ahí unos segundos y repitió la operación con la puerta del baño. Finalmente, flotó hasta la puerta del pasillo garganta la cual también se abrió por si misma. Inmóvil por unos minutos, miró fijamente la profundidad del pasillo. Se alejó de este y un segundo vigilante entró a mi cuarto. Comenzaron a dar vueltas por todo el recinto. Más vigilantes entraron por la ventana poco después. Uno de ellos se me acercó y se agachó. Pegó su máscara contra mi rostro y me miró. Yo ya no estaba seguro si estaba aterrado o completamente desconcertado.
Moví mi cabeza y la aparté del frío antifaz. El vigilante insistió y volvió a poner su rostro contra el mío. Confundido intenté torpemente de alejarme de él, pero caí de bruces a los 2 pasos. En la otra esquina del recinto, un brillo metálico llamó mi atención. Era mi esfera. Mareado, me arrastré hasta ella mientras las extrañas figuras me miraban con curiosidad, flotando en círculos sobre mi.
Todo giraba vertiginosamente. Tomé mi esfera y la abracé con fuerza mientras me volteaba frenético para verles. Los vigilantes me seguían contemplando. Me levanté y apoyándome en la pared, caminé pesadamente hasta la ventana. Me trepé con dificultad y salté a uno de los cables.
Los vigilantes alarmados se abalanzaron en estampida sobre mi, rompiendo la pared del recinto. Una misteriosa sirena se escuchó en Disco.
Mi miedo se quedó atrás. Una extraña confianza me abrazó. Como en aquella dolorosa oscuridad, sentía como mi cuerpo brillaba, como mis ojos se cerraban y como todo desaparecía. No necesitaba verles. No necesitaba ver nada. No necesitaba ser nada. Sólo relumbrar en la negrura de la nada.
Con velocidad evadí a mis perseguidores mientras me escurría por las calles de Disco, girando y saltando de un cable a otro. Subiendo y bajando. Deslizándome. Con cada esquina que giraba, otro vigilante aparecía con la única intención de embestirme.
Entré violentamente a un recinto e ignorando a los alarmados inquilinos, crucé su pasillo garganta hasta la escalera espina en donde ya me esperaban los vigilantes. Sin detener mi carrera, me dispuse a ascender a pesar de estar rodeado. Como proyectiles, los vigilantes se arrojaron sobre mi destruyendo la escalera y las paredes hasta acorralarme en un islote de concreto que flotaba a mitad del muro. Estaba rodeado. Detrás de mi había un pasillo garganta por el cual entré.
Las paredes empezaron a desplomarse detrás de mi mientras cientos de vigilantes las atravesaban en un desesperado intento por detenerme y posiblemente matarme. Aproximadamente unos 200 vigilantes me perseguían.
Perdí la esperanza de escapar. Pensé en altura última.
Salté por la ventana y con lágrimas me encaminé a mi destino. Acústica, resplandeciente, mística y hermosa como la luna, brillaba en la negrura de mis nostálgicos recuerdos mientras me resignaba a desaparecer. Su sonrisa iluminaba la triste mueca de mi rostro. Sus ojos penetraban mi alma. Mi corazón palpitaba mientras me abrazaban sus rojos cabellos. Sólo un arrepentimiento. Si tan sólo le hubiese dicho lo que sentía. Miré hacia arriba y vi mi plateado epitafio centellear silencioso como todas las noches. Me apresuré a llegar.
Mis lágrimas poco a poco se detuvieron. Dejé de respirar. En sus esferas, a unos 20 metros estaban Acústica y Hielo. Me miraban satisfechos, como si me hubiesen estado esperando. A su alrededor, los oposición se abrazaban jubilosos.
Nadie me perseguía ya. Los vigilantes flotaban inanimados encima nuestro.
Acústica sonrió y me extendió amistosa su mano.
En el horizonte ya no había murallas; en cambio, un llano e inexpresivo panorama se extendía hasta hacerse uno con la negrura del cielo nocturno; había luces de colores aquí y allá en la lejanía. La mano de Acústica me tocó el hombro. Me dio un beso en la mejilla y susurró pícaramente:
-Lo logramos, gracias… -. Se rió tímidamente -Ya terminó, ya puedes respirar de nuevo.-
Reincorporándome brevemente… le miré con terror en los ojos. Mis labios comenzaron a esbozar palabras…
-Lo siento- dije apenado como todas las noches. Ella suspiró.
jueves, marzo 22, 2007
domingo, marzo 18, 2007
Otro de Amor
Mi nariz aún recuerda tu perfume,
En mis sueños, aún te veo sonreír;
Oscuro el camino que elijo seguir,
Guardando el secreto que debes saber:
Que todo placer nace en tu mirada,
Y en tu mirada, mi inspiración.
Que no soy nada sin tu atención.
Que no soy nada sin tu querer.
Un beso
Sólo te pido
Arrepentido
Porque callé
Que son tus ojos
Místico hechizo
Del que sumiso
Me enamoré.
Ya es tu nombre mi religión,
Que sean tus labios mi comulgar;
Dime mi amada si mi afección,
En tu corazón ¿Tendrá lugar?.
*Modificado por motivos estéticos del original escrito en el 2006... El original era malísimo, para acabar pronto.
En mis sueños, aún te veo sonreír;
Oscuro el camino que elijo seguir,
Guardando el secreto que debes saber:
Que todo placer nace en tu mirada,
Y en tu mirada, mi inspiración.
Que no soy nada sin tu atención.
Que no soy nada sin tu querer.
Un beso
Sólo te pido
Arrepentido
Porque callé
Que son tus ojos
Místico hechizo
Del que sumiso
Me enamoré.
Ya es tu nombre mi religión,
Que sean tus labios mi comulgar;
Dime mi amada si mi afección,
En tu corazón ¿Tendrá lugar?.
*Modificado por motivos estéticos del original escrito en el 2006... El original era malísimo, para acabar pronto.
lunes, enero 15, 2007
Justo, Legal y Correcto
Si bien podría empezar este escrito, comparando los 3 conceptos: Justo, legal y correcto, vamos a especificar primero que nada, como se definen estos últimos en nuestra lengua. Lo “justo”, se define como dar a cada quien lo que corresponde o pertenece. Lo “legal”, es todo aquello que sigue una norma constante. Y lo “correcto”, es todo aquello libre de errores y que va de acuerdo a las reglas.
Ya conociendo las definiciones oficiales, procedamos a un análisis mas profundo de estas. Según la definición, justo es alguien que da a cada quien lo que se merece... pero eso nos deja la duda de ¿Cómo sabemos que es lo que merece cada uno? ¿Quién decide que es justo y que no lo es? Podríamos decir entonces, que para decidir esto, necesitamos una ley que imparcial e invariablemente defina lo que es justo y lo que no lo es, y así podamos impartir justicia correctamente, ya que lo correcto es todo lo que va de acuerdo a las reglas o establecidas normas (Lo legal, en este caso). Condensando... Necesitamos leyes que definan lo correcto, y en ello basar la justicia. Lo legal es lo correcto, y lo correcto es lo justo; lo justo es lo correcto, y lo correcto es lo legal. Estos tres conceptos son necesarios entonces para mantener el orden... para defender y distinguir el bien del mal. O así sería teóricamente.
Con esto en cuenta, todo el que no siga las leyes, es injusto y esta en lo incorrecto. Siguiendo la lógica anterior... tendríamos en este caso a una persona que no gusta de hacer el bien... una persona mala, puesto que la justicia (que necesita de leyes correctas) debe defender el bien. ¿O no?.
Pero una ley, para que sea justa, entonces tiene que ser una ley que abogue por el bien, porque si no, ¿Cómo podríamos basar la justicia en ella?. Entonces habría que definir lo que es bueno y lo que es malo, y así hacer que la ley correcta; una ley que sea para el bien. Se abren dos cuestiones mas, ¿Cómo sabemos que es bueno y que no? Y ¿Para el bien de quien?. La primera, podríamos decir que el bien es todo lo que es correcto... Pero ¿no lo correcto era lo que seguía las reglas? Entonces nuestra definición se vuelve paradójica, pues nos lleva a donde empezamos. No nos sirve. La segunda pregunta se puede decir, que para que la justicia, que da a cada quien lo que merece, pueda estar “bien”, este último tiene que ser el de todos. Esto es, la ley debería buscar el bien comunitario. Pero si nos basamos en esto, ¿Existe algo como un bien comunitario?. No tenemos nisiquiera una definición de "bien". El bien podríamos definirlo como lo que le es útil a alguien. Si es útil, le sirve a la gente y esta obtiene beneficios, lo útil es bueno; si no es útil, sobra, no ayuda ni produce nada, estorba y en el peor de los casos puede incluso perjudicar, lo inútil es malo. Entonces, todo lo correcto sería lo que es bueno, y no lo que sigue una ley, y todo lo bueno seria lo que nos es útil y no necesariamente lo que es correcto... Así el bien comunitario sería lo que le es útil a todos. Por eso, las leyes tienen que estar diseñadas para buscar lo que le sea útil a la sociedad. Dos preguntas mas, ¿Defender lo que nos es útil, es lo justo? Y ¿Acaso lo que le es útil a un miembro de la comunidad, le es forzosamente útil al resto?
Tener lo que es útil no es necesariamente lo justo, pero por la definición anterior, seria lo bueno... Entonces la justicia no necesariamente es buena. Si alguien roba, se le descubre y no sólo no se le castiga, sino que se le permite mantener lo hurtado. Para él, esta decisión le es “útil”, por tanto buena; porque se salió con la suya sin ningún costo, castigo o sacrificio. Pero ¿No se merece un castigo por la fechoría? No castigarlo, es injusto para el resto. Eso nos lleva a la segunda pregunta, ya que alguien perdió algo sin merecerlo y alguien no fue castigado aún cuando lo merecía, no toda la comunidad obtuvo el bien. Si se castiga al ladrón, se esta siendo justo con él, pero no bueno, desde el punto de vista de este. Pero también se esta siendo justo con la sociedad, y bueno al mismo tiempo. Entonces un “bien común” sería regido por lo que es bueno para la mayoría. ¿Cómo es esto justo?. Si el ladrón robó porque su familia es pobre y no pueden sobrevivir de otra manera. Lo que hizo entonces fue bueno, pero no fue lo correcto, por tanto no fue justo... Pero ¿Es justa la situación en la que se encuentra su familia? ¿Es acaso justificable la miseria? Entonces, la situación del ladrón es injusta, lo que hizo fue ilegal, pero fue lo correcto si tomamos en cuenta que sus vidas dependían de ello. El castigo entonces seria injusto, ya que su acción se justifica con el hecho de que él no pidió ser pobre, pero dada su situación, la necesidad le obligó a cometer el crimen; legal, porque es en contra de las leyes el robar y el ladrón rompió la ley; e incorrecto, porque estamos castigando un acto que significa salvar la vida de alguien.
Por otro lado, viéndolo desde el punto de vista de la comunidad, por más pobre que sea, lo que hizo fue incorrecto e ilegal, y su situación es justa, pues él llego por si mismo a su nivel económico, nadie le quito sus posesiones y lo dejo en la pobreza. Entonces el castigo seria: legal, pues rompió la ley; justo, porque nadie tiene directamente la culpa de que él sea pobre y ni merecen ser víctimas de su miseria; y correcto, porque se cumplió con las leyes.
Aquí se pueden meter otros valores, como la empatía, la piedad, la filantropía... etc etc... pero sólo habría más paradojas.
Simplemente podemos establecer que, no todo lo útil es bueno, no todo lo bueno es justo, no todo lo justo es legal, no todo lo legal es correcto... y al revés; no todo lo correcto es legal, no todo lo legal es justo, no todo lo justo es bueno y no todo lo bueno es útil... Así es, es una completa idiotez. A través del tiempo, la sociedad creo estas 3 definiciones básicas, “justo”, “correcto” y “legal”, cada una depende de las otras 2 y todas dependen de lo que sea bueno y lo que sea malo. Pero aunque estén unidas, llega un momento en el que son incompatibles entre si. Entonces, ¿Cómo podemos basar una sociedad en estos 3 conceptos? Su completa inestabilidad, por mas firme que sea la definición, sólo es capaz de producir una sociedad firme en teoría, pero endeble en la vida real. Es una especie de condena lingüística, ya que no existe autoridad absoluta que de una definición de “bueno” y “malo” y por tanto no estamos capacitados para declarar (y peor aún, entender) con certeza lo que es “justo”, “legal” y “correcto”.
*[El texto fue escrito en Marzo del 2006 como tarea para un taller de humanidades]*
Ya conociendo las definiciones oficiales, procedamos a un análisis mas profundo de estas. Según la definición, justo es alguien que da a cada quien lo que se merece... pero eso nos deja la duda de ¿Cómo sabemos que es lo que merece cada uno? ¿Quién decide que es justo y que no lo es? Podríamos decir entonces, que para decidir esto, necesitamos una ley que imparcial e invariablemente defina lo que es justo y lo que no lo es, y así podamos impartir justicia correctamente, ya que lo correcto es todo lo que va de acuerdo a las reglas o establecidas normas (Lo legal, en este caso). Condensando... Necesitamos leyes que definan lo correcto, y en ello basar la justicia. Lo legal es lo correcto, y lo correcto es lo justo; lo justo es lo correcto, y lo correcto es lo legal. Estos tres conceptos son necesarios entonces para mantener el orden... para defender y distinguir el bien del mal. O así sería teóricamente.
Con esto en cuenta, todo el que no siga las leyes, es injusto y esta en lo incorrecto. Siguiendo la lógica anterior... tendríamos en este caso a una persona que no gusta de hacer el bien... una persona mala, puesto que la justicia (que necesita de leyes correctas) debe defender el bien. ¿O no?.
Pero una ley, para que sea justa, entonces tiene que ser una ley que abogue por el bien, porque si no, ¿Cómo podríamos basar la justicia en ella?. Entonces habría que definir lo que es bueno y lo que es malo, y así hacer que la ley correcta; una ley que sea para el bien. Se abren dos cuestiones mas, ¿Cómo sabemos que es bueno y que no? Y ¿Para el bien de quien?. La primera, podríamos decir que el bien es todo lo que es correcto... Pero ¿no lo correcto era lo que seguía las reglas? Entonces nuestra definición se vuelve paradójica, pues nos lleva a donde empezamos. No nos sirve. La segunda pregunta se puede decir, que para que la justicia, que da a cada quien lo que merece, pueda estar “bien”, este último tiene que ser el de todos. Esto es, la ley debería buscar el bien comunitario. Pero si nos basamos en esto, ¿Existe algo como un bien comunitario?. No tenemos nisiquiera una definición de "bien". El bien podríamos definirlo como lo que le es útil a alguien. Si es útil, le sirve a la gente y esta obtiene beneficios, lo útil es bueno; si no es útil, sobra, no ayuda ni produce nada, estorba y en el peor de los casos puede incluso perjudicar, lo inútil es malo. Entonces, todo lo correcto sería lo que es bueno, y no lo que sigue una ley, y todo lo bueno seria lo que nos es útil y no necesariamente lo que es correcto... Así el bien comunitario sería lo que le es útil a todos. Por eso, las leyes tienen que estar diseñadas para buscar lo que le sea útil a la sociedad. Dos preguntas mas, ¿Defender lo que nos es útil, es lo justo? Y ¿Acaso lo que le es útil a un miembro de la comunidad, le es forzosamente útil al resto?
Tener lo que es útil no es necesariamente lo justo, pero por la definición anterior, seria lo bueno... Entonces la justicia no necesariamente es buena. Si alguien roba, se le descubre y no sólo no se le castiga, sino que se le permite mantener lo hurtado. Para él, esta decisión le es “útil”, por tanto buena; porque se salió con la suya sin ningún costo, castigo o sacrificio. Pero ¿No se merece un castigo por la fechoría? No castigarlo, es injusto para el resto. Eso nos lleva a la segunda pregunta, ya que alguien perdió algo sin merecerlo y alguien no fue castigado aún cuando lo merecía, no toda la comunidad obtuvo el bien. Si se castiga al ladrón, se esta siendo justo con él, pero no bueno, desde el punto de vista de este. Pero también se esta siendo justo con la sociedad, y bueno al mismo tiempo. Entonces un “bien común” sería regido por lo que es bueno para la mayoría. ¿Cómo es esto justo?. Si el ladrón robó porque su familia es pobre y no pueden sobrevivir de otra manera. Lo que hizo entonces fue bueno, pero no fue lo correcto, por tanto no fue justo... Pero ¿Es justa la situación en la que se encuentra su familia? ¿Es acaso justificable la miseria? Entonces, la situación del ladrón es injusta, lo que hizo fue ilegal, pero fue lo correcto si tomamos en cuenta que sus vidas dependían de ello. El castigo entonces seria injusto, ya que su acción se justifica con el hecho de que él no pidió ser pobre, pero dada su situación, la necesidad le obligó a cometer el crimen; legal, porque es en contra de las leyes el robar y el ladrón rompió la ley; e incorrecto, porque estamos castigando un acto que significa salvar la vida de alguien.
Por otro lado, viéndolo desde el punto de vista de la comunidad, por más pobre que sea, lo que hizo fue incorrecto e ilegal, y su situación es justa, pues él llego por si mismo a su nivel económico, nadie le quito sus posesiones y lo dejo en la pobreza. Entonces el castigo seria: legal, pues rompió la ley; justo, porque nadie tiene directamente la culpa de que él sea pobre y ni merecen ser víctimas de su miseria; y correcto, porque se cumplió con las leyes.
Aquí se pueden meter otros valores, como la empatía, la piedad, la filantropía... etc etc... pero sólo habría más paradojas.
Simplemente podemos establecer que, no todo lo útil es bueno, no todo lo bueno es justo, no todo lo justo es legal, no todo lo legal es correcto... y al revés; no todo lo correcto es legal, no todo lo legal es justo, no todo lo justo es bueno y no todo lo bueno es útil... Así es, es una completa idiotez. A través del tiempo, la sociedad creo estas 3 definiciones básicas, “justo”, “correcto” y “legal”, cada una depende de las otras 2 y todas dependen de lo que sea bueno y lo que sea malo. Pero aunque estén unidas, llega un momento en el que son incompatibles entre si. Entonces, ¿Cómo podemos basar una sociedad en estos 3 conceptos? Su completa inestabilidad, por mas firme que sea la definición, sólo es capaz de producir una sociedad firme en teoría, pero endeble en la vida real. Es una especie de condena lingüística, ya que no existe autoridad absoluta que de una definición de “bueno” y “malo” y por tanto no estamos capacitados para declarar (y peor aún, entender) con certeza lo que es “justo”, “legal” y “correcto”.
*[El texto fue escrito en Marzo del 2006 como tarea para un taller de humanidades]*
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Ensayos guapachosos
domingo, enero 14, 2007
Una canción en la playa
La gente se comenzó a levantar y a bailar al rededor de la fogata mientras las guitarras dictaban ritmo con su tropical improvisación. Ambos músicos se asentían continua y cadenciosamente el uno al otro en aprobación al acompañamiento. Conforme la melodía avanzaba los arreglos mejoraban, el ritmo crecía y la gente se animaba. La música estaba viva. Aplausos y percusión aparecieron de algunos alegres espectadores. Pasos en la arena, caderas en pleno meneo. Las guitarras en este momento iluminaban más que la lumbre. Sonrisas y gritos. La euforia es incontenible. Ambos artistas se miran a los ojos mientras sus manos hacen el resto. Como leyéndose el uno al otro, empizan las pausas. Se detiene uno y el otro empieza. Se detiene este, y es el primero el que reanuda. Con ligeros golpes a la caja de la guitarra, cambian de pronto el bailable son tropical agradable a la cadera, por un sonido más complejo y agradable al oído. Uno comienza a mover los hombros al compás de su melodía y el segundo comienza a requintar. Ya en el clímax y con un movimiento de cejas, el primero es invitado a unirse en el requinto. Los cuerpos que bailan ya se detuvieron y con una sobresaltada sonrisa les acompañan con las manos, siguiendo a la música con la cabeza y con los pies. La música comienza a detenerse hasta que hay un silencio. Las miradas permanecen expectantes… y tras unos segundos la improvisación original comienza a sonar para dar final a las guitarras unos segundos después. Todos se abrazan y ríen y besan.
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Piratas y bailes regionales
jueves, diciembre 07, 2006
Romeo Romance
Las luces fosforescentes se filtraban entre el humo de cigarro y la sensual neblina nocturna.
-Momento... ¿Qué edad tienes?-
-14-
-Entonces quítate; ¡El que sigue!-
-¡No no! ¿Por qué?-
-¿Por qué crees? Sólo mayores de edad, ahora quítate-
-Pero... *tengo identificación falsa* ...-
-Ya lárgate, hubieras pensado en eso antes-
Fue empujada fuera de la línea.
Orgullosa, le lanzó una mirada amenazante y siguió caminando. Tenían que dejarla entrar en algún lugar. Sexo, cuerpos, miradas, seducción. La emoción de un club nocturno. Tenían que dejarla entrar en algún lugar.
-Hey ¿Cuánto?-
Chaqueta de piel marrón, sin camisa debajo. Abdomen trabajado. Cabello largo. Anteojos. Bandana. Botas obreras. Pantalón entubado. Despedía un aroma bastante peculiar, una mezcla entre whiskey y crack.
-¿Qué?-
-Es broma. Te ves muy solita.-
-No es tu asunto.-
-¿Por qué tan ruda?, Hey ¿Qué tal si te hago compañía?-
-Ya déjame en paz.-
Molesta, apresuró el paso.
-¡Hey hey! ¿A dónde? ¿Me vas a ignorar así nada más?-
-¡Ya déjame!-
-¡Calmada! Eres muy bonita, yo sólo quiero conocerte.-
-No me importa, vete-
La toma de un brazo
-¡Suéltame! ¡Suéltame o grito!-
-Ya estás gritando, muñeca. Cálmate y déjame hablar-
-¡Auxilio!-
-¡Cht! Escúchame...-
-¡Auxilio!-
-Si me sigues...-
-¡Auxilio!-
-Puedo hacer que te dejen entrar a un club-
-...-
-Pero sólo si vienes conmigo-
Su aliento le molestaba. Pero iba a poder entrar. Difícil decisión.
-¿Qué dices muñeca?-
Caricias en el brazo. No era feo... pero sí desagradable. Y sin embargo podía ser su única oportunidad... ¿Todavía quería entrar?
-Ok... voy contigo-
-Eso es todo-
Música ensordecedora. Luces. Cuerpos. Contacto. Sudor. Alcohol y tabaco. La emoción comenzó a moverse en su pecho y estómago. Una sonrisa se le dibujó en el rostro. Miró a su acompañante. Él le guiñó un ojo y la tomó de la mano.
-Me dicen Rober, ¿cómo te llamas, muñeca?-
-Arely...-
-Precioso-
No prestaba atención, estaba muy ocupada mirando la pista y a la gente bailando.
-¿Bailamos?-
Dijo entusiasmada.
-Calma Arely, muñeca. Vamos a tomar algo antes para entrar en ambiente.-
-No, no, se van a dar cuenta... vamos a bailar mejor-
-Vienes conmigo... Tranquila. ¿Qué tomas? ¿Una cubita?-
-¿En serio? No, quiero tequila con Squirt-
-Ya estás primor.-
Los vasos se vaciaron. Los alientos se calentaron. La pista de baile se sacudió.
Las miradas abrazaban los cuerpos en movimiento. Las caricias. Los sintetizadores marcaban el latir de los corazones en éxtasis. Rostro con rostro. Vista al frente. Los labios se conocieron en un beso muy sutil. Jadeos de pasión.
-¿Qué edad tienes muñeca?-
-14-
-La edad perfecta-
-¿Y tú?...-
-Yo tengo 28... 14 años más que tú. Creo que es una señal-
La perversión.
Intercambiaron un apasionado beso. Mano en el seno. Los labios en el cuello.
Piel tersa. Mirada inocente. Labios tiernos. Gemidos delicados.
Ella lo besó de nuevo.
Se fueron a sentar. Ella no podía quitarle las manos de encima.
-Calmada muñeca, calmada-
Jadeos.
-Allá atrás está la zona VIP, acompáñame chiquita-
Entraron a un salón con aroma a marihuana y sexo.
-No tienes vergüenza Rober...-
-Cállate, jamás te he dicho nada sobre tu relación con tu hermana ¿o sí?-
-...-
Dentro del salón había cubículos de 6 por 6, cortinas azul aterciopelado, una cama y una pipa de agua.
La música era, aunque algo opaca, perfectamente audible.
Bailaron un poco y se calentaron los ánimos de nuevo.
-Eres preciosa muñeca-
La ropa cayó al suelo. Ambos cuerpos se conocieron. Sudor. Deseo.
Arely se empezó a poner nerviosa.
-Oye... espera...-
-¿Cuál es el problema muñeca? ¿no te gusto?-
-No es eso... es...-
-Tú tranquila, no va a pasar nada que no quieras-
La mentira.
Las manos se aventuraron. Sus lenguas juguetearon. Labios. Mejilla. Cuello. Senos. Vientre. Sexo. Gestos. Labios de nuevo. El roce de la piel. Ella se negó. Pero fue muy tarde.
Los gemidos de niña. Embestidas lujuriosas. Sus lenguas se trenzaron. El ritmo se aceleró. Saliva. Sangre. Sudor. Semen.
El mundo gira. Y gira. Y gira.
El sol. Las lágrimas. El dolor.
En un lote baldío, desnuda y pegajosa. Su ropa en una bolsa junto a ella. Con resaca. Sangre en su entrepierna.
Sin saber qué pasó se cubrió el cuerpo y respiró profundo. No dejaba de llorar.
Se arrepintió. El eco la atormentaba.
“Muñeca” “Muñeca” “Muñeca”
Mamá la llamó a desayunar. Pero ella no la escuchó.
-Momento... ¿Qué edad tienes?-
-14-
-Entonces quítate; ¡El que sigue!-
-¡No no! ¿Por qué?-
-¿Por qué crees? Sólo mayores de edad, ahora quítate-
-Pero... *tengo identificación falsa* ...-
-Ya lárgate, hubieras pensado en eso antes-
Fue empujada fuera de la línea.
Orgullosa, le lanzó una mirada amenazante y siguió caminando. Tenían que dejarla entrar en algún lugar. Sexo, cuerpos, miradas, seducción. La emoción de un club nocturno. Tenían que dejarla entrar en algún lugar.
-Hey ¿Cuánto?-
Chaqueta de piel marrón, sin camisa debajo. Abdomen trabajado. Cabello largo. Anteojos. Bandana. Botas obreras. Pantalón entubado. Despedía un aroma bastante peculiar, una mezcla entre whiskey y crack.
-¿Qué?-
-Es broma. Te ves muy solita.-
-No es tu asunto.-
-¿Por qué tan ruda?, Hey ¿Qué tal si te hago compañía?-
-Ya déjame en paz.-
Molesta, apresuró el paso.
-¡Hey hey! ¿A dónde? ¿Me vas a ignorar así nada más?-
-¡Ya déjame!-
-¡Calmada! Eres muy bonita, yo sólo quiero conocerte.-
-No me importa, vete-
La toma de un brazo
-¡Suéltame! ¡Suéltame o grito!-
-Ya estás gritando, muñeca. Cálmate y déjame hablar-
-¡Auxilio!-
-¡Cht! Escúchame...-
-¡Auxilio!-
-Si me sigues...-
-¡Auxilio!-
-Puedo hacer que te dejen entrar a un club-
-...-
-Pero sólo si vienes conmigo-
Su aliento le molestaba. Pero iba a poder entrar. Difícil decisión.
-¿Qué dices muñeca?-
Caricias en el brazo. No era feo... pero sí desagradable. Y sin embargo podía ser su única oportunidad... ¿Todavía quería entrar?
-Ok... voy contigo-
-Eso es todo-
Música ensordecedora. Luces. Cuerpos. Contacto. Sudor. Alcohol y tabaco. La emoción comenzó a moverse en su pecho y estómago. Una sonrisa se le dibujó en el rostro. Miró a su acompañante. Él le guiñó un ojo y la tomó de la mano.
-Me dicen Rober, ¿cómo te llamas, muñeca?-
-Arely...-
-Precioso-
No prestaba atención, estaba muy ocupada mirando la pista y a la gente bailando.
-¿Bailamos?-
Dijo entusiasmada.
-Calma Arely, muñeca. Vamos a tomar algo antes para entrar en ambiente.-
-No, no, se van a dar cuenta... vamos a bailar mejor-
-Vienes conmigo... Tranquila. ¿Qué tomas? ¿Una cubita?-
-¿En serio? No, quiero tequila con Squirt-
-Ya estás primor.-
Los vasos se vaciaron. Los alientos se calentaron. La pista de baile se sacudió.
Las miradas abrazaban los cuerpos en movimiento. Las caricias. Los sintetizadores marcaban el latir de los corazones en éxtasis. Rostro con rostro. Vista al frente. Los labios se conocieron en un beso muy sutil. Jadeos de pasión.
-¿Qué edad tienes muñeca?-
-14-
-La edad perfecta-
-¿Y tú?...-
-Yo tengo 28... 14 años más que tú. Creo que es una señal-
La perversión.
Intercambiaron un apasionado beso. Mano en el seno. Los labios en el cuello.
Piel tersa. Mirada inocente. Labios tiernos. Gemidos delicados.
Ella lo besó de nuevo.
Se fueron a sentar. Ella no podía quitarle las manos de encima.
-Calmada muñeca, calmada-
Jadeos.
-Allá atrás está la zona VIP, acompáñame chiquita-
Entraron a un salón con aroma a marihuana y sexo.
-No tienes vergüenza Rober...-
-Cállate, jamás te he dicho nada sobre tu relación con tu hermana ¿o sí?-
-...-
Dentro del salón había cubículos de 6 por 6, cortinas azul aterciopelado, una cama y una pipa de agua.
La música era, aunque algo opaca, perfectamente audible.
Bailaron un poco y se calentaron los ánimos de nuevo.
-Eres preciosa muñeca-
La ropa cayó al suelo. Ambos cuerpos se conocieron. Sudor. Deseo.
Arely se empezó a poner nerviosa.
-Oye... espera...-
-¿Cuál es el problema muñeca? ¿no te gusto?-
-No es eso... es...-
-Tú tranquila, no va a pasar nada que no quieras-
La mentira.
Las manos se aventuraron. Sus lenguas juguetearon. Labios. Mejilla. Cuello. Senos. Vientre. Sexo. Gestos. Labios de nuevo. El roce de la piel. Ella se negó. Pero fue muy tarde.
Los gemidos de niña. Embestidas lujuriosas. Sus lenguas se trenzaron. El ritmo se aceleró. Saliva. Sangre. Sudor. Semen.
El mundo gira. Y gira. Y gira.
El sol. Las lágrimas. El dolor.
En un lote baldío, desnuda y pegajosa. Su ropa en una bolsa junto a ella. Con resaca. Sangre en su entrepierna.
Sin saber qué pasó se cubrió el cuerpo y respiró profundo. No dejaba de llorar.
Se arrepintió. El eco la atormentaba.
“Muñeca” “Muñeca” “Muñeca”
Mamá la llamó a desayunar. Pero ella no la escuchó.
jueves, noviembre 09, 2006
Sueños Infinitos
Bañado en sudor frío, despertó sofocado. Un grito de niño hacía eco en algún lugar entre sus oídos. Ese grito que en el más profundo de los ensueños le era imposible escuchar por más que lo intentaba. Sintió terror. Terror como si le siguieran. Terror como si su vida estuviese al límite. El infinito era incomprensible. Evitaba cerrar los ojos, para no volver a caer en tal fantasía.
Fantasía en la que soñaba petrificado. Sin poder mover músculo alguno, cual estatua de pesadillas. ¿Terminará algún día el suplicio?. Ese sueño que le acosa todas las noches. Noches de sueño sin descanso. Apenas termina una pesadilla, comienza una nueva. Día con día la idea de dormir le aterroriza, para no soñar ese sueño otra vez. Y sin embargo, se mantiene con un curioso temor a seguir despierto.
Y es que a pesar de que su conciencia ha alcanzado nuevos niveles y cada día es más perspicaz por no soñar; él prefería las noches de sueño sin descanso. Le hacía pensar. Le hacía considerar que quizá había algo más que esa conciencia y perspicacia máxima... Y no sentía terror precisamente ante tal incógnita... no era a aquello que podía encontrarse más allá de lo perceptible... sino que quizá de descubrirle no sería capaz de responder. ¿Qué pasaba si se adentraba mucho en este infinito misterio?
"Hay muchas cosas evidentes como para que todo sea coincidencia” se decía entre pesadilla y pesadilla. ¿Escéptico? ¿Creyente?... no, no era ninguno de los dos. Simplemente anhelaba por fin saber la verdad. Saber qué hay más allá y poder probarlo. Quizá existe el cielo y el infierno. ¿De qué lado se iría?
Y todas las noches grita entre pesadillas. Grita por ayuda. Grita para no perderse a si mismo. Grita porque ve el futuro y grita porque no lo ve. Grita porque su verdadero yo se pierde en la profundidad del infinito de su propio ensueño.
"Tiene que haber algo más que esto” Se dice cada vez que falla al intentar explicar la existencia misma.
Y es que quizá cuando muera... se le dará más adelante otra oportunidad de vivir, de regresar... regresar al juego de sueños infinitos una vez más... y otra más... y otra más...
(Basado en "Infinite Dreams" de ~Iron Maiden, letra de Steve Harris)
Fantasía en la que soñaba petrificado. Sin poder mover músculo alguno, cual estatua de pesadillas. ¿Terminará algún día el suplicio?. Ese sueño que le acosa todas las noches. Noches de sueño sin descanso. Apenas termina una pesadilla, comienza una nueva. Día con día la idea de dormir le aterroriza, para no soñar ese sueño otra vez. Y sin embargo, se mantiene con un curioso temor a seguir despierto.
Y es que a pesar de que su conciencia ha alcanzado nuevos niveles y cada día es más perspicaz por no soñar; él prefería las noches de sueño sin descanso. Le hacía pensar. Le hacía considerar que quizá había algo más que esa conciencia y perspicacia máxima... Y no sentía terror precisamente ante tal incógnita... no era a aquello que podía encontrarse más allá de lo perceptible... sino que quizá de descubrirle no sería capaz de responder. ¿Qué pasaba si se adentraba mucho en este infinito misterio?
"Hay muchas cosas evidentes como para que todo sea coincidencia” se decía entre pesadilla y pesadilla. ¿Escéptico? ¿Creyente?... no, no era ninguno de los dos. Simplemente anhelaba por fin saber la verdad. Saber qué hay más allá y poder probarlo. Quizá existe el cielo y el infierno. ¿De qué lado se iría?
Y todas las noches grita entre pesadillas. Grita por ayuda. Grita para no perderse a si mismo. Grita porque ve el futuro y grita porque no lo ve. Grita porque su verdadero yo se pierde en la profundidad del infinito de su propio ensueño.
"Tiene que haber algo más que esto” Se dice cada vez que falla al intentar explicar la existencia misma.
Y es que quizá cuando muera... se le dará más adelante otra oportunidad de vivir, de regresar... regresar al juego de sueños infinitos una vez más... y otra más... y otra más...
(Basado en "Infinite Dreams" de ~Iron Maiden, letra de Steve Harris)
sábado, noviembre 04, 2006
Flama Victoriosa -V- Luz Celeste (2)
Fue justo cuando mamá se quedó dormida que ella huyó de casa para vivir con su novio. Era una locura, pero así era el amor de aquellos dos. Un amor loco y desenfrenado, que no se detiene a pensar y se deja llevar por lo que dicta el corazón. Ella a sus quince y él a sus diecinueve.
Aoramid era aprendiz carpintero hacía algunos meses. Todavía no ganaba dinero suficiente como para mantenerse a sí mismo. Mucho menos a su novia. Pero no se trata de ser ricos, sino de ser felices, se decía una y otra vez, el amor lo puede todo, saldremos adelante.
El tórrido amorío sólo duró 3 noches. Zuama estaba embarazada.
“¿Qué rayos te pasa? ¿Por qué me mentiste? ¡Dijiste que estaba bien si lo hacíamos! ¡Dijiste que estaría bien! ¡Dijiste que era un día seguro! ¡Que nada pasaría! ¿Por qué me mentiste?”
“¡Lo siento! Perdóname... ¡Perdóname! ¡No pensé! Es que yo...”
“¡No! ¡No pensaste! ¿Qué vamos a hacer ahora? ¡Dime!... ¡Ah! Todo fue un error, ¡Desde el principio! ¿Por qué? ¿Por qué mentiste?”
“Es que... tenía tanto miedo a que te fueras si no lo hacíamos”
La relación terminó. Aoramid abandonó a Zuama y esta rogó a sus padres que la dejaran volver. Su padre jamás la perdonó. Su madre ayudó a Zuama a criar al niño. Lloraba la desdicha de su hija todas las noches y esto fue demasiado para ella. Dos meses después, sus negros cabellos se volvieron blancos, y apenas el crío cumplió 5 años, ella murió. Zuama tuvo que irse de su casa pues su padre no la dejó vivir ahí más tiempo.
En tierras de Alá una madre soltera no era bien vista. Tenía forzosamente que cruzar la frontera de fe y convertirse a la llamada “religión perversa”. En realidad nunca lo hizo, pero fingió (como casi todo converso) que había dejado su vieja fe.
En tierra de Dios, el Dios representado por el Obispo de Remaccia, claro está, no fue muy bien recibida. Su color de piel la discriminaba y la gente la limitó a vivir en los círculos de miseria morisca existentes en todas las ciudades de Dios. Dios quería más a los blancos.
Su única salida, como de toda mujer emigrante te tierras de Alá era la prostitución. Su exótico color de piel e inusual belleza la convirtió en una “dama de noche” muy popular entre los clientes y la metió en muchos problemas con las mafias que controlaban el negocio del “placer”.
Cuando su hijo cumplió 10 años, avergonzado de que su madre vendiera su cuerpo a hombres sin honor, huyó de casa para regresar a tierra de Alá. Zuama lloró. Pero el niño no hubo llegado lejos cuando fue capturado por unos comerciantes de esclavos y murió 2 años después de cólera.
A los 28 años tuvo un corto romance que le dio un trabajo en un popular antro nocturno, “La Luz Celeste”. La relación terminó, pero su trabajo lo mantuvo.
“En nombre de Alá, mátame”
El hombre se había vuelto loco y había matado a la mitad de las personas ahí dentro. Zuama por el susto no pudo hablar más que la lengua de Alá, sin embargo todavía podía entender la lengua de Dios.
“Esta es la verdadera justicia”
Aoramid era aprendiz carpintero hacía algunos meses. Todavía no ganaba dinero suficiente como para mantenerse a sí mismo. Mucho menos a su novia. Pero no se trata de ser ricos, sino de ser felices, se decía una y otra vez, el amor lo puede todo, saldremos adelante.
El tórrido amorío sólo duró 3 noches. Zuama estaba embarazada.
“¿Qué rayos te pasa? ¿Por qué me mentiste? ¡Dijiste que estaba bien si lo hacíamos! ¡Dijiste que estaría bien! ¡Dijiste que era un día seguro! ¡Que nada pasaría! ¿Por qué me mentiste?”
“¡Lo siento! Perdóname... ¡Perdóname! ¡No pensé! Es que yo...”
“¡No! ¡No pensaste! ¿Qué vamos a hacer ahora? ¡Dime!... ¡Ah! Todo fue un error, ¡Desde el principio! ¿Por qué? ¿Por qué mentiste?”
“Es que... tenía tanto miedo a que te fueras si no lo hacíamos”
La relación terminó. Aoramid abandonó a Zuama y esta rogó a sus padres que la dejaran volver. Su padre jamás la perdonó. Su madre ayudó a Zuama a criar al niño. Lloraba la desdicha de su hija todas las noches y esto fue demasiado para ella. Dos meses después, sus negros cabellos se volvieron blancos, y apenas el crío cumplió 5 años, ella murió. Zuama tuvo que irse de su casa pues su padre no la dejó vivir ahí más tiempo.
En tierras de Alá una madre soltera no era bien vista. Tenía forzosamente que cruzar la frontera de fe y convertirse a la llamada “religión perversa”. En realidad nunca lo hizo, pero fingió (como casi todo converso) que había dejado su vieja fe.
En tierra de Dios, el Dios representado por el Obispo de Remaccia, claro está, no fue muy bien recibida. Su color de piel la discriminaba y la gente la limitó a vivir en los círculos de miseria morisca existentes en todas las ciudades de Dios. Dios quería más a los blancos.
Su única salida, como de toda mujer emigrante te tierras de Alá era la prostitución. Su exótico color de piel e inusual belleza la convirtió en una “dama de noche” muy popular entre los clientes y la metió en muchos problemas con las mafias que controlaban el negocio del “placer”.
Cuando su hijo cumplió 10 años, avergonzado de que su madre vendiera su cuerpo a hombres sin honor, huyó de casa para regresar a tierra de Alá. Zuama lloró. Pero el niño no hubo llegado lejos cuando fue capturado por unos comerciantes de esclavos y murió 2 años después de cólera.
A los 28 años tuvo un corto romance que le dio un trabajo en un popular antro nocturno, “La Luz Celeste”. La relación terminó, pero su trabajo lo mantuvo.
“En nombre de Alá, mátame”
El hombre se había vuelto loco y había matado a la mitad de las personas ahí dentro. Zuama por el susto no pudo hablar más que la lengua de Alá, sin embargo todavía podía entender la lengua de Dios.
“Esta es la verdadera justicia”
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Flama Victoriosa
martes, septiembre 05, 2006
Flama Victoriosa - IV - Luz Celeste
Anochecía. El cielo se cambiaba de ámbar a purpúreo. Los faroles de la ciudad ya dejaban ver su romántico resplandor amarillo. La brisa soplaba refrescante entre tu cabello y ropa mientras avanzabas por el rústico empedrado, contrarrestando el caluroso ambiente que se sentía hacía algunas horas. Las joviales risas y murmullos de la gente te hacía disfrutar la caminata aún más. Todos los establecimientos (o casi todos), como era costumbre en el verano, tenían sillas y mesas en el exterior para que las parejas disfrutaran del suspiro del anochecer, para que pudiesen contemplar las estrellas. Era un lugar absolutamente precioso.
Conforme avanzabas, más olvidabas las palabras de Boltarión. ¿Cómo se llamaba el lugar aquel?. Un viejo anciano se te acercó a pedirte limosna, pero lo ignoraste, con tu hombro le empujaste y seguiste caminando. La Flama Victoriosa no habría ignorado el suplicio de esa ánima desafortunada. La Flama Victoriosa habría dado suficiente al pordiosero para que comiese bien esa noche (¡mínimo!). ¿Por qué ya no Seramís? ¿Acaso la Flama y tú no eran la misma persona? Tú, cuando te ordenaste, prometiste siempre cuidar del necesitado y vivir bajo los principios de honor y justicia inquebrantable que tu maestro Eorimante te inculcó desde pequeño. Quizá no lo ayudaste porque no tienes dinero. Eso es cierto, desde que dejaste la caballería, apenas tienes para comer. Quizá sea eso. Pero no lo creo, ¿tú qué opinas?. Así es. Estás amargado. No con Cirabriela. No porque el amor de tu vida resultó ser una ilusión. No porque el discípulo que criaste como tu propio hijo y en quien depositaste todo tu cariño, tiempo y toda tu fe había sido muerto por tu propia espada. No era eso. No porque Boltarión te convenció para que tomaras la última de las misiones. No. Estás amargado con el mundo. Aquel mundo por el cual luchaste tan fieramente. Aquel mundo que amaste con lo más profundo de tu ser, tanto así que estuviste a punto de perder la vida en un incontable número de ocasiones sólo por salvar al más insignificante e ingrato de sus habitantes. Eso es. Ingratos. Estás amargado porque son ingratos. Porque todos festejaban tus hazañas cuando victorioso, pero nadie recuerda tu nombre cuando perdedor. Estás amargado porque nadie te extendió la mano cuando eras tú el que se encontraba en necesidad y ellos eran quienes tenían la espada triunfante que podía acabar con tu sufrimiento. Estás amargado porque dejaron que la Flama Victoriosa se apagara. Estúpidos. Tú fuiste capaz de compartir el llanto con más de una moza, de servir de apoyo a más de un hombre, de ser escudo de más de un noble y de iluminar el camino de más de un pueblo. Hoy en día son contados con una mano los que recuerdan al gran Seramís de Zórvila. Los cuentos del Seramís son contados por grandes y chicos ignorando que el héroe de leyendas sigue con vida. Eras una llama inextinguible y esos ingratos te convirtieron en sombra imperceptible. No se merecen tu espada. No merecen que levantes el puño por ellos... Es por eso que no lo haces por los ingratos. Ni por Boltarión, o por Leonidio... no por la falsa Aurisiana que aún flagela tu corazón después de tanto tiempo. Lo haces por Seramís. Lo haces por la épica figura que alguna vez fuiste. En honor a la Flama Victoriosa, va este último trabajo.
Terminaste de recorrer la zona donde se encontraban las fondas y las tabernas y llegaste a la parte oscura de la ciudad: La zona de los prostíbulos. En los portales pululaban tanto borrachos desfallecidos como una que otra ramera en plena seducción. Toda la calle apestaba, los faroles estaban a media luz y hombres gritaban para convencerte de que dentro de su establecimiento, se encontraba la mejor gonorrea de todo el pueblo. Te asqueaste. “!LA LUZ CELESTE TIENE LAS MEJORES CHICAS DEL PUEBLO!”. ¿Luz Celeste? ¿Era ese el nombre que dijo Boltarión?. “¿BUSCAS DIVERSIÓN? SÓLO LA LUZ CELESTE TIENE CHICAS DE ALTA CALIDAD, SÓLO EN LA LUZ CELESTE PODRÁS VERDADERAMENTE SACIAR TU LIBIDO”. ¿Era ese? Era algo “Celeste”... ¿Recuerdas?.
Entraste en la Luz Celeste. El olor a sexo y tabaco inundaba todo el establecimiento. Delante, una pianola tocaba desafinada una molesta melodía, al ritmo de la cual las chicas en el escenario se desnudaban. En la barra llena de sucios criminales y mal vivientes, se encontraba el resto de las chicas que con sucias palabras intentaban ganarse ese maravedí extra. No te hacía ninguna gracia el lugar. Te sentaste en la barra. El cantinero te preguntó si querías beber algo pero tú no respondiste. Estabas concentrado. “¿A qué hora se presenta Zuama? Preguntaste- Debe ser la siguiente buen hombre, contestó el tabernero, ¿Vino a ver el espectáculo de Zuama la Persa, no? Casi todos aquí viene por ese motivo- Sólo he oído rumores, dijiste al cantinero, pero muero por averiguar si son ciertos.- Ten por seguro que lo son, contestó”.
La pianola se calló. Tú dirigiste tu atención hacia el escenario. Una mujer morisca se encontraba parada con ambos brazos detrás de la cintura. Esperabas el momento. Una música arabesca comenzó a escucharse. La mujer movía hipnóticamente la cabeza de un lado al otro. Sus caderas comenzaron a moverse delicadamente de arriba hacia abajo, intercalando lados... bamboleándose de atrás hacia delante. Pasando un pie al frente, comenzó a mover el vientre como serpiente, asegurándose que sus caderas se notasen. Sus manos lentamente comenzaron a recorrer cara parte de su bronceada piel, teniendo especial cuidado de seguir meneando la cadera en aquel lascivo ritmo. Sus hombros hacían juego ahora con sus caderas. Tú seguías esperando. La danza se volvía cada vez más sugerente. Haciendo a sus manos atravesar delicadamente su vientre, llegó a su abultado pecho y lo dejó al descubierto. Te levantaste. Pocos supieron qué pasó a continuación. De unas cuantas zancadas atravesaste el lugar hasta llegar a la pianola y con un fugaz movimiento, decapitaste al hombre que la tocaba. Giraste con el impulso para enfrentar al alarmado público. Los pocos que no huyeron en pánico intentaron aniquilarte. Pero fallaron. Después de que mataras al último de tus agresores te dirigiste por tu objetivo. La mujer se encontraba en una esquina temblando, intentando cubrir su desnudez. ¿Qué decía?. No le entendiste ¿Cierto?. ¿Qué le dijiste tú?. La tomaste de la muñeca y la sacaste. El cantinero que se encontraba agazapado detrás del mostrador asomó la cabeza. Lo mataste mientras salías. Al salir te quitaste la pañoleta que cubría la mitad de tu rostro. No es como si hubiese sido necesario traerla... Bien sabías que nadie te recordaba. ¿Habrá sido tu ego el que insistió en cubrir tu rostro?.
Ambos tú y la muchacha desaparecieron en la oscuridad de la noche.
Conforme avanzabas, más olvidabas las palabras de Boltarión. ¿Cómo se llamaba el lugar aquel?. Un viejo anciano se te acercó a pedirte limosna, pero lo ignoraste, con tu hombro le empujaste y seguiste caminando. La Flama Victoriosa no habría ignorado el suplicio de esa ánima desafortunada. La Flama Victoriosa habría dado suficiente al pordiosero para que comiese bien esa noche (¡mínimo!). ¿Por qué ya no Seramís? ¿Acaso la Flama y tú no eran la misma persona? Tú, cuando te ordenaste, prometiste siempre cuidar del necesitado y vivir bajo los principios de honor y justicia inquebrantable que tu maestro Eorimante te inculcó desde pequeño. Quizá no lo ayudaste porque no tienes dinero. Eso es cierto, desde que dejaste la caballería, apenas tienes para comer. Quizá sea eso. Pero no lo creo, ¿tú qué opinas?. Así es. Estás amargado. No con Cirabriela. No porque el amor de tu vida resultó ser una ilusión. No porque el discípulo que criaste como tu propio hijo y en quien depositaste todo tu cariño, tiempo y toda tu fe había sido muerto por tu propia espada. No era eso. No porque Boltarión te convenció para que tomaras la última de las misiones. No. Estás amargado con el mundo. Aquel mundo por el cual luchaste tan fieramente. Aquel mundo que amaste con lo más profundo de tu ser, tanto así que estuviste a punto de perder la vida en un incontable número de ocasiones sólo por salvar al más insignificante e ingrato de sus habitantes. Eso es. Ingratos. Estás amargado porque son ingratos. Porque todos festejaban tus hazañas cuando victorioso, pero nadie recuerda tu nombre cuando perdedor. Estás amargado porque nadie te extendió la mano cuando eras tú el que se encontraba en necesidad y ellos eran quienes tenían la espada triunfante que podía acabar con tu sufrimiento. Estás amargado porque dejaron que la Flama Victoriosa se apagara. Estúpidos. Tú fuiste capaz de compartir el llanto con más de una moza, de servir de apoyo a más de un hombre, de ser escudo de más de un noble y de iluminar el camino de más de un pueblo. Hoy en día son contados con una mano los que recuerdan al gran Seramís de Zórvila. Los cuentos del Seramís son contados por grandes y chicos ignorando que el héroe de leyendas sigue con vida. Eras una llama inextinguible y esos ingratos te convirtieron en sombra imperceptible. No se merecen tu espada. No merecen que levantes el puño por ellos... Es por eso que no lo haces por los ingratos. Ni por Boltarión, o por Leonidio... no por la falsa Aurisiana que aún flagela tu corazón después de tanto tiempo. Lo haces por Seramís. Lo haces por la épica figura que alguna vez fuiste. En honor a la Flama Victoriosa, va este último trabajo.
Terminaste de recorrer la zona donde se encontraban las fondas y las tabernas y llegaste a la parte oscura de la ciudad: La zona de los prostíbulos. En los portales pululaban tanto borrachos desfallecidos como una que otra ramera en plena seducción. Toda la calle apestaba, los faroles estaban a media luz y hombres gritaban para convencerte de que dentro de su establecimiento, se encontraba la mejor gonorrea de todo el pueblo. Te asqueaste. “!LA LUZ CELESTE TIENE LAS MEJORES CHICAS DEL PUEBLO!”. ¿Luz Celeste? ¿Era ese el nombre que dijo Boltarión?. “¿BUSCAS DIVERSIÓN? SÓLO LA LUZ CELESTE TIENE CHICAS DE ALTA CALIDAD, SÓLO EN LA LUZ CELESTE PODRÁS VERDADERAMENTE SACIAR TU LIBIDO”. ¿Era ese? Era algo “Celeste”... ¿Recuerdas?.
Entraste en la Luz Celeste. El olor a sexo y tabaco inundaba todo el establecimiento. Delante, una pianola tocaba desafinada una molesta melodía, al ritmo de la cual las chicas en el escenario se desnudaban. En la barra llena de sucios criminales y mal vivientes, se encontraba el resto de las chicas que con sucias palabras intentaban ganarse ese maravedí extra. No te hacía ninguna gracia el lugar. Te sentaste en la barra. El cantinero te preguntó si querías beber algo pero tú no respondiste. Estabas concentrado. “¿A qué hora se presenta Zuama? Preguntaste- Debe ser la siguiente buen hombre, contestó el tabernero, ¿Vino a ver el espectáculo de Zuama la Persa, no? Casi todos aquí viene por ese motivo- Sólo he oído rumores, dijiste al cantinero, pero muero por averiguar si son ciertos.- Ten por seguro que lo son, contestó”.
La pianola se calló. Tú dirigiste tu atención hacia el escenario. Una mujer morisca se encontraba parada con ambos brazos detrás de la cintura. Esperabas el momento. Una música arabesca comenzó a escucharse. La mujer movía hipnóticamente la cabeza de un lado al otro. Sus caderas comenzaron a moverse delicadamente de arriba hacia abajo, intercalando lados... bamboleándose de atrás hacia delante. Pasando un pie al frente, comenzó a mover el vientre como serpiente, asegurándose que sus caderas se notasen. Sus manos lentamente comenzaron a recorrer cara parte de su bronceada piel, teniendo especial cuidado de seguir meneando la cadera en aquel lascivo ritmo. Sus hombros hacían juego ahora con sus caderas. Tú seguías esperando. La danza se volvía cada vez más sugerente. Haciendo a sus manos atravesar delicadamente su vientre, llegó a su abultado pecho y lo dejó al descubierto. Te levantaste. Pocos supieron qué pasó a continuación. De unas cuantas zancadas atravesaste el lugar hasta llegar a la pianola y con un fugaz movimiento, decapitaste al hombre que la tocaba. Giraste con el impulso para enfrentar al alarmado público. Los pocos que no huyeron en pánico intentaron aniquilarte. Pero fallaron. Después de que mataras al último de tus agresores te dirigiste por tu objetivo. La mujer se encontraba en una esquina temblando, intentando cubrir su desnudez. ¿Qué decía?. No le entendiste ¿Cierto?. ¿Qué le dijiste tú?. La tomaste de la muñeca y la sacaste. El cantinero que se encontraba agazapado detrás del mostrador asomó la cabeza. Lo mataste mientras salías. Al salir te quitaste la pañoleta que cubría la mitad de tu rostro. No es como si hubiese sido necesario traerla... Bien sabías que nadie te recordaba. ¿Habrá sido tu ego el que insistió en cubrir tu rostro?.
Ambos tú y la muchacha desaparecieron en la oscuridad de la noche.
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Flama Victoriosa
domingo, agosto 13, 2006
Flama Victoriosa - III - Aurisiana
Estoy muy enojada. Hoy ordenan caballero a mi querido Boltarión, y por culpa de esta enfermedad no voy a poder ir. Odio las ceremonias, pero es un momento importante para mi hermanito... estoy tan orgullosa de él. Yo sé que no somos de misma madre, pero lo quiero como si fuésemos hermanos en su totalidad. Lo conocí cuando apenas tenía un año de edad, yo soy 3 años más grande, pero desde entonces lo he visto convertirse en todo un hombre de justicia. Cuando pequeños siempre solíamos jugar a ese juego... en ese en el que yo era la princesa y él el caballero que me rescataba... ¡cómo nos divertíamos!. Lo quiero tanto, no quiero perderme este evento tan importante para él. No, no lo haré. No puedo, iré aunque esté enferma... tengo que ir. Moza, por favor avisa a mi padre que voy a acudir a la ceremonia. No, no me importa estar enferma, tú ve y dile eso. Listo, ahora, ¿qué me voy a poner?, ¿dónde iba a ser la ceremonia? No, creo que no me dijeron. Ojalá sea donde mis padres se casaron... los Jardines de Larián, se llamaba, me parece. ¡Era precioso! Recuerdo que los caminos eran de mármol de Sarián, el ambiente estaba lleno del aroma de las cientos de miles de flores... Había una jardinera preciosa... ¿qué flores eran esas? No me acuerdo, ¿eran tulipanes?... no, esos no sobreviven en este clima... ¿qué sería?... ¡Ah! Y la terraza era preciosa también... tenía como un techo... pero no me acuerdo... ¿Era blanco?. ¡No! Dígale a mi padre que pienso ir... ¡Sí! No me importa la enfermedad... No, no puede prohibírmelo. Sí, me estoy tomando mi medicina... No, la de Cirabriela de Toletán... sí. Demonios, dígale que venga... Carajo, mi padre suele ser tan necio, siempre es lo mismo. ¿En qué le incomoda que yo vaya?, el doctor dijo que estoy fuera de peligro. Digo, me duele un poco el pecho, pero ya no es tan insoportable como antes... sólo quiero ir a la ceremonia, no a la fiesta... No me voy a arriesgar tampoco. Aunque dicen que el apuesto caballero de la Flama Victoriosa estará en la ceremonia y en la fiesta. Jamás lo he visto, pero me dijo Cirabriela, que es su madrastra, que es muy bien parecido. Jamás se fijaría en mi, siendo yo tan enfermiza y débil... pero no deja de ser una maravillosa oportunidad de ver al legendario caballero... ¡Ah! Y quizá mi hermano me lo pueda presentar... ¡Imagínate si pudiera yo hablar con él! Ay no, qué pena... yo en tan mal estado... pero ¿te imaginas? ¿Que hable con el gran Seramís? ¿Y qué tal que se enamore de mi? ¡No! No podría... ¿Pero y si sí? Y nos enamoramos... y luego nos casamos... Aurisiana y Seramís... suena bonito. Y así... y así... ¡Ahhh! ¡Y así quizá podría serle de más ayuda a Boltarión! Pues Seramís y Boltaríon serían familia... y entonces... Ah... ¡Quiero ir a la ceremonia!. Padre, ahora sí... no, no me he tomado la medicina del doctor del Este, Cirabriela dijo que era un hechicero malvado... Sí, claro que confío en ella, es familiar de Seramís de Zórvila a fin de cuentas, ¿Tú no confías en ella?. No papá... no... Sí, estoy segura de que quiero ir... Nada más a la ceremonia. Porque es un momento muy importante para mi hermano. Te prometo que regreso después de la ceremonia. Sí. Gracias papá. ¡Perfecto! ¡Qué alegría! Voy a poder ir a ver a mi hermanito en el momento más importante de su vida... y quizá conozca al Seramís de Zórvila. Bien, ¿Qué me pongo?. ¡Mozas! Me voy a vestir, ayúdenme por favor... Cierto, mi medicina. Cirabriela es una mujer tan buena, ¡y muy talentosa! Su medicina me ha quitado los malestares de manera increíble... ¡Mozas! ¿Dónde están?. ¡Ah! Señora Cirabriela de Toletán... ¿Qué hace usted aquí?. Pero la medicina que tengo funciona, ¿para qué necesito esa?. ¿Cómo se enteró de que iba a salir?... Ah... ¡Ah! De acuerdo, ya entendí, entonces... ¿Esa nueva medicina es de prevención por si quiero salir? Para que la gente no se contagie, ¿no?. Ah, perfecto, también eso. Sí, no quiero empeorar. ¿Ya se va?. ¿Usted también va a la ceremonia de mi hermano?. Qué bueno. Dicen que irá su hijo, Seramís. Sí, me había dicho que era muy apuesto. ¿De verdad? ¿Haría eso por mi? ¡Gracias!. No, no creo que se enamore de mi... Jé, gracias, pero no soy tan bonita... soy débil y enfermiza. ¿Usted cree?. Pues sí... sí me gustaría. ¿De verdad?. Muchísimas gracias. Nos vemos en unas horas. No es posible que sea cierto. Pero ¿sí será posible?, ¡Ay! ¡Necesito a esas mozas! Voy a lucir espectacular aunque enferma. Es muy buena Cirabriela por traerme esta nueva medicina. Voy a tomármela de una buena vez. ¡Caray! Olvidé preguntar si con este nuevo medicamento iba a poder ir a la fiesta... Sabe horrible... Ay... me siento mal, tengo nauseas, necesito ir al baño. No veo... muchas lágrimas en los ojos, necesito limpiarme. ¡Ouch! ¿Qué hacía esa cosa ahí?. ¿¿Alguien me escucha??. Necesito ayuda, no me puedo levantar... ¡No me puedo mover!... no... mi cabeza... se adormece. Tengo miedo, ¿Me voy a morir? No me quiero morir. No me quiero morir. No me quiero morir. Boltarión, no puedo hacerle esto a Boltarión. No me quiero morir. Necesito ayuda. Boltarión... discúlpame. ¿Por qué ahorita?... Cirabriela... ¡Esa bruja!... ¿Será?... Pero.... no creo, ¿o sí?. ¿La medicina de Cirabriela? ¿Me mató su medicina?... no... no puedo morir. Debo abrir los ojos... No puedo morir hoy. ¿Por qué?.
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Flama Victoriosa
sábado, julio 29, 2006
Flama Victoriosa - II - Leonidio
Otra aventura había sido completada satisfactoriamente. Leonidio y Seramís esperaban sentados en el suelo el llamado al abordaje de la Galera Real. Boltarión y Amargel, mientras tanto, se encontraban a la orilla del Puerto, fumando, charlando y disfrutando del ambarino atardecer. No había mucho movimiento ese día. El empedrado estaba casi vacío, sólo había unos cuantos cargadores, transportando mercancía de un navío al otro. Seramís estaba realmente feliz de haber completado la misión sin que surgiese ningún problema. Giró un poco la cabeza y miró a Leonidio que estaba casi dormido. Era increíble que aquel muchacho que desde pequeño le había sido encomendado, hubiese resultado tan gallardo y valiente caballero. En la época en la que la leyenda de Seramís apenas comenzaba, un niño de poco más de 5 años le había sido entregado por su agonizante madre, con la humilde petición de que lo formase caballero andante, que se le instruyeran valores de moral y justicia universal, y que le fuese otorgado el poder de una espada que protege desinteresadamente al necesitado. Fue duro al principio, sin embargo, había resultado todo un éxito. Leonidio era como su hijo, y para este, Seramís era como su padre.
“En seguida vuelvo” Dijo Amargel a Boltarión mientras se dirigía hacia Seramís.
“¿Listo para volver, Flama Victoriosa?” Preguntó Amargel a Seramís.
“Más que nunca” respondió satisfecho, “Qué me dices tú?”. “No del todo, Seramís, aún tengo algunas cosas que hacer” dijo Amargel sosteniendo en su mano una carta. Seramís la vió con desinterés. “¿Qué es eso?” dijo mientras la tomaba para echar un vistazo más de cerca. Era una carta de Aurisiana, la prometida de Seramís, media hermana de Boltarión. “¡¿Qué demonios es esto?!” Gritó Seramís al leerla. Pero apenas levantó la mirada, Amargel arremetió con un poderoso golpe de su espada. Seramís rodó a un lado, pateando al adormecido Leonidio fuera del peligro. Leonidio despertó confundido. Seramís se puso de pie e hizo frente a Amargel. Pero no hubo terminado de desenvainar su espada cuando una lluvia de flechas incendiarias atravesó el cuerpo Amargel. Boltarión guardó su arco. Creyeron que habían derrotado a Amargel, pero este se levantó inmediatamente después de tocar el suelo. Mirando con furia a su agresor, arremetió contra él. Boltarión dio un paso atrás y tomó el primero de sus 3 floretes. Amargel tomo con ambas manos su espada. Boltarión se quedó quieto. Ambos precipitaron sus espadas. Boltarión en un parpadeo desenvainó. Ambos metales chocaron, pero la velocidad superior de Boltarión provocó tal rebote al sable de Amargel que le hizo retroceder varios pasos y perder el equilibrio. Mientras tanto, Leonidio, sospechando que magia mantenía con vida a Amargel, había ya descifrado el nombre del maligno hechizo. Era el hechizo de rencor "Aniquila". No iba a morir hasta haber puesto fin a la vida de su víctima. Seramís atacó con una serie de sablazos que ágilmente fueron evadidos por su antes compañero de batallas, que aprovechaba el desequilibrio que los ataques causaron a Seramís, para hacer una profunda herida en su pierna derecha. Seramís gritó de dolor. De su herida brotaron chispas que después se transformaron en una flama que inmediatamente cerró la lesión. Seramís, ahora sandado, se abalanzó ferozmente sobre Amargel y le embistió, dando con él en el suelo. Amargel intentó levantarse, pero Seramís le empaló en con su espada. Leonidio rápidamente colocó la punta de su espada en la cabeza de Amargel y profirió un contra-conjuro. Al fin, sangre comenzó a salir por todas las heridas de Amargel y lentamente murió.
Boltaríon y Seramís se quedaron perplejos mirando el cadáver de su compañero. “¿Qué fue lo que pasó?, preguntó Boltarión. Iba Seramís a responderle cuando Leonidio notó la carta que Amargel había entregado a Seramís, y que ahora era llevada por el aire. Le atrapó. Pero de la firma de Aurisiana salieron arañas que pronto invadieron el brazo de Leonidio. En pánico comenzó a agitar el brazo. Boltarión y Seramís se alertaron y corrieron en su ayuda. Pero ahora, donde estaba la carta, se encontraba Aurisiana. Seramís se detuvo. “¿¿Qué demonios sucede aquí??” gritó Boltarión, “Aurisiana, ¿Qué significa todo esto?”. Leonidio se había ya deshecho de los bichos y estaba en el suelo, cerca de la orilla del muelle. Aurisiana levantó la mirada y se dirigió con una dulce voz a Seramís, “Amor mío... ¿Qué sucede? ¿No estás feliz de verme?”. Seramís estaba demasiado confundido para contestarle. “Acabaron ya con el Dragón de Peña Negra... no me son de más utilidad” Dijo Aurisiana al ver que su amado no le contestaba. Tras esto, su rostro comenzó a deformarse lenta y sutilmente creando la imagen de una nueva persona. “Cirabriela...” Dijo Seramís, casi susurrando. “La boda se cancela, amor mío” dijo Cirabriela con una pícara sonrisa en el rostro. “¿La conoces, Seramís?” Preguntó Boltarión. “Sí” Respondió después de unos instantes, “... Es mi madrastra”. “¿Tu madrastra?...” Preguntó confundido Boltarión. “Ella es... ¡Cirabriela de Toletán!” dijo finalmente Leonidio, “¿¿Qué le has hecho a Aurisiana??”, gritó el joven caballero. Cirabriela le miró con desprecio. “Está muerta desde hace años”, dijo finalmente. Seramís sintió un enorme dolor en el pecho. “¿Duele, gran caballero de la Flama Victoriosa?”, dijo riendo la mujer. A Seramís le faltaba el aire... su cabeza daba vueltas. Tras unos segundos, perdió el equilibrio y se arrodilló. “¡Mientes!” Gritó Boltarión, “¡Mi media hermana está viva, la vimos antes de comenzar esta empresa, esto es sólo uno de tus hechizos!”. Cirabriela soltó una enorme carcajada, “Tu hermana murió enferma el mismo día que te ordenaste caballero” dijo, “Desde entonces he sido yo quien tomó su lugar”. “Mentira...” susurró Boltarión. Seramís ya había pasado de la perplejidad a la furia. Leonidio tomó su espada y comenzó a acercarse lentamente a la engañosa mujer. No comprendía muy bien qué sucedía... pero estaba seguro que debía ser eliminada. Tomando una de sus hombreras la lanzó cuidadosamente a un costado de Cirabriela con el propósito de distraerle. Esta volteó inmediatamente por el ruido de la pieza de metal y Leonidio aprovechó para atacar. Seramís hizo lo mismo, sin embargo en el momento en el que este último llegó a su objetivo, Cirabriela había mágicamente cambiado lugares con Leonidio. Ensangrentado, el cuerpo del muchacho se desplomó en el empedrado del muelle.
Seramís lloró.
Cirabriela escapó esa vez, moriría a manos de Seramís años más tarde, antes de que este abandonara la caballería.
“En seguida vuelvo” Dijo Amargel a Boltarión mientras se dirigía hacia Seramís.
“¿Listo para volver, Flama Victoriosa?” Preguntó Amargel a Seramís.
“Más que nunca” respondió satisfecho, “Qué me dices tú?”. “No del todo, Seramís, aún tengo algunas cosas que hacer” dijo Amargel sosteniendo en su mano una carta. Seramís la vió con desinterés. “¿Qué es eso?” dijo mientras la tomaba para echar un vistazo más de cerca. Era una carta de Aurisiana, la prometida de Seramís, media hermana de Boltarión. “¡¿Qué demonios es esto?!” Gritó Seramís al leerla. Pero apenas levantó la mirada, Amargel arremetió con un poderoso golpe de su espada. Seramís rodó a un lado, pateando al adormecido Leonidio fuera del peligro. Leonidio despertó confundido. Seramís se puso de pie e hizo frente a Amargel. Pero no hubo terminado de desenvainar su espada cuando una lluvia de flechas incendiarias atravesó el cuerpo Amargel. Boltarión guardó su arco. Creyeron que habían derrotado a Amargel, pero este se levantó inmediatamente después de tocar el suelo. Mirando con furia a su agresor, arremetió contra él. Boltarión dio un paso atrás y tomó el primero de sus 3 floretes. Amargel tomo con ambas manos su espada. Boltarión se quedó quieto. Ambos precipitaron sus espadas. Boltarión en un parpadeo desenvainó. Ambos metales chocaron, pero la velocidad superior de Boltarión provocó tal rebote al sable de Amargel que le hizo retroceder varios pasos y perder el equilibrio. Mientras tanto, Leonidio, sospechando que magia mantenía con vida a Amargel, había ya descifrado el nombre del maligno hechizo. Era el hechizo de rencor "Aniquila". No iba a morir hasta haber puesto fin a la vida de su víctima. Seramís atacó con una serie de sablazos que ágilmente fueron evadidos por su antes compañero de batallas, que aprovechaba el desequilibrio que los ataques causaron a Seramís, para hacer una profunda herida en su pierna derecha. Seramís gritó de dolor. De su herida brotaron chispas que después se transformaron en una flama que inmediatamente cerró la lesión. Seramís, ahora sandado, se abalanzó ferozmente sobre Amargel y le embistió, dando con él en el suelo. Amargel intentó levantarse, pero Seramís le empaló en con su espada. Leonidio rápidamente colocó la punta de su espada en la cabeza de Amargel y profirió un contra-conjuro. Al fin, sangre comenzó a salir por todas las heridas de Amargel y lentamente murió.
Boltaríon y Seramís se quedaron perplejos mirando el cadáver de su compañero. “¿Qué fue lo que pasó?, preguntó Boltarión. Iba Seramís a responderle cuando Leonidio notó la carta que Amargel había entregado a Seramís, y que ahora era llevada por el aire. Le atrapó. Pero de la firma de Aurisiana salieron arañas que pronto invadieron el brazo de Leonidio. En pánico comenzó a agitar el brazo. Boltarión y Seramís se alertaron y corrieron en su ayuda. Pero ahora, donde estaba la carta, se encontraba Aurisiana. Seramís se detuvo. “¿¿Qué demonios sucede aquí??” gritó Boltarión, “Aurisiana, ¿Qué significa todo esto?”. Leonidio se había ya deshecho de los bichos y estaba en el suelo, cerca de la orilla del muelle. Aurisiana levantó la mirada y se dirigió con una dulce voz a Seramís, “Amor mío... ¿Qué sucede? ¿No estás feliz de verme?”. Seramís estaba demasiado confundido para contestarle. “Acabaron ya con el Dragón de Peña Negra... no me son de más utilidad” Dijo Aurisiana al ver que su amado no le contestaba. Tras esto, su rostro comenzó a deformarse lenta y sutilmente creando la imagen de una nueva persona. “Cirabriela...” Dijo Seramís, casi susurrando. “La boda se cancela, amor mío” dijo Cirabriela con una pícara sonrisa en el rostro. “¿La conoces, Seramís?” Preguntó Boltarión. “Sí” Respondió después de unos instantes, “... Es mi madrastra”. “¿Tu madrastra?...” Preguntó confundido Boltarión. “Ella es... ¡Cirabriela de Toletán!” dijo finalmente Leonidio, “¿¿Qué le has hecho a Aurisiana??”, gritó el joven caballero. Cirabriela le miró con desprecio. “Está muerta desde hace años”, dijo finalmente. Seramís sintió un enorme dolor en el pecho. “¿Duele, gran caballero de la Flama Victoriosa?”, dijo riendo la mujer. A Seramís le faltaba el aire... su cabeza daba vueltas. Tras unos segundos, perdió el equilibrio y se arrodilló. “¡Mientes!” Gritó Boltarión, “¡Mi media hermana está viva, la vimos antes de comenzar esta empresa, esto es sólo uno de tus hechizos!”. Cirabriela soltó una enorme carcajada, “Tu hermana murió enferma el mismo día que te ordenaste caballero” dijo, “Desde entonces he sido yo quien tomó su lugar”. “Mentira...” susurró Boltarión. Seramís ya había pasado de la perplejidad a la furia. Leonidio tomó su espada y comenzó a acercarse lentamente a la engañosa mujer. No comprendía muy bien qué sucedía... pero estaba seguro que debía ser eliminada. Tomando una de sus hombreras la lanzó cuidadosamente a un costado de Cirabriela con el propósito de distraerle. Esta volteó inmediatamente por el ruido de la pieza de metal y Leonidio aprovechó para atacar. Seramís hizo lo mismo, sin embargo en el momento en el que este último llegó a su objetivo, Cirabriela había mágicamente cambiado lugares con Leonidio. Ensangrentado, el cuerpo del muchacho se desplomó en el empedrado del muelle.
Seramís lloró.
Cirabriela escapó esa vez, moriría a manos de Seramís años más tarde, antes de que este abandonara la caballería.
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